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Nosferatu (Capitulo I)

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Se hicieron las seis de la mañana y el sol ya estaba iluminando la ventana del cuarto de Abril. Ella levanta la cabeza de mal humor, sin ganas de empezar otro día de clases. Vuelve a recostarse y permanece allí tumbada con el rostro sobre su almohada. En ese momento alguien abre la puerta de su habitación:
– Amor, levántate que tienes que ir a la escuela – Dice su madre entreabriendo la puerta.

Levanta nuevamente la cabeza con rapidez y salta de su cama y comenzó a prepararse para ir a la escuela. Se puso una camperita color rosa, unos jeans de un color celeste muy bonito y unas zapatillas blancas. Se observo al gran espejo mientras acomodaba su cabello negro y rizado. Se observo de arriba abajo. El espejo tenia la altura exacta de su misma figura.
“Es lo mejor que puedo dar” pensó. Se alejo del espejo, tomo su mochila y salio de su habitación. Abril Aldridge, una chica común, la joven que no necesitaba llamar la atención de los demás, la que solo le importaba su propio pensamiento, la que nunca tuvo muchos amigos, la que nunca pretendía ser algo que no era, aquella a la cual, esa misma mañana, no le importaba absolutamente nada. Bajo las escaleras y entro a la cocina, desayuno como hacia todas las mañanas. Se despidió de sus padres y salio camino hacia su escuela. El día estaba calido y algo nevaba levemente. La calle estaba vacía, y cubierta de nieve helada, junto con un silencio relajante, a Abril le hacia bien eso. Camino lentamente, fanfarroneando, con las manos en los bolsillos, pisando las hojas secas que caían de los árboles. Su mente estaba distorsionada, no podía pensar en nada, se sentía extraña. Todo empezó a parecerle extraño, sintió una sensación de advertencia. Algo estaba por pasar, algo se acercaba…pero no sabia que.
Estaba a una cuadra de la escuela, realmente no le era cómodo ir a ese lugar donde los demás deciden lo que eres, donde no te respetan y te humillan…solo porque eres diferente. Todos los demás jóvenes hablaban entre ellos, otros reían, etc. Cerca de la puerta, se encontraban Emily y Jessica…sus amigas de toda la vida, las cuales al recibirlas, Abril las saluda con un frío abrazo. Al entrar al edificio, Emily no dejo de hablar sobre los planes para tirar abajo a Alice. Alice era la chica más popular. La reina de la escuela. La chica que todos los varones querían. Abril y Alice, habían sido mejores amigas, pero al pasar por ciertas discusiones, llegaron a ser rivales a muerte. Pero Abril, comprendió con el tiempo que, la rivalidad no la llevaría a nada y decidió tomar las cosas como una adolescente madura y olvidarse de ella. Sin embargo, continuaba embargada por la misma sensación hacia lo próximo que vendría, y que cada vez era más fuerte. El silencio de Abril asusto a las jóvenes, intercambiaron miradas por su comportamiento tan extraño. Entonces, decidieron tomarla de ambos brazos y arrastrarla hasta el baño de damas. La ponen contra una pared y Emily le pregunta:
– ¿Qué sucede contigo, Abril?
– Si, Abril. Siempre llegas a la escuela con una agradable sonrisa y dices “Chicas, hay que divertirse” – Dice Jessica acercándose a ella.
– Además, siempre nos preparábamos para molestar a Alice, y ahora…arruinas todo… – Dice Emily sarcásticamente.
– Chicas, estoy bien. Solo que, hoy quiero estar tranquila ¿Esta bien?

En ese preciso instante, Abril sale del baño dejando atónitas a sus dos compañeras, aun sin entender, salen detrás de ella. Las tres muchachas continúan caminando y entrar a la sala de Literatura. Ambas se sientan mientras el profesor saluda a todos, en ese instante, Emily se le acerca y le susurra:
– Oye, Abril, ¿Hablaste con Brandon?
– ¿Que?…No, Brandon es un idiota. Además, ahora sale con otra chica – Le responde Abril mientras se cruza de brazos.

