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Nosferatu (Capitulo II)

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– ¿Estas esperando a Alice? – Pregunto Abril con la misma frialdad.
– No en realidad…Te estaba esperando a ti, Abril – Dice el con tranquilidad en su voz. Abril lo observo pensativa.
– ¿A mi? – Exclamo Abril no muy sorprendida – ¿Y por ahora se te da por acercarte a mí y hablarme?
– Por que…quiero conocerte…no solo a ti si no a todos del colegio. Además, tus amigas, me hablaron muy bien de ti… – Dijo el con la misma relajación en su voz mientras se levantaba.
– ¿De verdad?… ¿Y que fue lo que te dijeron? – Pregunto Abril mientras miraba de reojo a sus compañeras.
– Que eres divertida, muy simpática… – Decía Aaron mientras se acercaba a ella – Totalmente inteligente, pero olvidaron una cosa…
Por un momento hizo una pausa al estar frente a ella, mantuvo sus ojos negros en los de Abril. Los labios del muchacho estaba sobre su frente, la belleza estaba atrapando su mente, era tan bello, pero esa palabra era algo débil para describir a alguien tan fuerte como el. Los músculos de sus brazos se contraían con mucho atractivo. Sentía que la iba a abrazar con sus musculosos brazos, pero el solo continuaba ahí, observándola, llevándola a lo profunda oscuridad de sus ojos negros. Entonces, el separo sus finos labios y dijo:
– Tienes un carácter fuerte… – Casi el susurro no parecía oírse, pero Abril lo escucho a la perfección.
– No me sorprende… – Y Abril no mentía, realmente lo me sorprendía lo que decía ese chico guapo que estaba frente a ella – ¿Esta mal que sea así?
– No – Nuevamente la voz relajada – Te queda bien…
En ese momento Aaron pasó por su lado, ella no podía creer lo que sus oídos habían escuchado, se quedo mirando el piso por varios segundos, esperando se la tierra se la tragara. Dio media vuelta, y observo como el joven se retiraba caminando de forma elegante, mientras sus compañeras sonreían totalmente encantadas por lo sucedido. Camino lentamente hacia sus amigas, totalmente paralizadas, mientras todo el trío veía como esos músculos se movían mientras subía al auto rojo y se iba a toda velocidad por la calle. En ese momento sintió chispas a su alrededor, nunca había tenido una conversación así con un chico, ni mucho menos con Brandon. Una pequeña alegría toco su corazón y se sintió rodeada de la dulce sinfonía de la tranquila voz de Aaron. Las carcajadas nerviosas rompieron el hermoso ambiente y sus compañeras la tomaron por ambos brazos:
– ¡¡No puedo creerlo!! Al chico nuevo le encanta tu mal carácter – Dijo Emily con alegría.
– ¿Qué tienes que decir a tu favor, Abril? – Pregunto Jessica con una mirada traviesa.
– Fue una simple tontería, soy completamente inocente…
– Eres completamente culpable por acosar a un chico – Dijo Jessica divertida.
– Te mereces la cadena perpetua… – Abril miro con mirada sorprendida a ambas jóvenes y las tres se echaron a reír como locas.
