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Dragon Ball Z – La espada de hielo

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Era una agradable tarde de verano. Sobre la viva hierba, en medio de refrescantes castaños que adornaban el paisaje estaba tendido el mantel a cuadros, y Gokú y sus amigos disfrutaban de una tarde de picnic, entre risas y regocijo.

Milk decía con una sonrisa, mientras ordenaba los alimentos:

—Qué bien que nos hayamos decidido a venir en familia, hace ya un buen tiempo que venimos tramando esto.

—Y debo admitir que tu mano es muy buena, Milk —agregaba Krillin, atragantándose con unos bocados.

—No hay como la mano de Milk —agregó el maestro Roshi.

—Sí, está bastante delicioso —admitió Gokú.

—Es verdad, mamá —añadió Gohan, y de pronto su padre se desataba a comer desmedidamente. Bulma lo reprendía diciéndole:

— ¡Gokú, compórtate! —Pero entonces todos se reían y Milk lo dejaba echarse cuanto quisiera a la boca.

Estaban riéndose como de costumbre, dándole rienda suelta a sus risas. Disfrutaban en grupo. Todos compartían. Sólo Bulma se lamentaba luego, cuando recordaba y explicaba que Yamcha y Ten Shin Han acompañado de Chaoz no habían podido venir, pues habían insistido tenazmente en quedarse entrenando. Yamcha, en cambio, había afirmado tener una cita con una chica.

Más tarde llegó Vegeta. Tenía su traje azul de entrenamiento puesto, y venía con rabioso rostro. Al verlos en el picnic, dijo:

— ¡Qué hacen, insectos! ¿Están disfrutando de una comida? ¡Vaya manera de desperdiciar el tiempo!

—Vegeta, siéntate a comer —lo reprendió Bulma. Vegeta bajó la mirada, humillado y resignándose, y caminó hacia el picnic.

Allí su esposa le entregó alimentos, y se sorprendió al ver a Gokú atragantándose con varias piernas de pollo a la vez. En un rato más todos continuaban de lo normal; reían y bebían, el maestro Roshi brindaba con su copa y abrazaba a Krillin, y el júbilo era general, menos de Vegeta, claro.

Pero al mismo tiempo que eso transcurría, a la vez transcurría otro instante en un planeta distante a la Tierra. Era un planeta gélido, con brisas heladas que parecían surgir como un aliento del suelo. El clima estaba igual de frío, bajo un cielo blanco que se ocultaba después de una atmósfera algo oscura. Allí, había tres guerreros, muy fornidos, con trajes especiales y que tenían aspecto de alienígenas. Los tres se veían muy rudos, y uno de ellos parecía proteger algo especial a la entrada de una cueva. De pronto, los tres individuos se pusieron a luchar, y cada tanto desviaban su mirada a la cueva con intenciones de entrar.

Entonces uno de ellos se detuvo. Se quedó mirando a uno de sus contrincantes y le dijo:

— ¿Hasta cuánto más vas a resistirte, Vanarak? ¡Vas a entregarme eso que escondes en la cueva a mí, no te dejarás ese poder para ti! ¡No te lo permitiré! —y se arrojó en un ataque a su adversario, pero éste lo esquivó hábilmente, aunque por poco.

Entonces el tercer individuo también se dirigió a él:
— ¡Entonces me la tendrás que dar a mí! ¡Yo quiero poseer ese poder! —afirmó, y se lanzó en otro ataque también. El primer alienígena, Vanarak, volvió a esquivarlo. Pero surgió el segundo sujeto tras él y los tres volvieron a trenzarse en una pelea. De pronto, Vanarak dejó descuidada la entrada de la cueva y ésta, estremecida por la pelea, pareció como si fuera a derrumbarse.

—Ya ves lo que has hecho —le dijo el segundo individuo severamente.

— ¡Bildock, Mateus, desistan! Este poder es demasiado grande para que lo controlen ustedes. Tendremos que decidir entre los tres quién de nosotros va a quedárselo —expuso Vanarak, pero sus hermanos alienígenas continuaban descontentos y en posición de pelea. Entonces la cueva volvió a estremecerse, y un poco de nieve cayó en la entrada. Vanarak, viendo que seguramente la cueva no podría contenerse más, les dijo a sus hermanos como última alternativa:

—Este poder es demasiado grande para que sigamos luchando por él en este planeta. Tendremos que cambiarnos de planeta. ¡Vamos al planeta Tierra! Allí podemos llevar este secreto poder y seguir decidiendo quién lo obtendrá.

