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Gritos en el vacío.

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Una misión sencilla, búsqueda y rescate, nivel de peligro: Casual…participación obligatoria…

Las palabras del general Jackson resonaban nuevamente en los adentros de Stefanovic, mientras deambula con su rifle de pulsos a rastras sobre los ensangrentados pisos de la estación Titan, su pesado traje anti-impactos le molestaba, su casco color azul metálico paso a ser una mezcla entre azul manchado de sangre y color plata desgastado, las garras de las criaturas atravesaron su visor y lo dejaron ciego de uno ojo…el corredor de la muerte era el paraíso comparado con esto. Casi una década en el ejercito aeroespacial para terminar así. Le dieron a elegir entre ser ejecutado por insubordinación o realizar una “sencilla” misión en la colosal estación Titan, ubicada en una de las lunas de Saturno, jamás pensó que tal misión fuese el Infierno en carne propia, a través de los ductos del recinto, en cada sistema de ventilación y en los rincones mas oscuros se encontraban aquellas bestias bípedas, se asemejan vagamente a los humanos, garras en vez de brazos, una asquerosa piel que se pudre y regenera constantemente en una especie de horrorífico movimiento perpetuo, parecen ser ciegos y se guían por el sonido, sus dientes son tan diminutos pero en tanta cantidad que podrían arrancar hasta el trozo de carne mas profundo, color carnoso con aspecto rancio…engendros del diablo.

Pensaba en su amada Lovisa, su hija, esperándolo como siempre dormida, nunca temía que su padre no regresara de sus misiones, era de los mejores, y los mejores siempre regresaban. Ya no había marcha atrás, sus latidos eran cada vez rápidos, la herida de su brazo era muy profundo, una garra provoco una fisura en su hueso, un dolor punzante, la teniente White fue la primera en morir, decapitada por esas cosas, de nada le sirvió tanta rudeza. Eventualmente todos se separaron y fueron cazados lentamente por ellos. ¿Civiles? Por favor, todos se encontraban muertos, destasados y devorados. Al parecer solo quedaba Stefanovic, un pesado serbio que sudaba esteroides, pero ya no le servía tanto músculo. Lentamente, tambaleándose debido a la perdida de sangre logro encontrar una pequeña unidad médica, al menos un par de horas de vida mas, un par de horas en este universo. No quería morir en esa abandonada base de porquería, quería morir en la tierra, en su país de origen al menos, en la gloria del gran ejercito aeroespacial, pero ya nada de eso era posible, nadie sabia de aquella misión, no los iban a calificar como perdidos en acción, un poco de sucia y demente corrupción, serán llamados desertores, enemigos del ejercito…mentiras burocráticas, todos estaban muertos. Inyectó la pequeña jeringa en su herida y esta sano completamente, al menos la medicina era muy avanzada, aunque desearía poder hacer algo por su ojo…

Salio de la unidad médica y observo un gran ventana presurizada, una vasta vista hacia el infinito vacío, tan calmado, tan frío y solitario, tan lejos de casa. Observaba a Saturno desde lejos, a su gran anillo formado por asteroides…se pregunto si las criaturas eran de ahí. Un par de arañazos que se escuchaban de los ductos de ventilación, habían encontrado a Stefanovic, su casco le dificultaba la vista y le costaba escuchar bien, lo retiro y lo observo un momento, el logo del ejercito aeroespacial a los costados, ya no sentía miedo a morir…Cargo su rifle con su último cartucho de protones y apunto hacia el ducto de ventilación, encendió la linterna del arma y a través de la rejilla de ventilación se observo a la criatura inerte, no le molestaba la luz ya que carecía de vista, su respiración era horrible y su piel caía a través de la rejilla mientras se volvió a regenerar, ese olor a putrefacción hizo que los ojos de Stefanovic se llenaran de lagrimas, sin prisa jalo el gatillo y destrozo la cabeza de aquel engendro, volando casi toda la ventilación y parte de la pared, armas de calidad sin duda alguna, la criatura cayo al suelo y comenzó a agitarse bestialmente, de su destrozado cuello salía una sangre lechosa y unos finos hilillos color carne comenzaban a salir, había empezado a regenerarse y no parecía muy feliz…Stefanovic comenzó a caminar mientras escuchaba aquel sonido carnoso…

Criaturas comenzaron a salir a través de las ventanas de las habitaciones y de los paneles del suelo, los pasos de Stefanovic eran lentos y precisos, caminaba entre ellos con suma tranquilidad, era como si estuviese detrás de las lineas enemigas. Si daba un paso en falso su cuerpo iba a quedar complemente irreconocible y destrozado. Las criaturas con una desarrollado sentido de la audición trataban de encontrar a su victima, Stefanovic bajo unas largas escaleras metálicas produciendo un sonido causado por el golpe de sus botas de acero contra el frío hierro de las escaleras, las criaturas escucharon el sonido y se dirigieron hacia su fuente de origen.

Un conjunto de pasillos largos y estrechos, hechos para que solo una persona los atravesara, el olor a productos de limpieza causaba un ambiente a muerte, fusionado con el hedor de aquellas criaturas era insoportable, Stefanovic buscaba desesperadamente la “habitación mágica”. Los pasillos eran oscuros e interminables, como aquellos de las películas de horror de antaño. Unas letras iluminadas se veían a lo lejos, como una especie de luz al final del túnel, se leía fácilmente “Reactor principal”, Stefanovic apresuro el paso mientras desde los oscuros pasillos se escuchaba como las bestias se iban acercando rápidamente a el. Entro y la gran puerta metálica se cerro a sus espaldas, y frente a el estaba el gran reactor principal, al rojo vivo como si estuviese a punto de estallar, con destellos de vapor saliendo desde sus válvulas hidráulicas. Tomo el explosivo C4 de su muslera y lo coloco cuidadosamente en el panel de control y recordó como sus camaradas se burlaban de el por usar un explosivo tan anticuado, la mayoria de los soldados actuales preferian las granadas de IEM, pero Stefanovic era de la vieja escuela, era un yugoslavo clásico. Las garras atravesaban fácilmente la gruesa puerta de acero inoxidable, como si fuese mantequilla. Stefanovic tomo fuertemente el detonador y le dio la espalda al reactor, viendo de frente a la ya magullada puerta metálica… Las palabras de Ratko, su difunto padre sonaban en su cabeza en un lenguaje serbio…”¿Sabes lo que dice el profeta, que permanezca bendito y en paz, sobre la matanza de inocentes?”

Las criaturas entraron al mismo tiempo que el presionaba el botón de detonación…Todo estaba tan en calma…

Este es mi relato, disculpa por lo corto, debido a que mi computadora sufrió unos fallos no pude escribirla desde ahí, debi recurrir al bloc de notas de mi celular, aunque no sea de mis mejores historias espero que sea del agrado de mis lectores.Saludos.

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