– Ustedes están completamente locas – Dijo Abril mientras abrazaba a ambas – Y por eso, esta noche vendrán a dormir a mi casa…
Luego del susurro para terminar en gritos alegres, caminaron por la calle tranquilamente. Comenzó a nevar y apuraron el paso, mientras continuaban hablando y preparando la pequeña “fiesta” para la noche. Los padres de Abril, tenían una cena especial con unos viejos amigos y seguro llegaban a casa después de las doce, ellos no querían que se quedara sola, así que le dieron el permiso de invitar a sus amigas a la casa. Se despidieron y cada una continúo su camino hasta sus hogares. Abril entro a la suya, y un aire familiar embargo su alrededor. Sintió que un alguien la vigilaba, como si estuviera esperando por ella. Miro por toda la habitación, entro a la sala de estar, lo sentía en el aire, sabia que alguien o algo, estaba ahí, entre la oscuridad de la sala, con ella, esperando, observándola. Se imagino una persona de lo más maligna, con unos ojos como la sangre roja, llenos de odio, con una boca como la de un tiburón hambriento, con deseos de devorar. Con garras como un oso furioso que te desgarra los órganos con la fuerza de un poderoso león. Que en su boca escupa fuego como un dragón y que con la fuerza de un cocodrilo te arranque la cabeza con solo un golpe. Del corazón broto un salto fuerte, y Abril se retorció de dolor. En su mente había un susurro extraño, alguien parecía hablarle telepáticamente, pero no podía comprender lo que decía. Abril iba a reír del susto pero no era un simple chiste contado, era verdadero, sintió una pesada respiración cerca de ella, miro a su alrededor nuevamente, pero no logro ver a nadie, por mas que estuviera oscuro. Se acerco a la gran ventana de la sala y movió la pesada cortina roja, permitiendo la luz invernal al interior de la casa. Permaneció ahí, entre el silencio dudoso de su ser, esperando a que surgiera algo. Un frío tenebroso, acaricio su espina, pero Abril no sintió miedo, siempre fue una chica valiente, cuando el momento lo requiera o no. De a poco su corazón se relajo, pero todavía quería esperar a que saliera, cualquier cosa que sea…la estaba vigilando, y se no parecía atreverse a mostrarse frente a ella. Sintió un ruido en la puerta principal, unos suaves pasos tan familiares se acercaron a ella lentamente. Una mano toco su hombro y Abril se sobresalto:
– ¿Todo bien, mi amor? – Pregunto su mama con toda la ternura de su voz, como siempre hacia.
– Si, mama…Llegaste temprano… – Dice Abril con voz agotada.
– Bueno, no había mucho trabajo por hacer y es la primera vez que mi modesto jefe me presta atención – Dice su madre divertida – Así que, algunos tuvimos el permiso de salir antes.
Su madre se acerca a ella y le besa la frente, y Abril fingió una carcajada para no llamar la atención de ella. Se dio media vuelta y continúo esperando a que aquello que la estuvo vigilando por esos pocos minutos saliera:
– ¿Hablaste con las chicas? – Pregunto su madre mientras se sacaba el abrigo.
– Si, vendrán esta noche…
– Perfecto, les dejare preparada la cena…
Abril siguió a su madre hasta la cocina, durante la tarde pensó en esa situación incomoda y siniestra que ocurrió en la sala de su casa en el momento que llego. La voz en su mente, el sonido de ese susurro silencioso, era como estar escuchando un noble caballero de la Edad Medieval. Fue tan extraño, pero Abril lo olvido por completo al pasar las horas del día. Estuvo ayudando a su mama en la comida para la noche, unas ricas hamburguesas completas con papa fritas. “Perfecto” pensó Isabela. En su habitación, durante una hora, fijo que podría ponerse, por mas que fuera una cosa “para dormir”, para Abril y sus amigas era como ir un fin de semana a Paris. Termino de vestirse, y se acerco a su espejo para peinar su cabello negro. Al ver su reflejo, sintió una oleada de un perfume tan familiar. Permaneció observándose al espejo, dejando caer al suelo el cepillo. Esa oscuridad atractiva en sus ojos amenazo nuevamente en la mirada de Abril, sintiendo el frío de su cuerpo entre sus brazos, como la miro en ese momento. Lo recordó bien, estaba a solo un centímetro de ella. “Dios, que bello es” pensó. Se agacho para levantar el cepillo y lo poso sobre un tocador de madera donde estaba al lado del gran espejo. Se acerco a la ventana y observo el cielo, las nubes habían desaparecido del oscuro crepúsculo, y sintió que Aaron la estaba observando de entre la oscuridad de la noche, con esos mismos ojos negros, deseando estar con ella, y repitiendo una y otra vez: “Solo tienes que pensar en mi, Abril”. Sintió su calmada pero seductora voz retumbando en sus oídos. Fue tan extraño lo que sucedió ese mismo día al final de escuela…pero fue real. Se alejo lentamente de la ventana y salio de su habitación. Su madre estaba en su habitación maquillando sus labios ya para la velada mientras su padre estaba en baño afeitándose. Bajo las escaleras con sumo cuidado y al llegar al último escalón, y la invadió un deseo de posesión tan fuerte, jamás sentido antes. Quería tener a Aaron cerca de ella, parecía casi admitirlo, poder estar entre sus fuertes brazos y sentir sus labios junto a los de ella. Entro a la sala de estar y corrió hacia la gran ventana y observo una vez mas el crepúsculo mientras ella caía cada vez más a la oscuridad de los ojos de Aaron. Sintiendo el latir de su corazón acelerarse, y un frío helado recorrió todo su cuerpo, haciendo que Abril se estremeciera y que rápidamente volviera a la realidad.