Los otros dos individuos no parecían satisfechos, pero veían que no les quedaba más alternativa. Entonces salieron de la atmósfera de ese planeta, llevando entre el poder de los tres una extraña espada que Vanarak había sacado del interior de la cueva. Y mientras se desplazaban por el espacio retomaban la contienda, pero no podían soltar aquella espada que ahora los tres transportaban con su energía.

Mientras el tiempo transcurría en general se ignoraba el peligro que venía acercándose paulatinamente. Más tarde a la atmósfera de la Tierra fueron ingresando los tres misiles de viento, que eran los alienígenas que venían llegando y surcaban los aires.

En tanto el picnic continuaba. La comilona aún no había finalizado, y los Guerreros Z disfrutaban de los alimentos abundantes. Gohan tenía una pierna de pollo entre manos, y comía muy pausadamente, como siempre, a diferencia de su padre. Milk lo estaba mirando y entonces le dijo:

—Recuerda Gohan, que cuando terminemos acá te toca retomar tus estudios. —Siempre empedernida en el futuro de su hijo y sus estudios. Gohan, con obediencia, pero algo resignado por la eterna tenaz insistencia de su madre, respondió:

—Sí, mamá…

—Vamos Milk, relájate un poco, Gohan tiene toda la tarde para estudiar… ¡Ahora vamos a comer! —comentó Gokú y volvió a colmarse la boca estirada con pescados, huevos, chuletas, piernas de pollo, fideos chinos y tantas más delicias.

Trunks también estaba, y miraba sin decir nada, recatado como siempre, alegre y tímido.

De pronto un mal presentimiento atravesó como una chispa el instinto de todos los guerreros. Vegeta fue el primero en notarlo, quien, estremecido por este presentimiento, lo evidenció en su rostro enseguida. Repentinamente, se mostró furioso (más de lo habitual) y comenzó a sentir un poder extraño que sus compañeros también notaron. Comenzaban a advertir la energía, cuando Vegeta dijo:

—Alguien viene acercándose…

—Es verdad —observó Gokú mientras percibía el Ki de la fuerza extraña—; parece ser un Ki maligno…

—Es el Ki de tres individuos —apreció Trunks.

— ¡Ah! —se impresionó Krillin.

—Vienen hacia acá, papá —notó Gohan. Todos estaban aprestados para el combate. Como luchadores que eran, siempre estaban predispuestos desde antes cuando sabían que un combate podía estar próximo. Las energías se volvieron más intensas, y parecía que irían a estar allí en un segundo.

—Esto no me gusta nada… —comentó el maestro Roshi. Milk, al ver que su marido una vez más iba a ponerse a pelear (porque sus presentimientos sobre la presencia de energías ajenas nunca erraban), se sintió muy enfadada y le dio una reprimenda:

— ¡Nadie va a luchar aquí! ¡No vamos a interrumpir este picnic en familia, vamos a terminar el picnic primero! —dijo, molesta. Gokú nunca le hacía caso pero también nunca protestaba. Gohan, mientras, retomó a la comida familiar, cumpliendo con el deseo de su madre mientras el almuerzo todavía no se veía interrumpido.

— Kakaroto… —gruñó de la nada Vegeta, mirando hacia el lugar donde se aproximaban las presencias, y justo entonces una corriente de aire muy rápido pasó por su rostro, y un puño salido desde dentro le acertó un golpe tremendo, que lo arrojó hacia atrás con una sensación poderosamente trémula. Había sido uno de los golpes más certeros y centrados que le habían dado en su vida. Junto a la impresión del momento, todo su orgullo se había visto también dañado.

Gokú, impresionado, junto a los demás se lanzó a averiguar qué pasaba.

