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El precio de la curiosidad II

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“¡Buenos días, ciudad! Tenemos una mañana de las mas frías en el año, pero afortunadamente la fuerte nevada de anoche termino al aclarar el día. Entre otras noticias se reportó un extraño acc…”

De un manotazo con gran parsimonia el radio despertador es apagado, Marco se halla en la habitación de su apartamento con aspecto de mala noche. No fue una de esas noches de insomnio, pero conciliar el sueño en medio de una bruma de especulaciones bizarras se había vuelto un reto formidable para el joven. Con decisión pero así también con desgano se levanto para poner dos pies en el suelo, enfrentando a su armario, en el cual podía verse gracias a un gran espejo. No pasaría mucho tiempo hasta que al fin tomase impulso y se levantara, vistiéndose a un ritmo mas adecuado.
El apartamento estaba frío y vacío como lo era de costumbre, la cálida estufa De gas que se hallaba a la esquina de la sala le daba una matiz mas colorida a la luz grisácea que se colaba por las ventanas en aquel día nublado. Marco sale de su habitación para entrar a la sala, observa el teléfono para seguir capacitando sobre hacer o no la llamada que lo liberaría de tanta presión ética. Se dispuso entonces a despejarse de eso saliendo a hacer unas compras para el hogar, al salir lentamente para emprender marcha en las frías calles puede percibir, quizá por su gran estrés, que alguien lo estaba observando. Al voltear como si de un paranoico se tratase no logra ver nada, con lo que continua; dejando atrás a una persona de aspecto cualquiera, que voltea para observarlo de manera poco casual.
Al regresar a su domicilio guarda cada cosa que compro para luego oír el telefono sonar desde la sala. Casi presintiendo el motivo de la llamada, se prepara para excusarse y resignar sus responsabilidades de manera elegante. Al atender el teléfono una voz femenina con algo de preocupación lo llama del otro lado.

– ¿Doctor Hesser?
– ¿Si, quien habla? (Contesta con una cara poco simpática)
– Soy una de las personas de la central de emergencias Doctor, necesitamos que se reporte al trabajo con unas horas de anticipación.
– Eh, señorita, ¿no corresponde al Doctor Reinharth? En este horario estaba ocupado meditando mi renun…
– Doctor, Reinhaarth no se ha reportado hoy a trabajar, y no contesta su teléfono, tenemos al fiscal del distrito reclamando la entrada inmediata y no hay nadie con llaves.
– Oh, de acuerdo señorita, iré en breve (coloca una expresión seria cuando un atisbo de su vocación y compromiso salen a flote).

Marco entonces sale nuevamente, esta vez con su bata blanca bajo su abrigo, desapareciendo en una concurrida estación del metro. Durante el corto trayecto en el tren un par de ojos se apuntan hacia el, pero esta vez su “paranoia” no le alerta en lo absoluto. Baja del tren justo tras su parada, y sube a la superficie para caminar con decisión al imponente centro medico.
Ingresa para anunciarse e ir directo al subsuelo, mientras se quita su abrigo y rebusca su llave, sus ideas ahora parecen concentradas a solucionar el lío que hay en la puerta, dejando lo demás atrás. Al bajar del elevador, nota que hay unos cuatro hombres en la puerta de la morgue, uno de ellos de traje gris y placa, el cual le habla sin dejarle emitir nada.

– Doctor Hesser, soy el Fiscal Horatio Riverside del distrito Metropolitano central, deseamos ingresar por el caso del Diputado asesinado esta madrugada, presunto de ser víctima de un asesino serial.
– Fiscal, me agradaría dejarlo pero su juris…
– Tengo una orden judicial de un juez Federal (clama triunfante mientras le muestra el papel firmado y sellado)
– Si lo autorizaron desde ahí dudo que el juez de esta zona tenga objeción, así que…
– ¿Cual juez? El juez de este distrito también firmo el papel.
– Podría jurar que… Olvidelo (dice con desgano mientras abre la puerta para pasar tras ellos)

Los uniformados y el hombre de traje ingresan seguidos del medico, quien luego toma la delantera hacia la solitaria mesa de autopsias cubierta, el fiscal mientras tanto murmura algo inaudible a uno de sus hombres, a lo que luego todos se acercan.
La puerta de ingresos se encuentra a oscuras, lo que no deja percatar a nadie del pequeño boquete que esta presenta en la cerradura. Hacia donde esta el médico, se puede observar al teléfono interno con su cable sutilmente cortado.
Marco entonces toma el cobertor plástico blanco que cubre al cadáver dejando ver algo definitivamente no natural como causa de muerte. El cadáver se hallaba sin golpes y con solo unas marcas en el tobillo, obviando claro el corte de oreja a oreja hecho en la base del cuello. A simple vista parecía un asesinato con tortura, pues el instrumento cortante usado destruyo los tejidos, al parecer por tener poco filo.
– Esto parece obra del “cortador”, fiscal (dice recordando el medico, quien recuerda haber asistido a alguna que otra autopsia de los pobres desgraciados que caían en sus manos)
– ¿Esta seguro doctor? Al diputado lo encontraron en su casa, y el escenario parecía limpio.
– Dudo que lo hayan matado ahí, pues este corte y las ataduras, al parecer lo degollaron cabeza abajo, como un animal, pero espere…

Observa con detenimiento las lesiones de la cuerda en los tobillos y las cortantes en el cuello. Con algo de incredulidad palpa el tejido y comprueba con algo de sorpresa y desconcierto la escena.

– Estas lesiones… Son postmortem señor, y la perdida de sangre no fue debido a ellas, excepto por la lesión en la carótida, ahí si puedo ver sangre seca, pero en el resto todo parece… vacío, inclusive en el cráneo, que suele quedar hinchado en estos casos… Algo ha hecho una lesión primaria punzante en el cuello por donde la víctima perdió sangre… Hasta morir…
– ¡Es increíble! Parece que es cierto (dice el fiscal mientras mira a los uniformados, que estuvieron tomando nota)

Una cámara de seguridad captura el momento desde aquel lujoso cuarto, al alejarse la vista la silla del observador esta vacía y la luz de una puerta abierta puede verse.
Las luces se van súbitamente en la morgue, y el sonido de un automóvil por la puerta de ingresos es evidente, luego de escucharse la apertura de las puertas y unos gritos seguidos de disparos la habitación vuelve a su silencio habitual.
Marco logra tirarse al suelo, bajo una camilla vacía, pero en el momento que se siente seguro… Algo lo jala desde sus pies, arrastrándolo hacia el exterior, un golpe lo deja inconsciente pudiendo solo sentir que lo suben en algo parecido a una furgoneta, por la escasa altura a la cual lo alzan. El móvil acelera, dejando atrás una puerta entreabierta, donde un automóvil negro se detiene por alguna otra razón.

Continuará…

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