Emily quedo en silencio mientras Jessica la miraba con la boca abierta. Duramente la clase Abril estuvo pensativa, casi no presto atención en clase. La sensación seguía acorralándola, sentía un escalofrío tras otro por todo su cuerpo. Estaba totalmente aterrada, nunca había pasado por eso, sintió falta de aire en ella. Trato de respirar un poco mas profundo, el corazón lentamente comenzó a agitarse. En ese momento entra la directora, pero no venia sola, venia con alguien…un muchacho. Seguramente es nuevo, se dijo Abril. Le llamo la atención mucho su figura. De una simple altura, con una mirada de seriedad absoluta. Tenía el cabello dorado como el brillante sol, y sus ojos eran negros…como la noche, como la misma oscuridad. Abril lo observo más al muchacho, llevaba puesta una simple remera negra y unos jeans ajustados. La directora le señala un asiento y el tranquilamente se sentó. Abril sintió un dolor muy fuerte en su pecho, el pulso de su corazón comenzó a acelerarse, la sensación estaba aumentando sacándole el aire. Emily y Jessica la observaron extrañadas:
– ¿Te sientes bien? – Le susurra Jessica.
– Si…si estoy bien – Le responde Abril mientras recupera el aire.
La clase continúo y Abril no pudo sacarle la mirada a ese joven. Era tan extraño, no había dicho nada en toda la hora de Literatura, permaneció callado de tal manera que parecía ser de cera. En un momento, el la descubre mirándola y Abril rápidamente desvía la mirada. Se termina la clase y todos salen. Abril y Emily salieron al patio de la escuela mientras Jessica salio corriendo para otro lado inesperadamente:
– ¿Qué habrá ido a hacer, Jessica? – Pregunto Emily mientras se sienta en el suelo junto con Abril.
– No lo se…No me interesa ahora…
– ¿Sabes Abril Aldridge? Estas muy extraña hoy. Te ves algo…aburrida. ¿Puedes decirme de una buena vez que te sucede? – Le pregunta Emily mientras abre un paquete de patatas.
– Nada, estoy bien, de verdad Emily, solo que…me canse de ver siempre la misma gente todos los días. Me referío a que me gustaría ver cosas nuevas…tener nuevas aventuras – Le responde Abril mientras
Emily come una patata. Ambas jóvenes permanecen en silencio. Abril estaba preocupada por el comportamiento del chico nuevo:
– ¡Hola! – Dice Jessica alegremente mientras sentándose de golpe en el suelo.
– Hablando de extraño, ¿A dónde fuiste? – Le pregunta Emily con una mirada de impaciencia.
– Fui investigar algo… – Responde Jessica con una picara sonrisa.
– ¿Así? ¿Y sobre que fue? – Pregunto Abril sarcásticamente mientras tomaba un sorbo de agua.
– Sobre el chico nuevo – Responde Jessica y Abril se atraganta con agua. Mientras se recupera, Emily la mira con una mirada de asombro.
– ¿El nuevo? – Pregunta Abril con voz ahogada.
– Lo que escuchaste. Se llama Aaron, no pude averiguar bien su apellido. La cosa es que, nadie sabe nada sobre el. Apareció así de la nada…
– ¿No saben nada de el? – Pregunto Emily.
– No. Acabo de verlo. ¿Y adivinen con quien lo veo hablar?
– ¡Dios!…Como quisiera que la tierra se tragara a Alice para siempre – Dice Emily moviendo las manos con gracia.
– ¿No notaron algo extraño en el? – Pregunto Abril seriamente – Nunca había visto un chico tan…calmado…
– ¿Y si le hacemos una broma a…?
– No, Emily. Olvídalo. Es extremadamente tonto. ¿Para que preocuparnos por un tonto que no vale nada? Dejen que Alice se aproveche de el – Dice Abril interrumpiendo a Emily mientras ellas la miran asombradas.
En ese momento las tres jóvenes quedaron en un eterno silencio. La mañana se hizo eterna, ninguna de las tres pudo abrir una conversación. Abril quedo atareada, se sentía sola y vacía, sentía una cierta culpa por haber tratado mal a sus amigas de toda la vida. Pobre Emily…Pobre Jessica. Sus más grandes amigas, las que en todo momento estaban, las que siempre le aconsejaban. Abril y ellas siempre fueron inseparables. Y ahora por culpa de una sucia sensación de soledad, las estaba dejando de lado. Todos los momentos lindos que ella había pasado con Jessica y Emily, pasaron por su cabeza. Cuando jugaban en el barro mojado a los cuatro años. Esa vez que se colaron en un entrenamiento de futbol de la escuela solo para ver a los chicos que ellas le gustaban. Y ahora solo había silencio. Un silencio indestructible. Finalmente llego el final del día escolar y ambas jóvenes ya salían del edificio estudiantil. Abril las detuvo y les dijo:
– Chicas, perdónenme por mi comportamiento, no dormí muy bien anoche…
– No te preocupes, a todos les pasa – Dice Emily mientras Jessica le decida una sonrisa.