Allí había tres sujetos extraños, con armaduras parecidas a las que había visto Gokú cuando había ido a Namek. Eran alienígenas. Poseían unos Ki medios pero parecía ser que podían incrementarlos. Sus apariencias eran muy diferentes entre ellos y de los habitantes de la tierra. Se notaba que eran peleadores de otro mundo. El primero, Bildock, tenía piel roja y unos labios carnosos. El segundo, Mateus, era azul y un poco más bajo. Finalmente, el tercero de ellos, Vanarak, tenía una piel amarilla. Éste último en su espalda transportaba la gruesa funda de una desconocida espada; de alguna forma habían llegado a un acuerdo antes de aterrizar a la atmósfera de la tierra, porque era él quien ahora la portaba.

Vanarak pasó adelante, observó a los guerreros terrícolas y admitió:

—Hemos llegado hasta este lugar porque hemos detectado aquí la mayor fuerza del planeta Tierra —después se volvió hacia los otros dos alienígenas—; hermanos, aquí podremos medir nuestro poder enfrentándonos contra estos luchadores para comprobar quién puede llevar la espada.

—Me parece bien, al fin y al cabo ya tenía ganas de luchar… —expresó Bildock.

—Así es, vamos a divertirnos con estos terrícolas —dijo a su vez Mateus.

Gokú estaba poniéndose en posición de combate y todos estaban preparados ante los extraterrestres.

—Entonces no vienen de forma pacífica —comentó Trunks.

Milk vino, y se puso a darle una reprimenda a Gokú, diciéndole que ese no era el momento para ponerse a combatir; también le decía a Gohan que estudiara. El maestro Roshi también estaba ahí, observando la situación. Pero de repente, Vegeta que había estado aturdido por el desmedido golpe de Vanarak se recuperó y arremetió en un furioso ataque. Milk, asustada, se quitó de en medio junto al maestro Roshi. En venganza Vegeta le hundió un tremendo golpe en el estómago a Vanarak, causando que expulsara sangre verde por la boca. Entonces sus hermanos se metieron y de una gran patada Bildock lo arrojó lejos.
La pelea ya se había armado. Ahora era indiscutible que ambos bandos se echarían a pelear, pero Gokú se dio cuenta que su esposa estaba ahí y veló por la seguridad de ella, además también para no arruinar la tarde de picnic, expresó a los alienígenas:

—Les daremos combate. Pero este lugar no es el indicado para pelear, transportémonos a otra parte.

—Como quieras —expresó Vanarak con el consentimiento de sus tres hermanos.

Milk gritó: ¡Gokú!, pero nada podía hacer ante la desobediencia de su marido y la de su hijo, que peleaban por salvar la tierra de sus peligros. Impotente, vio cómo elevaban el vuelo para retirarse de allí, quedándose junto a Bulma y al maestro Roshi, que tenía mala espina de esto. Entonces los guerreros se transportaron a otro lugar. Iban ahí Gokú, Trunks, Gohan y Krillin, siguiendo a los extraterrestres.

Vegeta había desaparecido de la vista tras haber sido lanzado por uno de ellos.

Después el lugar cambió y llegaron a una especie de pantano, distante del prado de picnic. Había lianas y sauces llorones y otros árboles por doquier. El lugar era muy espacioso, parecía perfecto para el combate pero la dificultad del terreno irregular podía complicarlos. El suelo era fangoso. Los guerreros sentían cómo se les hundían las botas cuando pisaban sobre él. Los alienígenas se quedaron los tres delante, confiados. Observaban a sus adversarios sonriendo. Gokú entonces se acercó, muy serio y les dijo:

—Ahora dígannos cuál es su propósito. A qué han venido.
Vanarak dio un paso adelante mientras sus dos hermanos se reían jactanciosos. Le dijo, de forma muy despreocupada:

—Hemos venido a medir el poder de ustedes, para ver si nos pueden dar un feroz combate. Luego de haber comprobado nuestra propia fuerza, sabremos quién es el más fuerte de nosotros. Y entonces el victorioso podrá portar esto, que es un poder secreto… —dijo, haciendo alusión a la espada enfundada que llevaba en su espalda.

—No me fío nada de aquella espada —observó Trunks.

—Gokú, ten cuidado —le aconsejó Krillin.

A las palabras de Vanarak, su hermano añadió:

—Sí, los vamos a destruir —dijo Mateus. Bildock asintió, con sus fuertes brazos cruzados sobre su torso.