El viento helado despeino los cabellos dorados de Aaron cuando observo el cielo nocturno, las estrellas con una luz fantasmal, realmente fascinante, al menos para él. Sentado en la orilla del puente que llevaba al nevado y oscuro bosque, el auto estaba estacionado al final del largo puente del lado de la ciudad. No tenía ganas de volver al hotel, se sentía cautivado por esos ojos marrones que había visto al finalizar el día escolar. Cuando el desvió la mirada, antes de que perdiera la cabeza, deseo morir al no poder continuar contemplando esos bellos ojos. Sus rizos negros, sedosos y revueltos al mismo tiempo, quería tenerlos enredados entre sus pálidos dedos. Estuvo a un centímetro de él, mostrándose más difícil que nunca, como cualquier adolescente. El recordó su calor corporal, era tan agradable. Extrañaba sentir esa temperatura en su propio cuerpo, desde hace tiempo. Sintió la sangre caliente recorriendo por las venas de todo su cuerpo, el latir de su corazón con pálpitos apurados.
Sus colmillos estaban a punto de tomar extremo filo en sus puntas y tuvo que alejarse de ella antes de que perdiera el control. Solo en pensar en eso, quería poder tenerla entre sus brazos, y mientras la miraba a los ojos, desnudarla lentamente. Poder sentir la frescura de sus carnosos labios. Y cuando este desnuda por completo, con sus manos tocar la suavidad de su piel, de un lado al otro, aquí y allí. Besándola una y otra vez, en el mentón, y lentamente llegar al cuelo, buscar el latir de la vena principal, donde recorra gran cantidad de sangre caliente y deliciosa. Rápidamente los dientes se claven en el de un solo mordisco, y al probar su sabor, la dulzura y la calidez hagan del deseo una ensoñación con los ojos abiertos. El no querer detenerse hasta estar totalmente embriagado de ese vino rojo tan exquisito. Estaba completamente excitado, lo admitía. De repente, sintió el latir del corazón de esa persona, la cual no dejo de pensar en ella durante todo el día hasta el anochecer.
Agudizo mas su odio para saber en que dirección, en que parte de la ciudad o del bosque se encontraba, sintió su calor, su aroma encantador. Corrió hacia su auto y se dirigió velozmente hacia ella. El sonido era cada vez más fuerte como si fuera un buscatesoros, y se detuvo en la simple casa de suburbios. Se bajo del auto, sin sacar la mirada de la casa. Lentamente se acerco y permaneció ahí, escuchando el latido, entrando en sus pensamientos.”Piensa en mi” pensó, soltando una oleada de poder sobrenatural. Se imagino a ella en la cama de su habitación, entre las sabanas, durmiendo profundamente como un dulce ángel. Mientras que en su mente, soñaba con el, entre sueños y deseos, queriendo estar a su lado…deseando que el este a su lado en ese preciso instante. El que verdaderamente desea eso, soy yo, se dijo. En ese momento, la vio asomarse en la gran ventana, y se oculto entre la oscuridad de la calle. La observo, estaba mirando el crepúsculo estrellado con sus ojos marrones centellando sin parar. Sintió su mente acariciar sus oscuros ojos, millones y millones de imágenes. No podía creerlo, estaba recordando el momento en que los ojos de ambos jóvenes se observaron el uno al otro.
Tenía imágenes de cada parte de Aaron, sus cabellos dorados, de sus negros ojos, de sus mismos labios. Se sintió cautivado a ver todos sus pensamientos, y el poder verla ahí, posada en la ventana, tan hermosa y tan real. Pero un dolor embargo su corazón muerto, que por mas que no latiera, el seguía en pie, porque estaba maldecido por la eterna agonía de vivir para siempre y con solo un propósito, detener a alguien peligroso, pero por mas que tuviera una misión importante, el se sentía disgustado por tener que vivir con solo una cosa, un solo alimento, un solo liquido, algo que solo se consigue mediante un ser con vida, la cual dentro de ella se encuentra ese único alimento: La sangre. Se sentó en el frío suelo, totalmente agotado, sus congeladas venas estaban vacías, necesitaba alimentarse, y mientras pensaba mas en eso, mas era el hambre.
