Relatos de Terror, Cuentos de Miedo, Leyendas Urbanas

Dementia

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Querido Baksir

Cuando leas esto, será porque faltan menos de tres días para que me reuna contigo en la villa.
Ya sabes que cuando era crío me fui pensando en vivir mil y una aventuras y enriquecerme.
Al final, la educación impartida por aquel misionero de tierras lejanas solo me sirvió para ser el más listo de una banda de ladrones y saqueadores del bosque. Todo iba bien, hasta aquel día…
Un encapuchado recorría nuestro dominio, no sabría decirte por qué, pero algo en su porte, la sensación
de seguridad que transmitía, nos hizo sospechar que era un noble. No se veía escolta por ninguna parte, pero nos dió igual y no sospechamos. Lo rodeamos saliendo de la maleza en un instante. Se quedó parado, y bajo la capucha no podíamos ver su rostro. “Dame el dinero” dije yo “O la vida si así lo prefieres” y su escueta respuesta hizo que casi lloraramos de la risa. “No estoy de humor” se limitó a decir. Y entre carcajadas, Jokull dió un paso hacia él mientras decía “Yo tampoco estoy de humor, asi que mejor que te ca…” Y nunca llegó a pronunciar el final de la frase. Jokull cayó al suelo envuelto en llamas y gritando de dolor mientras el encapuchado mostraba su rostro. Oh dios, esa mirada, impasible mientras Jokull se consumía y carbonizaba a sus pies. Mirar sus ojos era como asomarse al abismo, una invitación al suicidio y la locura. Y su sonrisa era de infinito placer.
Las carcajadas se congelaron en nuestras gargantas y nuestros ojos se abrieron como fosas. “Ya vienen…” Dijo aquel desconocido, carcajeando repentinamente como un demente enfervorecido.

Y te juro por nuestro Padre que empezaron a sonar rabiosos aullidos de lobos. Llevaba allí más de un año. y
en todo ese tiempo no habíamos visto apenas algún jabalí. Y corrí. Corrí llorando y aterrado como cuando era pequeño, con los aullidos de esos lobos sedientos de mi sangre escuchándose cada vez más cerca.
Por cuatro veces miré hacia atrás, y ni a uno solo de los lobos ví. Y eso me aterraba infinitamente más que haber visto sus fauces. A medida que me acercaba a la guarida, los aullidos fueron haciéndose más débiles, hasta que ya en la entrada no se escuchaba nada. Esperé a los demás, atento a cada movimiento de cada hoja de cada árbol. Había sido el primero en llegar. El resto fue apareciendo poco a poco, con la misma cara demacrada que yo. Y cuando nos miramos, y nos dijimos lo que habíamos oido, el pánico se acentuó en nuestras caras.
Porque yó había oido aullidos hermano, pero un compañero había escuchado nítidamente a una sierpe dragón, y otro
a un Thoctar. Entramos en la guarida, aterrorizados, y el grito que soltamos se debió de oír por lo menos en diez o doce kilómetros a la redonda.

Allí, de pie, Jokull, nos miraba con mala cara, mientras preguntaba que tal
la salida y que a qué venían esas caras. Nuestros gritos le espantaron tanto que el también se unió a la macabra canción que estabamos profiriendo. Y entonces, de manera inexorable, una certeza se abrió paso en nuestras mentes… Jokull estaba
enfermo, y hoy no había salido con nosotros. Pero, entonces… ¿Por qué diablos no lo habíamos recordado hasta verle frente a nosotros? Y lo más asombroso, ¿Por qué le habíamos visto
todos y cada uno de nosotros arder ante ese desconocido? Desde entonces hemos estado muy paranoicos, apenas un movimiento bastaba para que alguien chillara, o para que un golpe fuera soltado. Krieg recibió un puñetazo en plena nariz simplemente por pasar cerca de Grum cuando éste dormía en la guarida. Hemos quedado muy trastornados, hasta el punto de tener pesadillas con él… con eso. En mis sueños, me acecha, me busca y cuando me atrapa me apresa con manos que no son manos, ni garras, sino tentáculos de humo negro y fuego…

Y el otro día fue la gota que colmó el vaso. Le ví. A ese maldito encapuchado.
Fue apenas un segundo, a mi izquierda, con sus extremidades a punto de agarrarme, y cuando me giré ya no estaba.
Pensé en mis nervios destrozados, hasta que los demás asegurarón haberle visto también, en distintos puntos del bosque, ese mismo día. No puedo seguir así. No puedo aguantar más en este bosque infernal. Creo que hemos despertado algo oscuro y terrible, y solo espero que la distancia me libre de su maldición. Si no es así, si nunca vuelvo a casa, ojalá que sí lo haga esta carta. Reza por mi alma hermano, porque si eso me coge, no se donde acabará…

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