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El precio de la curiosidad IV

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El automovil comienza a alejarse del teatro luego de que subiese aquel misterioso sujeto a quien llamaban Andrew. Las calles se encontraban vacías, y a juzgar por el frío penetrante debían de ser horas de madrugada. Marco observaba hacia el camino a través del parabrisas, ignorando tanto al conductor como así también a su inesperado salvavidas.
El silencio podía ser debilmente interrumpido por el motor del automovil, a lo que el hombre de vestimentas finas gira la cabeza para dirigir su mirada a Marco y exclamarle unas palabras.

– Marco, ¿sabes que ha ocurrido?

Ante una pregunta que a juzgar por su situación parecía mas retórica que sincera, Marco solamente sigue mirando hacia delante, colocando sus manos en la cara pasra resfregarla y luego dejarse caer en el asiento. Entonces el señor Andrew vuelve a emitir palabra tras una reacción con la que levantaba su ceño con ligera sorpresa.

– Marco, aunque no te haya conocido previamente puedo decir que tienes capacidades y aptitudes para desarrollar, las cuales hubiesen sido ligeramente truncadas si tu cabeza hubiese quedado en aquella asamblea. Esos atributos que he mencionado, además de poder desarrollarse, pueden explotarse. Por esa razón es que te salvé hoy, pero aun así, supone un reto para mi.

Ya con una expresión cansada y algo indignada, Marco intentaba preguntar algo, pero al intentar formar una palabra el automóvil dobla bruscamente para entrar por otra calle y disminuir un poco la marcha.

– Lo siento, señor, la próxima vez será mas ligero.
– No hay problema, continúa conduciendo y no prestes atención a nuestra charla.

Entonces Andrew vuelve a observar a Marco, mientras el le mira para intentar hablar nuevamente.

– ¿Qué es esto? ¿Por qué me encerraron? ¿Qué hice?…

Ante las preguntas repetidas, su anfitrión levanta la mano y se la coloca en uno de sus hombros, a modo de intentar explicarle…

– Marco, a lo que tu has asistido es a una sesión de un órgano de gobierno mas amplio que los que quizás veas en televisión. Quienes allí están dirigen los hilos “ocultos” para la mayoría en esta ciudad.
– ¿Qué clase cosas ocultas? ¿Es una conspiración del gobierno por experimentos o que?
– No, muchacho. Aunque te cueste creerlo los seres que ahí están no son personas como las que usualmente verás. Allí hay quienes son simplemente tipos como tu, solo que con conocimientos ocultos, así como también otros que manejan ciencias “mágicas” a las cuales acusan de irreales en los ámbitos tradicionales, justamente por la acción de organismos como el que hoy viste.

Marco miraba con los ojos algo mas abiertos de lo normal, aunque se notaba incredulidad en su mirada el ya se encontraba algo cansado de tanto movimiento y misterio, por lo que siguió en silencio mientras su acompañante seguía explicando.

– Y éso no es todo, también los hay como yo, que preferimos la noche para movernos, y los cuales somos mayoría, por lo cual estas reuniones se hacen en estos horarios. Pudiese decirse que, es por los de mi clase que este organismo se organiza de formas tan dudosamente escrupulosas para el común de la gente. Hay muchos seres aun mas interesantes que seguro ya irás conociendo, pero debo explicarte unas pautillas básicas cuando lleguemos a la residencia.

Habiendo dicho esto Andrew levanta la vista para ser seguido por Marco, apreciando la entrada de un estacionamiento de un edificio de vistas antiguas, pero bien restaurado. Al ingresar en la playa, la cual se encontraba descansando en la oscuridad, el automóvil busca un lugar bastante espacioso a un extremo para estacionarse. Las luces de la playa se encienden al bajarse el chofer del auto, quien seguidamente abre la puerta del acompañante del lado de Marco, y le escolta a bajar primero.
El salón es muy extraño para ser una playa de estacionamiento, pues el mismo posee una arquitectura muy antigua, teniendo inclusive pisos adoquinados que parecían perfectamente pulidos, así como la piedra caliza en las paredes y la que revestía las pesadas columnas.
Se dirigieron entonces a una puerta dorada con detalles en marmol en la cual el chofer presionó un botón, abriéndose segundos después para dejar ver un ascensor con detalles muy lujosos por donde se lo mirase. Al cerrarse la puerta, Marco aun observaba a los alrededores, como lo hizo desde que ingresó al edificio, mientras una voz rompe la majestuosa quietud del lugar.

– Debí olvidar mencionar que soy un miembro respetado de este organismo, aunque eso no tenga que ver mucho con mi residencia. Oficialmente soy un inversionista en casi todos los rubros, pero no me destaco demasiado, digamos que tengo muchos paquetes accionarios pequeños en varias empresas, lo cual me garantiza una buena posición sin llamar la atención. Además claro de los inmuebles, de los cuales saco una buena tajada.

El elevador entonces se detiene, y las puertas se abren dejando ver un hall donde hay solo una puerta doble, con detalles muy similares a los de la puerta del elevador, pero con madera brillante. El chofer se adelanta y abre las puertas de lo que parecía era un departamento para darles el paso a Marco y Andrew, que venían caminando. Luego de que entrasen y el chofer cerrar la puerta para quedarse parado frente a ella, los dos siguen caminando cruzando una puerta justo al frente para llegar a una sala de estar y sentarse.

– Marco, ahora toca explicarte lo último, que son las condiciones en las que vas a vivir ahora. En primer lugar, yo soy un ser de noche, lo que comunmente se le llama “vampiro” en muchos libros y leyendas urbanas.
– Espera, por favor, ¿Es todo esto en serio? Porque parece un manicomio colectivo, no puedo creer como est…
– Silencio Marco, después podrás preguntar. Por otro lado entonces, tu vivirás en este departamento y vas a estar bajo mi tutela, quizá así puedas ganarte mas libertades si lo ameritas.
– ¿Entonces no me matará?
– No está en mis planes si obedeces las pautas básicas de sentido común cuando guardas un secreto y sirves a alguien.
– ¿Solo eso? ¿Y que hago ahora?
– Vas a ir a dormir y a ponerte en condiciones, luego de una pequeña comida.
– Eh, le agradezco pero no tengo precisamente hambre ahora…
– Lo decía por mi, Marco…

Dicho esto, Andrew se abalanza casi instantaneamente, pero sin brusquedad sobre Marco, yendo rapidamente a su cuello. Marco puede oir y sentir el corte de sus tejidos y el crujido de esos dientes afilados con lo que parecía ser una vértebra. Entonces venía la inconsciencia, con lo cual el esperaba el frío beso de la muerte.
Tras estar poco mas de dos minutos en su cuello, Andrew suelta a Marco, y repara casi instantaneamente su herida con tan solo una vulgar lamida. Acto seguido se dispone a tomarle el pulso, con lo que se levanta del sofá y le deja acomodado, cubriendolo con una manta para luego retirarse de ese estar, del cual apaga la luz tras él.

Continuará

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