De pronto, se abre la puerta principal y dos personas adultas, muy bien vestidas por lo que noto Aaron, salían de la casa muy alegres, del mismo sitio donde vivía su amada. Permaneció oculto por un momento mientras entraban a un antiguo coche gris. Cuando finalmente se habían ido, volvió la mirada la ventana y lo embargo la eterna soledad cuando noto que ya no estaba ahí. Espero poder ver su rostro nuevamente, pero fue imposible. Se sintió como un tonto, estaba ahí, parada frente a la casa de la cual desea con una locura sombría. Deseaba poder tocar la puerta, que ella abra y con solo verla a los ojos, tomarla por la cintura y darle un dulce beso. Pero no podía, no sentía que el valor lo guiara hacia esas ganas ilegalizadas. Recordó que no era correcto, su misión no se lo permitía, por mas que lo quisiera con todo su ser. Pero un aroma extraño y familiar hizo que se retorciera y le dieran ganas de vomitar. El whisky y la menta mezclada. La mente perversa. La fuerza bruta de sus músculos. El deseo de aniquilar a cualquiera que se interponga en su camino.”Esta aquí” pensó Aaron mientras cerraba las manos en forma de puño con fuerza.
Abril corrió a la puerta al sentir el primer timbre y al abrirla sus dos compañeras entraron como una manada de toros. Llevaban millones de cosas encima de ambas, listas para la “fiesta”:
– Mis padres ya se han ido…Así que tenemos toda la casa para nosotras… – Dice Abril sonriendo mientras las tres subían a las escaleras.
– ¡Es increíble!…Hace pocos segundos el crepúsculo estaba precioso y ahora se lleno de nubes… – Dice Emily mientras de un salto cae sobre la enorme cama.
– ¿Así llamas a Aaron tú? – Al preguntar esto Jessica frunció el ceño levantando rápidamente la mano hacia su boca.
– Shhhhh….
Al oír eso, Abril cerró la puerta de su habitación y observo a las dos jóvenes una a la vez. Ambas la miraban con cierto terror en sus rostros. Abril se acerco lentamente a ellas con una cólera en sus ojos marrones, tomo aire y exclamo:
– ¿Que?
Hubo un silencio incomodo entre las tres jóvenes. Abril las observaba con la cólera asumida en la totalidad de todo su rostro, el marrón de sus ojos parecía transformarse de un negro asesino. La incomodidad y la presión no eran buenos ingredientes para mezclar y eso hizo que lentamente, Emily separa los finos labios y dijera con voz queda:
– Cuando nos estábamos dirigiendo para tu casa, lo vimos en la esquina a unas cuadras de aquí…
– Si, se comportaba de forma extraña últimamente, como si hubiera perdido algo y necesitaba encontrarlo con desesperación… – Dijo Jessica mientras Abril corre hacia la ventana.
Permaneció en silencio observando las calles oscuras, esperando poder ver esa figura encantadora. Sus ojos oscuros, lo amarillo de su cabello, sus fuertes brazos y su pecho musculoso. La cólera desapareció de ella llevándola a una terrible angustia. ¿Realmente sintió que el la observaba desde el otro lado de la ventana? ¿Desde la oscuridad de la calle? “Ah, Aaron” pensó. Sintió que el corazón aceleraba su pulso mientras pensaba en eso. Unos pasos se acercaron a ella lentamente y la familiar voz calmada de Emily le pregunto a sus espaldas:
– Te fascina ¿Verdad, Abril?
– ¿Esta mal eso? – Pregunto ella dándose media vuelta.
– No, esta mas que bien…
– ¡Finalmente! Abril, tiempo que no te escuchaba decir eso… – Dice Jessica acercándose a ella y abrazándola fuertemente.
Emily aprovecho para abrazarla a ambas y hacer el abrazo más cariñoso. Lentamente se fueron alejando mientras Abril ciertas lágrimas ardiendo en sus ojos. Observo el suelo de madera y nuevamente poso la mirada en la ventana, mirando su exterior, viendo que el cielo se cubría de grises nubes, perdiendo la oportunidad de ver las estrellas brillar en el crepúsculo, imaginando que Aaron la observa y rápidamente entrar en la oscuridad de sus ojos negros. Abril se acerco a su cama y sus dos compañeras hacen lo mismo:
– No puedo creer que esto suceda… – Rompió el silencio Abril. Emily y Jessica intercambiaron miradas al escuchar eso.