– ¿Tomas el mismo camino, Jessy? – Le pregunta Abril a Jessica.
– Claro…
– Nos vemos mañana, chicas – Le dice Emily saludando con una mano mientras se va.
Abril y Jessica se fueron del otro lado del camino tomadas del brazo. Continuaron hablando de todo tipo de cosas que las amigas hablan. Belleza, moda, lugares de viaje, etc. Jessica vivía a dos calles de la casa de Abril. Solían tomar el camino juntas, salvo cuando Jessica le tocaba ir a casa de su abuela para cuidarla. Mientras seguían hablando, estaba a unas calles de llegar, hasta que justo se nombro el nombre “Aaron”, Jessica se acordó de algo interesante que había visto sobre el:
– ¿Adivina que note en el chico nuevo? – Pregunto de repente Jessica.
– ¿Que?
– En la clase de Física, lo pesque mirándote…
– Espera… ¿Mirándome? ¿A mi? – Pregunto Abril subiendo su tono de voz.
– ¿Y a quien quieres que mire? Seguro gustara de ti… – Dice Jessica mostrando una sonrisa picara. Abril la observo con una mirada de franqueza.
– Jessica, continua soñando mientras yo vivo la realidad…
– ¿Y tú que sabes? – Pregunta Jessica deteniéndose – No toda la vida vas a ser rechazada por los chicos. Alguno se va a fijar en ti, y no va a poder resistirse… – Dice ella mientras se acerca a la puerta de su casa.
– ¿Cómo lo hizo Brandon? Hasta mañana, Jessy…
Se despiden y Abril continúa caminando hasta su casa. De nuevo, lentamente y con la mano en los bolsillos. Mirando el cielo gris, sintiendo el vacío regresar a ella. Un viento frío la azoto y decidió apresurar el paso. Llega a casa y todo estaba a igual, sus padres aun no habían vuelto del trabajo. Como siempre, se dijo. Sube a su cuarto, y se tira sobre la cama, ya relaja de haber podido soportar un día más en la escuela. Descanso unos segundos, mirando el techo, pero se continuaba haciéndose la misma pregunta…pero no recordaba cual. Salio de su habitación y bajo las escaleras, se encamino hasta la sala de estar. Toma su mochila, saca de ella su cuaderno de notas y repasa para el examen del viernes próximo. El día se estaba convirtiendo en noche y comenzó a hacer frío. Al terminar de estudiar, prendió la chimenea y permaneció frente a ella sentada en suelo, tratando de recuperar el calor. Pero fue extraño, parecía imposible. Sentía escalofríos helados por todo su alrededor. La sombría sensación regreso a ella. Algo paso por su mente. Esa figura, esa figura de cabello dorado y ojos como la noche, esa figura llamada “Aaron”. Recordó ese instante en que lo vio, y a ella casi se le salía el corazón. Era tan extraño, al ser tan pasivo y totalmente misterioso. Admitió que ese joven permaneció en su mente todo el día, explicando su comportamiento distante, solo porque ese joven estaba atormentando su mente. En ese momento, comenzó a sentir calor, cuando mas lo imaginaba…más aumentaba el calor. Hasta que un par de voces destruyen la ensoñación. Eran sus padres llegados del trabajo. Su madre entra a la sala de estar mientras pregunta:
– ¿Cómo empezaste la semana, Abril?
– Hola mama – Dice Abril, sin que ella lo note. Su rostro estaba rojo y su cuerpo cubierto de sudor.
– ¿Abril estas bien? ¿Por qué estas toda transpirada? – Pregunto su madre limpiando el sudor de su rostro con su mano.
– Si, estaba…frente a la chimenea y…
– Siempre haces lo mismo. Un día de estos, te quemaras viva si continuas haciendo eso… – Dice su padre sarcásticamente.
