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El precio de la curiosidad III

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El frío del concreto junto con la oscuridad serían lo primero que él vería a través de sus ojos al abrirlos después de un golpe memorable. Sin poder ver nada pudo comprobar con el tacto que no se encontraba aparentemente herido, pero aun persistía la incognita acerca del lugar en donde se encontraba. Los recuerdos hacia atrás eran confusos y algo estrafalarios, por lo que el llegaba a pensar en un primer momento que se trataba de un feo sueño.
Sus pensamientos iniciales se verían descartados, pues el ultimo recuerdo del suelo de su habitación no era precisamente de concreto, ni frío como estar casi a la intemperie. El sonido era casi nulo, pero solo pudo verse interrumpido por una serie de pasos que progresivamente se acercaban a uno de los lados, donde Marco se encontraba observando, sin poder ver nada por la intensa oscuridad. En un momento dado, un sonido similar al de una puerta asegurada se puede oir, y con algo de tiempo en lo que parecía ser la apertura de un par de cerraduras por lo menos, la luz volvió a dar con su vista.
El intenso resplandor que ahora no le permitía ver muy bien fue difuminándose mientras su vista se acostumbraba. Había una figura parada, a la cual pudo empezar a ver con mas nitidez a los pocos segundos. El sujeto avanzó hacia dentro, y sin dar una palabra lo alzó y llevó hacia fuera.
Fue escoltado por un largo corredor, la iluminación ahora era tenue, a pesar del tremendo impacto que le dio en un inicio. Se podían observar puertas, como si de una prisión se tratase, pero el silencio y la ausencia de guardias lo confundían. Subieron una rampa hacia una segunda planta con características similares hasta que llegaron hasta una puerta en la que había otro sujeto, el cual la abrió al verlos aproximarse.
Ahora el podía constatar para sí que fuese lo que fuese que hubiese sucedido la noche anterior, aun no terminaba. Esto no podía ser una pesadilla o un simple sueño, pues en ellos el dolor no existe, o si es experimentado, generalmente causa un despertar desagradable. La sala en donde entraron no parecía para nada lo que antes había visto, parecía mas bien un pasillo de contrastes muy lujosos, como si se tratase de algo palaciego. Avanzaron por el nuevo corredor con el mismo ritmo, el mismo presentaba algunos ventanales que dejaban entrever una noche despejada y estrellada, tras unas suaves cortinas translúcidas, coronadas por otras gruesas de color rojo y detalles en oro. Avanzaron hasta el final y pasaron a una sala pequeña que tenía una escalerilla con una puerta, el solo podía mirar hacia abajo, notando su reflejo en los suelos de marmol pulido.
Entonces cruzaron el umbral de la puerta, y el pudo esta vez levantar su vista para ver lo que parecía un teatro pequeño, el cual se encontraba considerablemente ocupado en su area general, así como en los palcos. Un hombre de vestimenta formal se hallaba parado en el escenario, observandole con una insensible mueca. Entonces su captor lo dejo a un lado de un atril, detrás de el se hallaban unas cinco personas vestidas de negro, similares a aquellos hombres que llevaban cadáveres a la morgue en las furgonetas negras. Junto a el se hallaba nada mas y nada menos que el fiscal, quien estaba con el mismo traje, pero con visibles manchas de sangre, sin contar claro los golpes que mostraba en su cara; solo se limitó a mirarlo sin poder decir nada, pues le habían amordazado la boca.
El salón estaba en silencio, y el hombre de aspecto fino se paró en el atril para disponerse a hablar ante una multitud de aspecto frío, distinto a un público normal que uno podría ver.

– Damas y Caballeros de este salón, les da la bienvenida su servidor, Alastair Goldberg. Como portavoz de este honorable consejo que a esta ciudad rige, quisiera expresar mis mas sentidas disculpas a todos los bloques que nos integran. Los hechos sucedidos en las noches anteriores habían pasado por alto nuestro control, y no preveíamos el sabotaje en el distrito del Centro, ni en ese preciso lugar del mismo.

Al terminar de decir esto, el hombre observa hacia un lado mientras otros “guardias” llegan, trayendo a otros dos sujetos golpeados que colocan junto al fiscal para luego posicionarse atrás. Un leve murmullo entre los asistentes es acallado al volver el orados a retomar su postura inicial.