– Ah no, querida – Exclamo Emily de pronto – Admitiste que lo deseabas con pasión, a nosotras tus amigas, ya no hay marcha atrás…
– Es cierto, Abril. Sin embargo, es muy obvio que Aaron piensa lo mismo de ti… – Dice Jessica mientras saca de una bolsa naranja su esmalte color rosa mexicano – La mirada que puso cuando te vio salir por la puerta principal del instituto…Sus pupilas estaban extremadamente dilatadas…
– Si, yo también lo note, pero de todas formas…no lo quiero… – Dijo Abril con una voz fría como si estuviera a punto de morir.
– ¡¡Pero Abril…!! – Exclamo sorprendida Emily.
– No, Emily…Ya he sufrido bastante por, bueno… – Silencio su voz unos segundos y luego retomo aire – Si realmente me quiere, tendrá que ganarse mi confianza y….mi corazón, también…
El silencio inundo la habitación y Abril se devasto en todo ese discurso que acaba de dar a sus compañeras de toda la vida. Jessica devolvió la alegría al trío a contar a uno de sus más conocidos chistes, y las tres soltaron carcajadas nerviosas. Ambas bajaron las escaleras y corrieron hacia la cocina para recalentar la comida que le había dejado preparado su madre, pero Abril tras las carcajadas, continuaba angustiada por su afecto hacia Aaron. Sintió que el corazón la lastimaba con ese dolor, castigándola por ese rechazo tan tonto. La figura de ese muchacho de cabellos dorados y ojos como la oscuridad, lentamente se borraba de su mente. Cerro los ojos con fuerza y en el susurro de su mente, con un eco melancólico dijo: “Adiós, Aaron”.
Aaron tomo aire mientras sentía el palpitar salvaje del extraño asesino cada vez mas cerca de el. La risa de maldad rebotaba en sus oídos como un eco en una cueva la cual no tenía fin. El aroma mezclado de menta y whisky lo percibió con una rapidez sobrenatural, se dejo guiar por su aroma irritante, camino tranquilamente, para no llamar la atención de los demás que caminaban por la calle oscura. Casi iba a tener un infarto cuando se choco con las compañeras de diversión de su amada. Las vio entrar a su casa, y sintió una cierta tranquilidad, no quería que estuviera sola, sin protección, debía estar a salvo. De repente, el extraño se metió en su mente, llenándolo de palabras desagradables y sin sentido, buscando la forma de llenar de miedo su corazón sin vida.
“Trata de detenerme ahora…si puedes” le dijo en su mente, con una voz siniestra soltando una risa maldecida por la cólera maliciosa. Aaron supo donde se encontraba, y no pudo creerlo, trago saliva con dificultad, sintiendo que tal vez era un error, pero sus sentidos sobrenaturales no podían equivocarse. La misma casa, la misma ventana, la misma puerta principal, el mismo lugar donde la había visto contemplar el oscuro anochecer, el mismo lugar donde vivía ella, aquella hermosa criatura de rizos como la noche y sus ojos como el tronco de un viejo roble.
“¿Podrás detenerme ahora…Aaron?”. La pregunta se repitió una y otra vez en su cabeza. Un mareo agotador lo embargo, se tambaleo como un vagabundo borracho. Apoyo su pesado cuerpo sobre el tronco de un árbol, tomando aire prolongadamente, buscando la forma de relajar el mareo inesperado mientras pensaba como podría detener al extraño, sin que Abril y sus amigas lo notaran.
– Abril…Lamento que sucediera esto… – Dijo en silencio Emily al acercarse a ella.
– No tienes porque preocuparte, Emily…Nunca podría enojarme contigo o con Jessy por una tontería…
Ambas jóvenes se abrazaron con una intensa fuerza. Dando en sus mentes viejo recuerdos de una amistad irrompible y duradero. Llevaban conociendo desde que usaban pañales, siempre fueron inseparables, y un tiempo después había llegado Alice y Abril con gusto la había recibido en el grupo. Lentamente Alice y ella se habían vuelto buenas amigas, Emily y Jessica no se sintieron cómodas con esa amistad ya que, Alice, en la mayor parte del tiempo libre que tenían para verse, se la pasaba con Abril. Emily le había confesado, tiempo atrás, que nunca estuvo a gusto con la presencia de Alice desde que ella se acerco al trío cuando estaban en segundo grado.