—Pues me parece bien. ¡Vamos a luchar! —exclamó Gokú, y los Guerreros Z se lanzaron al ataque. Gokú comenzó a lanzar bolas de energía, Krillin se lanzó en una embestida y Trunks arremetió con su espada entre las manos, dirigiéndose a uno de los alienígenas dispuesto a cercenarlo. Iba directamente hacia Mateus. Era el alienígena más gordo y bajo. Éste lo esquivó, y le asestó un tremendo rodillazo en el estómago a Trunks.

Entonces lo lanzó de un gran golpe y Trunks se fue rodando por el untuoso suelo. Su espada saltó y fue a enterrarse en el fango y el musgo de la ciénaga.

— ¡Trunks! —gritó Krillin, y reunió energía y se propulsó hacia adelante con dirección hacia Bildock, y le propinó una poderosa patada llena de desquite a un lado del cuello, produciendo que la bota se le hundiera en él y causándole un gran daño. Mateus, que fue quien había atacado a Trunks vio este ataque contra su hermano y se lanzó a defenderlo. Krillin se envolvió en una pelea con Bildock, intercambiando patadas y golpes. Llegó Mateus, y de pronto Krillin saltó, dio una vuelta hacia atrás en el aire y aterrizó sobre el lodo. Y preparando sus manos comenzó a decir:

— ¡Kame hame!… ¡Ha! —gritó, y lanzó la poderosa onda de energía que fue a darle a Bildock en el rostro, impulsándolo como hacia atrás siendo que su cuerpo se mantenía en pie recibiendo todo el golpe. Parecía rostizarse. Mateus le lanzó una bola de energía dirigida a Krillin, pero éste la saltó. Entonces Gohan fue en ayuda de Krillin, y en un rápido movimiento apareció tras Mateus. El alienígena se dio vuelta y Gohan gritó:

— ¡Masenko! —Y de no haber sido porque Mateus alcanzó a correrse para no recibir de lleno el golpe, habría dejado de existir en ese momento. Impresionados, los dos alienígenas parecían jadeantes, mientras Vanarak estaba trenzado en una pelea con Gokú. Pero pronto comenzaron a sonreír de nuevo, con su confianza restaurada que nunca había desaparecido. Y subieron sus puños hasta la cintura y empezaron a reunir poder.

Gohan, Krillin y Trunks estaban preocupados. Los alienígenas con el nuevo poder, se impulsaron hacia ellos y los hicieron estragos. El primero comenzó a darle golpes en el rostro a Trunks hasta dejarlo casi debilitado. Mientras que el segundo, Bildock, se entretuvo haciendo malabares con Gohan y Krillin y dándoles patadas, para después echarlos al suelo y seguir golpeándolos. En ese momento, sin embargo, como una estrella furiosa apareció Vegeta, convertido en Súper Saiyayin y rezumando su energía. Se veía arrebatado. Estremecido por la rabia, les dijo:

— Ya me las pagarán, ¡insectos! —y se lanzó hacia ambos alienígenas. Le dio un feroz golpe a Bildock bajo la barbilla que lo arrojó hacia arriba, mirando hacia el cielo azul. A Mateus le dio una feroz patada y casi le rompió el cuello, y lo dejó arrodillado, respirando dificultosamente. Bildock cayó tras un rato y Vegeta comenzó a taparlos en bolas de energía.
De pronto, Bildock, viendo que su hermano estaba casi devastado, y mientras Vanarak y Gokú peleaban y Gokú se había dado vuelta para ver que Vegeta había regresado, apretó los brazos fuertemente y comenzó a reunir todo su poder, y le dijo a Mateus:

—Mateus, ¡ya es hora de que destruyamos a estos parásitos!

—Sí —contestó Mateus, y parecía imposible de creer de que fuera a levantarse. Sin embargo, Gohan y Krillin se impresionaron. Trunks acertadamente previó el peligro, y dijo:

—Ten cuidado papá…

—Cállate, Trunks. No te entrometas —le respondió Vegeta. Pero entonces se asombraron al ver que de la nada, Mateus recobraba poder y se levantaba. Bildock ya había reunido suficiente y se había vuelto más grueso y sus músculos se habían hinchado. Mateus ya estaba de pie y listo para el combate, y ambos irradiaban una especie de aura azul que representaba todo el inmenso poder que ahora tenían. Entonces se lanzaron al ataque. Bildock, con una fuerza impresionante, como si su puño estuviera hecho de mil puños de hierro le atinó un golpe en el rostro a Vegeta que resonó como una bomba. Vegeta salió expulsado muy lejos, hasta quedar fuera del pantano.