Esa noche la familia Aldridge ceno de forma tranquila. Abril miraba de reojo a su padre y a su madre mientras ellos hablaban, quería hablar pero no le salían las palabras. Seguía atrapada en esa sensación de escalofrío hacia la figura de ese muchacho. Termina de cenar, y en silencio se levanta y se va a su dormitorio, todavía tenia esa imagen en su mente dormida. Se sentó en el asiento interior que había al pie de la ventana, observo como los copos de nieves caían, el cielo cubierto de nubes. Deseo ver aunque sea una estrella brillar ante ella, junto con la blanca luna. En ese momento, el crepúsculo regreso, al devolver el recuerdo de esos ojos negros, tan enojados y oscuros. Sentir el calor, al recuerdo de ese cabello como el sol dorado. Se imagino estar en un mar caribeño, hasta que esos ojos, se llevan la luz brillante del sol, ahogándolo con la oscuridad de su color. Sosteniéndola entre sus brazos, observándola con sus ojos sombríos. “En la clase de Física, lo pesque mirándote” había dicho Jessica. ¿Era cierto? ¿El se fijo en ella? Para Abril y sus amigas, que sucediera eso, era suficiente como para darse cuenta de que le interesabas. Pero ella, no se sintió satisfecha, quería que sucediera…algo más. Se alejo de la ventana, y se acerco a su espejo pegado a la pared cerca de su armario, era perfecto al tener la altura exacta de su cuerpo entero. Observo sus ojos marrones, estaban tiernos y cansados. Echo un vistazo a su cabello negro, enrulado y algo despeinado. Sintió el cuerpo agotado y su piel estaba helada por el frío. Por un instante, la pregunta que buscaba estaba frente a sus ojos. ¿Realmente Aaron, se fijaría en todo eso que Abril ve en el espejo? No lo creo, se respondió. Tal vez seria la primera y ultima vez que se fijara en ella. Era mejor no hacerse ilusiones antes de que pudiera romper su corazón en menos de lo que canta un gallo. Un sueño pesado comenzó a caer en ella, era tiempo de irse a dormir. Se puso su camisón blanco, y se acostó en su cama. Puso la mirada hacia la ventana, no había dejado de nevar en toda la noche. Puso sus frazadas más cerca de su cuello, ya que el frío invadía la habitación. El agotamiento se centro en sus ojos, comenzó a sentir algo de calor al estar tapada en la cama. Eso la relajaba, llevándola a volar entre los sueños y la noche. Rápidamente, Abril se queda dormida.
Aaron estaba sentado bajo el viejo roble del bosque…teniendo a su alrededor la fría nieve. Pero a el no le hacia daño…ya que el no era humano. Permaneció ahí hasta que anochezca. El día fue bastante agitado. Estaba realmente exhausto y admitía…que estaba sediento. Necesitaba adormecer su sed. Pero tenia que ser de una forma, en la que no llamara tanto la atención. Pero eso no era importante en ese momento. Lo importante era la misión que habían puesto en el, “Las criaturas de la noche”. Su misión era encontrar la futura victima de un siniestro y poderoso enemigo. “Tengo que encontrarla…antes de que sea demasiado tarde” pensó. Trato de buscarla con la mente. Pero algo obstruyo su mente. Era ella, la que tenia una mente de aguas pacificas. Una criatura tan extraordinaria. El momento en que el entro al aula, y lo primero que vio fueron esos ojos…esos ojos marrones. Brillaban como joyas, era increíble. Y su cabello negro como la oscuridad. Era hermosa, no pudo dejar de verla. No, basta, se dijo. No podía distraerse en un momento como ese, tenia que cumplir una misión. Pero era imposible, había tomado su mente por completo. Su conciencia lo llevaba hacia ella con mucha desesperación, la excitación era muy fuerte, su cuerpo le rogaba que estuviera cerca de ella a toda costa. Comenzó a nevar, estaba desconcertado. Nada puede provocarte un deseo de esa forma…mucho menos una chica. Aaron nunca antes se había enamorado. Nunca había sentido esa fuerza que sientes en ti mismo a ver la persona que amas, al sentir el pulso acelerado de tu corazón, al querer estar cerca de ella. Sentir un nudo en el estomago mientras millones de mariposas tratan de desenredarlo. Pero Aaron no tenia mariposas en el estomago en ese momento…sino murciélagos. Su corazón no tenia un pulso acelerado, realmente…Aaron no tenia corazón. No era cualquier persona, era un peligro. Para la joven podía ser su peor pesadilla y ella todavía no lo sabía. Pero de todas formas, quería estar con ella. Pero no estaba enamorado. No podía hacerse ilusiones, no ahora. Sin embargo, era diferentes, y ella