– Con profundo gozo entonces, deseo anunciar que los primeros responsables de esta fechoría contra nuestra sociedad fueron descubiertos, constituyendo una vez mas un ataque por parte de mi sobrino a esta ciudad. Lo que desafortunadamente no preveíamos (observando al fiscal y a Marco sin expresión definida) es que involucraran al ganado funcional de la ciudad. Lamentamos el fallecimiento de tan remarcable hombre como lo fue el Doctor Reinharth, quien tristemente fue la primera pieza de este plan para exponernos a la prensa y al estado no controlado por nuestras influencias.
De este modo entonces, quiero anunciar las siguientes medidas de acuerdo a los involucrados que se encuentran aquí presentes.

Entonces se baja del atril y camina hacia el fiscal, mientras un guardia le saca lentamente la mordaza, a lo que este intenta escupir algo para hablar, mientras se aproximaba quien había dado el discurso.

– ¡No se saldrán con la suya! ¡Acaban de raptar a un fiscal del estado y a cuatro funcionarios policiales!
– Cállese Riverside, y tenga respeto por este ambito. (Le interrumpe con una bofetada sin mucho esfuerzo el “portavoz”, a lo que se para junto a el para hablar nuevamente). A éste desgraciado, quien aun sabiendo como era la situación organizativa se guió por aparecer en algunas tapas de los periódicos, y que además tuvo contacto directo con los saboteadores que mandaron desde la zona del “Imperio”, tendremos una resolución ejemplificadora. Dadas las infracciones pautadas para el ganado, mas el enorme daño causado y develación de lo que se le confió a otros de su clase, no tengo mas remedio que ordenar su ejecución sin goce de pronunciamiento por parte de este concejo.

Entonces el se agacha frente al fiscal y le murmura algo al oido, lo cual nadie puede oir bien. Al levantarse y caminar a un lado, uno de los guardias toma un cuchillo corto y comienza a cortarle el cuello a la vista de todo el salón, que no se inmuta para nada. Se pueden oir los gritos que se van ahogando, mientras el orador camina hacia donde estan los tres policías, ya para este momento lo que empezo como un degolle termina por ser una decapitación manual y rápida, a lo cual el guardia levanta la cabeza por los pelos, dejandola luego en el suelo.

– Para los demás involucrados de la fuerza policial, quienes tenían conocimiento de esta misión pero no tenían información suficiente para contactar a alguien respecto a esto se les otorgará también la ejecución, aunque mas atenuada, al menos que dos bloques expresen su objeción.

Entonces, un grupo de personas a un lado del salón se levantan, a lo que observan al grupo sentado. Tras un breve momento, sin expresar una palabra vuelven a sentarse, con una de las primeras expresiones, algo molestas ya.

– Entonces, que la sentencia se lleve a cabo (sostiene el orador, finalizando la frase con un suspiro de decepción).

Los guardias que escoltaron a los policías entonces sacan armas con aparentes silenciadores ya instalados, disparándole casi en simultáneo a los condenados, a los que rematan con otro disparo en la nuca, a la vista del salón, quien nuevamente está apacible mientras algo de sangre ya gotea por el escenario al suelo de la sala. El orador, quien no tuvo una sola mancha de sangre en su distinguido traje se acerca al podio para detenerse junto a Marco, quien se encuentra temblando ante un previsible futuro, pero aun así no dice una sola palabra.

– Como es costumbre mía, dejaremos los casos mas complicados al final, y esta no es la excepción. Este joven fue incorporado recientemente al servicio que el Doctor Rienharth llevaba, y cumplió hasta el último día con el protocolo que se le explicó. Su presencia aquí es por el hecho de haber sido doblegado por la autoridad del despojo que yace decapitado junto a el. Dada la circunstancia, y debido a nuestro código magno, el cual tipifica muy bien las penas por conocimientos excesivos para quienes no les corresponde, debo sentenciarlo a una ejecución con términos similares a los anteriores, si no hay objeciones son los terminos que ya expuse.