Cuando pasaron los años, al poco tiempo de empezar la secundaria, Alice había culpado a Abril de una situación que ella no cometió. Abril se lo había negado pero Alice continuaba insistiendo. Ella se había cansado y juro que jamás la perdonaría y Alice no volvió a hablarse con Abril o a las demás desde ese momento. Desde ese instante, nunca se separo de Emily y Jessica. Les había pedido disculpas día tras día, había reconocido su error hacia Alice, y ellas no dudaron en perdonarla. Se separaron lentamente, y cada una dedico una sonrisa entre ambas.
Todo había vuelto a la normalidad. Durante la noche, charlaron, rieron, jugaron, saltaron, bailaron y todo tipo de cosas. Mientras miraban películas de diferentes géneros disfrutaron de la comida que la madre de Abril les había dejado preparada. Jessica se puso a observar el ropero de Abril, revisando cada prenda que contenía mientras Abril y Emily hablaban acostadas en la cama:
– Abril, no creí que tuvieras tanta ropa. Si Alice lo supiera, te quemaría viva – Dice Jessica observándose en el espejo probando las prendas por el exterior de su cuerpo.
– No lo creo. Siempre ha envidiado mis cosas, ahora que lo recuerdo… – Al decir eso, miro con cierta arrepentimiento a Emily mientras esta le dedicaba una leve sonrisa que hizo sentir en Abril un tierno alivio en su rostro.
– No tienes porque recordarlo, Abril…ya es pasado…
– Si, Abril. Ella solo quería usarte…
– Si, lo se – Dice Abril mientras agacha la cabeza como haciendo una reverencia.
– ¿Escucharon eso? – Pregunto Emily y las tres jóvenes permanecieron en silencio por un momento.
– ¿Qué cosa, Emily? – Pregunto Jessica acercándose a ella.
El silencio era eterno, tal vez Emily se había equivocado pero no del todo. Abril sintió nuevamente esa sensación familiar, esa presencia omnipresente. Lentamente se acerco a la puerta, se imagino que estaba detrás de la puerta, esperando a que ella saliera y poder atraparla y comer la carne jugosa de su corazón. El aire se volvía espeso, comenzaba a incomodar el silencio en la habitación, en el interior de cada joven, sobre todo en Abril. Sintió que su corazón latía con fuerza, poso su mano lentamente sobre la puerta blanca. Entre el silencio de la habitación se podía sentir la respiración agitada de Jessica, el rechinido de la puerta erizo su piel, un sonido ahogado de pasos se escucho en la planta baja de la casa. “Una muerte segura” pensó Abril. De repente, un fuerte golpe de furia, como un huracán lleno de odio, como un ronquido malicioso.
Las tres jóvenes se espantaron del susto, salvo que Abril salto como un conejo lleno de miedo y cerro la puerta con fuerza:
– ¿Qué habrá sido eso? – Pregunto Jessica con voz temblorosa.
– No lo se…Pero voy a averiguarlo – Dice Abril abriendo nuevamente la puerta.
– ¡No, espera! Iremos contigo… – Dice Emily acercándose a ella.
– ¿Que? – Exclamo Jessica – Yo no…
– ¡¡No seas cobarde!! – Dice Jessica tomándola del brazo.
Caminaron por el pasillo lentamente, dando pasos suaves, como si estuvieran en una casa desconocida, como procurando que la bestia asesina despierte, que las tome entre sus garras, y las devore de un solo bocado. Escalón tras escalón, con el corazón en la boca, bajaron a la sala de estar y nuevamente sintieron otro golpe, pero este fue más suave:
– Quédense aquí, iré a ver… – Susurro Abril dejando a sus amigas sin decir nada.
Abril sintió el ruido desde la cocina, sin miedo entro en ella, la presencia familiar apreso su alma, el susurro espectral en sus oídos, palabras que no comprendía, todo parecía una pesadilla. En la oscuridad sintió que esa presencia la vigilaba. “La misma de esta tarde” se dijo. Busco el interruptor de la luz, sentía que se acercaba a ella, que la tomaría del cuello hasta estrangularla. Camino entre la oscura habitación, y acaricio la pared con ambas manos, buscando encender las luces de la cocina.