nunca se fijaría en el. Recordó cuando ella descubrió que la estaba mirándola. Casi iba a enloquecer. Ah, Dios, iba a enloquecer, mientras lo pensaba sonreía. Le gustaría poder ir a su casa, y verla, por un momento. Se levanto del suelo y camino por entre los árboles. Algo le llamo la atención, busco con la mente. Una oleada de fuerza sobrenatural por todo el bosque. Alguien lo estaba vigilando. Era una mente, perversa, fría. Busco el latir de su corazón…pero no podía escuchar nada. El olfato fue más fuerte en ese momento. Ese aroma, un aroma tan extraño. Era una mezcla de whisky con menta. Totalmente nauseabundo. Eran la misma carne, el mismo poder, la misma fuerza. Pero no del todo, esta mente era más poderosa. Sintió su respiración. Era profunda y salvaje. Lo había estado vigilando desde el principio. Busco por todo el bosque, pero no con la mente…el mismo en persona. Su rapidez, otras de su sobrenaturalidad, lo ayudo. Parecía que se burlaba de el, donde permanecía esa mente misteriosa, desaparecía. Busco y busco…y no logro encontrar nada. Sintió una risa malvada. Pudo escuchar zumbar en sus oídos. “No puedes encontrarme” dijo una voz espectral en su mente. No era Aaron, o su propia conciencia. Era el. Lo había notado. Pero se detuvo. No caeré en su trampa, susurro. Trato de relajarse. La sed se volvió más fuerte en ese momento. Ya no podía soportar ese dolor. Sus venas estaban vacías. Necesitaba alimentarse. Los copos de nieve caían espumosos en ese momento. Entonces, decidió olvidarlo. Sentía que la mañana se acercaba. Camino rápidamente por el bosque hasta llegar a la ciudad. Tenia que apresurarse…antes de que sea demasiado tarde.
La mañana parecía calmada pero una fría brisa acaricio la suave mejilla de Abril, levanto la cabeza, ya era de día. Al salir de la cama, una oleada de frío hizo que se retorciera, como si hubiera sentido un escalofrío. Nunca antes había hecho tanto frío. Abril bajo las escaleras y entro a la cocina, su madre estaba preparando el desayuno mientras su padre estaba sentado leyendo el diario:
– Buenos días, corazón – Dice su madre saludándola con una sonrisa muy agradable.
– Abril ¿Podrías encender el televisor? – Pregunta su padre mientras ella obedece.
– Querida, quiero que hoy vayas bien abrigada a la escuela ¿De acuerdo? – Dice su madre mientras le sirve café – Siempre vas con poca ropa. Eso ya me molesta.
Se sienta sobre la mesa y desayuna mientras mira la televisión, en las noticias mostraban una noticia misteriosa, una persona de identidad desconocida había sido atacada y asesinada por un animal, se sospecha que tal vez sea un animal salvaje. Abril miro fijamente la televisión, su madre desesperada decía que tuviera cuidado al salir hoy a la calle camino a la escuela, pero eso a Abril no le importaba, le importaba saber quien fue el que cometió ese horrible crimen. La fatal sensación había regresado a ella, y eso espanto a Abril. Termina de desayunar y sube a su cuarto a prepararse para un día más de escuela. Su madre la llamaba desde la escalera. Se estaba retrasando demasiado. Bajo a saltos las escaleras. Sale de su casa camino hacia la escuela, pero se detiene. Sintió que algo…la vigilaba. El deseo de gritarle se transformo en miedo. Discretamente, observo a su alrededor, procurando ser descubierta. La sensación regresando a ella, el viento azoto su rostro. Permaneció quieta. Podía sentirlo…podía sentir que la vigilaba. Que la observaba con una mirada de sombría pasión. Una mirada de deseo. Una mirada de asesina obsesión. La inmovilidad desapareció. Y camino a toda prisa hacia la escuela. Llego a la escuela y no encontró a Jessica ni Emily en la entrada, entro a la escuela mirando todas las caras con las que se encontró ahí pero no veía en ninguna de ellas. Ninguna joven tenía los brillantes ojos verdes de Emily, o el despeinado cabello dorado de Jessica. Reviso su horario. En minutos comenzaba Psicología. Corrió hacia su casillero para tomar sus libros. Al cerrar la puerta, se sobresalto al ver esa figura que tenia su débil mente como prisionera desde que lo vio entrar en la clase de Literatura. Su corazón se apresuro su latir. Lo observo por un buen tiempo, vio esos ojos oscuros la observaban, el abrió la boca lentamente y dijo:
– Hola – Su voz era relajada y algo culta. Abril estaba a punto de hablar, con su forma de voz infantil que se le suele escapar cuando habla con un chico…pero tomo aire y trato de calmarse.