— ¡Papá, no! —gritó Trunks. Pero Mateus apareció tras él, y le dio un letal, golpe en la columna. Trunks sintió que la visión se le borraba, y la cabeza se le fue hacia abajo. “¡Señor Trunks!” gritó Gohan. Krillin dijo:

—No lo puedo creer…

Justo en ese instante Bildock apareció tras él y, con su colosal tamaño levantó sus dos brazos y los dejó caer juntos sobre la cabeza de Krillin. Lo lanzó hacia el suelo con tal fuerza que quedó enterrado varios metros debajo del lodo. Al parecer Krillin también estaba derrotado. Gohan con desesperación vio a los dos extraterrestres acercarse a él cuando todos sus demás amigos habían caído. Gokú todavía continuaba luchando con Vanarak y apenas había tenido el tiempo de darse cuenta.

Pero entonces Gokú se enfureció y de un gran golpe lanzó lejos a Vanarak. Entonces se convirtió en Súper Saiyayin y se dirigió hacia Gohan. Trunks comenzó apenas a levantarse y Gokú le dijo:

— ¡Resiste, Trunks! Vamos, enfurézcanse, ¡tenemos que derrotarlos!

Ante las palabras de Gokú los dos sacaron las fuerzas que les quedaban y se transformaron en Súper Saiyayin. Los tres transformados, parecían formar un trío sagrado. Con un poder desmedido arremetieron contra los dos alienígenas y les dieron una paliza. A pesar de que éstos resistieron un poco al principio, enviando golpes también, las diferencias de poderes resultaron en su derrota. Aturdidos por la zurra, quedaron en el suelo y los Guerreros Z les dieron patadas y después los remataron los tres juntos con una gran expulsión de poder. Sobre el suelo quedó el humo del quemar y los dos desaparecieron.

Pero cuando creían que los habían terminado, Bildock y Mateus, casi muertos aparecieron tras Gohan y Trunks y les dieron una tremenda tunda, dejándolos debilitados. Gokú se enfureció y los eliminó con una gran expulsión de poder. A Gohan y a Trunks se les había ido la transformación y quedaron desfallecidos en el suelo, con las ropas rotas y golpeados.
Gokú se quedó mirando a su contrincante. El único que quedaba era Vanarak, y seguía con la espada enfundada sobre su espalda y lo miraba confiado, desafiante, creyendo en sus posibilidades de vencer. Las miradas que ambos se dedicaban estaban llenas de tensión, e interiormente cada uno estaba analizando a su combatiente y decidiendo el instante para atacarlo.

De pronto, repentinamente y sin previo aviso surgió Krillin de debajo de la tierra, levantándola a su alrededor, con un brazo extendido y una expresión de furia. “¡Krillin!” dijo Gokú. Krillin frunció el entrecejo, y acumulando todo su poder y con ira y determinación, gritó:

— ¡Kienzan! —Entonces sobre su brazo se formó un disco hecho de Ki que giraba, el cual ante sus palabras fue arrojado por él y se dirigió hacia Vanarak. Gokú y el alienígena estaban sorprendidos. Parecía ser imposible de detener aquella demostración de poder. Pero Vanarak, volvió a recuperar su confianza, estiró su brazo y con la palma abierta retuvo el disco de energía. Krillin, boquiabierto, observaba incrédulo cómo era que no le partía la mano. Vanarak lo contuvo, y el disco de Krillin se deshizo en su palma. El guante que llevaba apenas quedó con una pequeña rotura.

Vanarak arrojó una onda de poder que estalló en Krillin y lo envió lejos, y lo debilitó.