De repente, el frío en su mano izquierda quebró su valentía. Una mano desconocida, tomo la suya, pero con la otra mano y logro encontrar el interruptor mientras lentamente los dedos fríos de la farra acechadora soltaban la mano de Abril. Toco el interruptor con fuerza y las luces iluminaron toda la cocina, obligando a Abril taparse por el ardor de sus ojos marrones. Busco con la mirada aterrada el atrevido que entro a su casa sin su permiso, pero no había nadie, estaba sola.
El golpe tuvo lugar nuevamente, y Abril advirtió que solo era la ventana abierta que golpeaba la pared por el viento. Se acerco a ella y la cerro, miro el exterior entre la oscura noche, pero no vio nada extraño. Emily entro corriendo y se acerco a Abril y le pregunto:
– ¿Qué sucedió, Abril?
– Solo se abrió la ventana…
– ¡Ah! – Exclamo Emily – Que susto, pensé que tal vez alguien se había metido a la casa…
– Si… – Susurra Abril pensativa.
– Bueno, continuemos, traje otra película excelente para ver…
Mientras salían de la cocina, Abril pensó en lo que había dicho Emily. ¿Era posible que alguien entrara a la casa? Los pasos ahogados, la ventana abierta, la mano. Ah, la mano. El corazón de Abril dio un vuelco, había recordado esa mano, aun podía sentir el frío roce en su piel. La había tomado de la mano pero con gentileza, no con brutalidad, y sobre todo, no la había querido asesinar, solo el tomo de la mano, con cierto afecto, como si ese desconocido, quien fuera que fuese, hiciera todo ese escándalo solo para asustarla, para llamar su atención, para tenerla cerca. Pero la verdadera pregunta era: ¿Quién era ese desconocido que la acecho?
Aaron permaneció sentado en el techo de la casa que había seleccionado el extraño, tratando de entender porque la había seleccionado. Busco una forma, una solución, tenia que detenerlo, pero no sabia como. Había entrado por el otro lado de la casa, la ventana estaba abierta, estaba a punto de entrar pero una fuerza no se lo permitió, en ese momento sintió una risa malévola en sus odios, burlándose de el, una y otra vez. El odio se contraía en su pecho, la paciencia se terminaba en todo su cuerpo.
“Vamos… ¿Qué estas esperando?” le dijo nuevamente en su mente mientras continuaba riendo. ¿El mismo estaba haciendo una barrera de poder sobrenatural? ¿Quería demostrarle que era mas listo que el?
No, nada de eso. Aaron había recordado entonces, que en la enseñanza de su “nueva vida”, no podía entrar a hogares sin el consentimiento del dueño. Se había sintió tonto en ese momento. De todas formas, el fue mas listo. Con su mente, busco su corazón, y se dejo guiar por ese latido. Un paso, otro paso…observo desde su mente como se movía dentro de la casa. De pronto, ese palpitar. Lo detuvo al instante, distrayéndolo de su trabajo. Sintió que se acercaba lentamente, pero con un latido rápido, sintió su miedo, vio las imágenes en su mente, creyendo que la muerte había llegado.
“Tranquila, no dejare que nadie te haga daño” pensó. Deseaba poder decírselo en persona, se estaba cercando cada vez más, y tuvo que alejarse de la ventana, antes de que pudiera verlo. Vio una silueta extraña, pareció dar un brinco y cayo al suelo ileso. Lo observo detalladamente, por mas que estuviera oscuro, el podía ver hasta el color. Sintió ese aroma nuevamente, whisky con menta. Pudo ver la silueta moverse. Vio sus ojos, y pudo ver el color naranja rojizo, como llamas ardientes, como los ojos de un psicópata demente, mientras le dedicaba una sonrisa tan malévola, que Aaron casi se asusto de tanta maldad. Se había dado cuenta que era el y que lo estaba provocando. Corrió velozmente hacia la silueta, y con toda la fuerza de su ser, soltó un puño sobrenatural sobre el, intentando detenerlo, pero la sombra siniestra había desaparecido. Busco con la mirada entre la oscuridad, mientras sentía en su mente la risa como un eco espectral…una y otra vez.

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