Entonces, justo al terminar de hablar, el mismo bloque de personas que se levantó en el primer caso dejan sus sillas nuevamente, pero esta vez ya con expresiones indignadas, a lo que sorpresivamente se levanta el grupo localizado en el centro, ante la mirada de desprecio del reducido grupo que se queda sentado. Una persona sentada en uno de los palcos se levanta entonces para exclamar…

– ¡Por medio de la objeción de los independientes y los benevolentes, llamo a un debate urgente en la sentencia!

El portavoz hace una media sonrisa, a lo que deja a Marco a un lado para volver a su podio. Quienes estaban parados ahora se sientan para solo dejar a los que estan en los palcos pararse.

– Damas y caballeros, se ha llamado a un debate de sentencia, como comprenden todos; las condiciones de esta re-evaluacion las determinará la minoría que se opuso.

Entonces un hombre de aspecto siniestro se levanta en el lugar a donde estaban quienes estuvieron siempre sentados, y con tranquilidad y una sonrisa que no se le despega de la cara exclama…

– Gracias, Portavoz Alastair. Como líder del bloque de los “malevolentes”, como nos llaman los demás integrantes de este concejo, deseo exponer esta sencilla exigencia (entonces observa a los que anteriormente se pararon con dicha), demandamos que para la modificación alguien hable por este miserable, de lo contrario seguirá constituyendo una amenaza constante.

Ante estas palabras, el publico comienza a murmurar preocupado, y algunos de los sentados en los palcos niegan con la cabeza a lo que el orador hace un gesto molesto por oir el argumento, pero sin profundizarlo por respeto a ese organismo, vuelve a hablar con frialdad…

– Querido concejo, quiero entonces ceder la primera oportunidad de pronunciación a la benevolencia.

Una mujer de aspecto normal se levanta en uno de los lados, y se dispone a hablar con una cara apenada.

– Señor portavoz, dados los sucesos que ocurrieron la última vez que uno de nuestros integrantes dio palabra a un pobre inocente, no podemos hablar por esta pobre alma. Volver a cometer un error podría costarnos mas que diez de nuestros hermanos, que tristemente fueron erradicados por fallar en la educación de aquel ultimo “perdonado”.

La mujer se sienta y todo ese bloque permanece en silencio, al igual que el bloque central, el cual nunca llegó a murmurar en ningún momento, por lo cual era predecible una respuesta negativa. El orador ya con evidenciado desgano vuelve a tomar la postura para hablar para pronunciar…

– Viendo entonces lo que es esperable de los independientes, me temo que debo declarar a este hom… (se puede oir tras sus palabras que alguien se levanta calmado y levanta una mano para volver a bajarla).
– Portavoz, yo hablo por este pobre diablo, y acepto la responsabilidad que ello inviste.

Un gran murmullo, mezclado con expreisones de dicha y enojo por diferentes lados puede oirse, algunos en los palcos se retiran de la sala mientras que otros se asoman mas aun para ver a quien habló, el bloque que se opuso hace también lo propio, y se retira riendo del salón. El portavoz entonces observa sorprendido y retoma la palabra.

– Señor Andrew, ¿de verdad se arriesga a perder la cabeza después de tantos años que su bloque no hace estas cosas?
– Sí, Alastair, veo capacidad en este joven como para dejarlo morir tan injustamente. (observa al orador decidido, mientras este empieza a salir de la sorpresa y muchos observan con alegría)
– Entonces, Andrew Fulton, te cedo la custodia de este prisionero para que manejes la información que el posee a tu discresión, pudiendo deshacerte de el si es necesario, como estipula el código, y también dándote las responsabilidades que seguramente ya conoces. Ésta sesión termina, y por ende solo me queda invitarlos en el siguiente llamamiento de la próxima semana.

Todos empiezan a levantarse, y quien habló por Marco se acerca al escenario mientras el orador baja y habla con él. Uno de los guardias toma a Marco por la espalda y lo escolta hacia la puerta de la sala, pasando junto a quien lo rescató, quien solamente le observa por un momento mientras habla con la autoridad del concejo. Es escoltado entonces a la puerta frontal del teatro, mientras el guardia le coloca un abrigo negro encima. La calle está fría y concurrida como si nada, el es subido a un vehículo para que luego el guardia cierre la puerta. Marco observa hacia la puerta del teatro para ver a ese misterioso “salvador” que habló acercarse al automovil, mientras agradece al guardia.

Continuará…

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