– ¿Te puedo ayudar en algo? – Lo miro con una mirada fría. En ese momento Abril estaba completamente congelada.
– Tu eres Abril ¿Verdad?…Abril Aldridge…
– ¿Acaso conoces alguna otra chica que se llame así? – Pregunta ella sarcásticamente de mal humor. El tarareo una carcajada mientras sonreía.
– Muy…graciosa… – Dice el sonriendo. Abril sin importarle se da media vuelta y camino tranquilamente por el pasillo. Pero Aaron decidió hacerle compañía.
– ¿Podrías parar de seguirme?
– ¿Te molesta?
– Aunque no lo creas, es muy normal que a las personas les moleste la compañía de otras personas…
– Solamente estoy caminando contigo ¿Qué tiene de malo eso? – Pregunta el sarcásticamente.
– Tiene de malo porque, eres un niño totalmente extraño que solo se junta con gentuza que no suele tener el cerebro bien desarrollado como para…pensar. Y seria demasiado inmaduro hablar con personas como tu así que…Aléjate, lo mas que puedas de mi – Dijo Abril con toda su furia guardada adentro de ella.
El quedo boquiabierta. Observándola asombrado con esos ojos negros. Ambos jóvenes se miraron fijamente por un tiempo en silencio. Sentía no poder despegar su mirada. Parecía tan real. El la observaba con esos ojos de oscuridad. Llevándola a lo más profundo de la perdición. En ese mismo instante, el extendió su pálida mano hacia el rostro de Abril. Cada vez más cerca. Queriendo sentir la suave piel de su mejilla, pero una voz la detuvo:
– Abril…- Dijo una voz oscura y cansada sobre el hombro derecho de Abril. Aaron alejo lentamente la mano.
– ¿Qué es lo que quieres, Brandon? – Pregunto Abril con la misma frialdad en su voz. Aaron sin decir nada, en silencio se fue.
– ¿Puedo hablar contigo? – Le pregunta Brandon poniéndose al frente de ella.
– ¿Qué quieres? – Dice Abril cruzándose de brazos.
– Mira…yo se, que tuvimos problemas en la relación por…
– Por ella…
– Bueno, si…pero – Dice Brandon mirándola fijamente a los ojos – …estuve mal, yo lo se. Y quiero que me perdones y podamos retomar todo desde el comienzo…
– Brandon… – Abril se acerca a el y toma el rostro del muchacho con sus dos manos – Yo se lo mucho que me quieres…pero…ya sufrí mucho por ti y ya no quiero sufrir…
Abril aleja sus manos lentamente de el y continua caminando por el pasillo. Sin importarle nada. Sin importarle Brandon. Abril nunca había hecho eso en toda su vida. Nunca había sido tan fría. Nunca había congelado su corazón con tanta oscuridad. Estaba creciendo, la madures comenzaba a controlar su mente. Y eso fue bueno para ella. Pero la situación que acaba de pasar, fue demasiado embarazosa. ¿Cómo podía acercarse a ella inesperadamente? ¿Tendría algo que ver con lo que le había dicho Jessica el día anterior? ¿Jessica tendría razón a lo que había visto? Eso le había dado mucho que pensar a Abril. Durante la mañana pensó en eso, y no había visto a Jessica y a Emily en ningún momento. Había rechazado dos jóvenes en un día. Un record para mi, se dijo. Había visto Aaron un par de veces durante las clases, y en una de ellas lo descubrió mirándola. Fue extraño el momento en como quiso acercar su pálida mano al rostro de Abril, la había mirado con una mirada irreconocible, sus ojos mostraban desesperación, un deseo por algo. Y claro que ese algo seria…Un momento, Abril despertó a la realidad, será cierto. Aaron esta interesado por… “Claro que no” pensó. Es cierto, seria una tontería…demasiado. El día escolar había terminado. Abril camino hasta la puerta de la escuela. Y vio algo que la sobresalto. Salio lentamente. Estaba ahí, apoyado sobre un gran árbol, esperando. ¿Pero que? Lo observo de arriba a abajo. Por un lado, estaban sus amigas. Sonriéndole divertidas. Haciéndole señas para que se acercara. Pero Abril no se sentía muy segura. Después de la situación de frialdad, no creyó seguro acercarse después de ser tan dura como una piedra. Pero no tenía otra opción. ¿Cómo podría pasar cerca de el como si nada? Y Jessica y Emily harían cualquier berrinche por esa razón. Camino lento hacia el, tomando aire con profundidad.

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