— ¡No, Krillin! —gritó Gokú, y entonces miró a su adversario—. Me las pagarás…

—Ahora es tiempo de pelear, Gokú —le dijo Vanarak—. Veo que han derrotado a todos mis hermanos, y yo soy el último. Por lo tanto, eso significa que soy el más fuerte… Y eso demuestra, que puedo controlar este poder… —dijo una vez más, mirando la espada que llevaba tras de sí. “¡No te lo permitiré!” exclamó Gokú. “¡Ahora te voy a vencer!” Vanarak sonrió, le dio la espalda y elevó vuelo. Gokú, convertido en Súper Saiyayin y con las ropas desgastadas y el labio ensangrentado, iracundo, le dio persecución. Volaron hasta un lugar fuera del pantano.
Allí Vanarak extrajo la espada y dijo:

—Por fin usaré este poder—. Entonces descubrió, la espada más poderosa de su planeta, legendaria, La espada de hielo. Era una espada con un hálito gélido, de una hoja brillante y pálida, gruesa, no muy larga pero sí ancha, con un mango con incrustaciones de oro y una esmeralda en el centro. Vanarak la empuñó con sus dos manos, y al momento de tomarla, sucedió lo inesperado.

Gokú estaba flotando sobre la tierra, y al mismo momento en que el alienígena hizo contacto con la espada desenfundada, un enorme aliento frío se expandió sin límites y cubrió todo alrededor. En un segundo Gokú miró el ambiente y todo estaba respirando hielo, con la temperatura bajo cero, como si todo se hubiese convertido en una era glaciar. “Qué está pasando…” se dijo sorprendido, y entonces miró enfadado a Vanarak y se lanzó contra él. Comenzaron a luchar, en la ahora tierra del hielo. Fue un feroz combate. Gokú recibió varios golpes en el rostro y él envió también. Recibió varios espadazos que esquivó por suerte con su gran velocidad, pero su camisa azul se le desgarró. Vanarak enarboló su espada y una onda de hielo surgió de su hoja extendiéndose como una ola. Gokú la esquivó por poco, salvándose de congelarse. Seguido, tras un rápido movimiento apareció frente a Vanarak y le propinó un desmedido golpe, que le deformó las mejillas y lo dirigió a enterrarse contra el hielo.

La batalla estaba en su parte más decisiva cuando apareció Gohan, y Gokú se impresionó de que todavía resistía, a pesar de que pensaba que lo habían derrotado. “¡No te metas, Gohan!” le gritó. Pero Gohan, en ayuda de su padre se llevó las manos cruzadas a la frente y gritó:

— ¡Masenko!

Sin embargo Vanarak esquivó el ataque, apareció tras él y lo aturdió de un puñetazo en la cabeza. Gohan cayó y quedó enterrado en el gélido suelo. Vanarak llegó hasta donde Gokú, y ambos chocaron sus poderes. La poderosa hoja de la espada de Vanarak colisionaba con el férreo brazo musculoso de Gokú. Pero el Saiyayin se enfureció por el hecho de que el extraterrestre hubiera abatido a su hijo, y voló por encima de él, y acumulando una gran cantidad de energía, gritó con todas sus fuerzas:

— ¡¡Kame hame ha!!

Y de sus manos salió una de las más grandes expulsiones de energía que había hecho, que cayó sobre Vanarak y ante un grito último de él lo barrió del mapa. La quietud quedó en aquella tierra del hielo por un momento, y Gokú respiraba jadeante. Después bajó a tierra. La espada del extraterrestre había quedado sobre el suelo, sin haber sido destruida, y de pronto se levantó y flotó hacia el cielo, volviéndose una luz y desapareciendo en el aire. Gokú fue a ver a Gohan, desfallecido, con los ojos abiertos de par en par. Tomándolo entre sus brazos, le dijo alegre:

—Ya terminó, Gohan.

En ese momento una sombra apareció tras ellos. Era alguien alto, que llevaba un turbante y una capa arrugada flameando al viento. Habiéndose revelado, dijo, con su voz característica:

—Vaya, parece que tuvieron un enorme combate… Qué lástima no haber estado allí; pero lo vi todo.

Gohan despertó para observarlo, y voz emocionada y casi entre lágrimas, dijo:

— ¡Señor Piccoro!

El hielo de la tierra se había desvanecido, y el terreno y el paisaje había vuelto a ser como antes. Más tarde, los tres se retiraron. El combate había terminado. Los guerreros habían triunfado.

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