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Nosferatu (Capitulo III)

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En la mañana siguiente, Abril y sus amigas desayunaron tranquilas y un poco resacadas, ya que habían pasado una excelente noche, el día anterior. Eso incluía el susto que se pegaron. Abril no pudo parar de pensar en eso, la oscuridad de la cocina, el escalofrió aterrador, la mano fría. La mano. Abril se estremeció y Jessica la miro extrañada, luego le pregunto:
– ¿Te encuentras bien?

Entonces Abril la miro. Jessica vio el brillo de sus ojos marrones, pudo leer lo que sucedía en esos ojos cansados y decepcionados. Quiso adivinar que pasaba, y se preguntó si la respuesta era Aarón. Pero Abril pensaba en otra cosa, tenía curiosidad por lo sucedido de anoche. Si alguien verdaderamente entro a su casa o solo era su imaginación. Pero no encontró respuesta, una explicación racional. Creyó que se iba a volver loca:
– ¿Tienen planeado hacer algo hoy? – Pregunta la madre de Abril para romper el silencio.
– Yo tengo que ir a cuidar a mi abuela – Dice Jessica mientras tomaba un sorbo de café.
– Yo le prometí a mi hermanito que lo llevaría al pelotero – Dice Emily mientras observaba a Abril.
– Pronosticaron una fuerte tormenta para esta noche – Dice el padre de Abril mientras tomaba el diario y le besaba la mejilla a su esposa – Espero que no sea tan escandalosa la cosa…
– ¿Cuando vuelves? – Pregunto Abril volviendo a la normalidad.
– El lunes por la tarde, linda…
– Prométeme que me traerás algo – Le dijo Abril con una mirada traviesa.
– Lo hare – Dice su padre mientras besa su frente.
– Buenos, ya debemos irnos… – Dice Emily mientras se levanta.
– Yo las acompaño a la puerta…

Las dos jóvenes tomaron sus cosas y caminaron hacia la puerta. Cuando ambas salieron a la calle junto con Abril, la observaron con sobriedad en sus miradas y Abril las miro extrañada:
– ¿Qué sucede? – Pregunto entonces Abril.
– Admítelo, Abril. Lo extrañas demasiado – Dice Emily sonriendo.
– Estas loca por el… – Dice Jessica sacudiendo la cabeza con orgullo.
– Bien, eso es todo por hoy, chicas – Dice acercándose a ellas – Las veré mañana en la escuela…
– Adiós, Abril -Dijeron a coro sus dos compañeras mientras se retiraban.

Abril las observo como se iban alejando a paso veloz. Sonrió un instante. ¿Era cierto? ¿Estaba muy interesada en Aarón?:
– ¿Quién te interesa? – Pregunto esa voz familiar detrás de ella y Abril se sobresaltó.

Esas palabras tomaron su cuerpo obligándola a dar media vuelta y lo vio. Contemplo su figura de arriba a abajo. En un instante, guardo todo en su mente, sus ojos oscuros, el brillo dorado de su cabello, la sensual carne de sus labios. Era el. Ninguno otro. Estaba frente a ella, sonriendo.
Ese chico risueño estimulaba los sentidos de sus pensamientos, era como un arcoíris mágico de manera que sorprendía el espíritu de Abril. Estaba totalmente paralizada, no sabía que decir. El lentamente abrió la boca dijo:
– Hola Abril… – Sintió en su piel la serenidad de su voz. Era como un profundo mar de paz.
– Hola – Dice mientras aclaraba su garganta – Que… ¿Qué haces aquí?
– Bueno, caminaba por aquí y te vi salir con tus amigas, entonces, decidí saludarte – Sin subir un solo tono, la voz de Aarón estaba totalmente relajada, de manera que tranquilizaba a Abril – Si prefieres puedo irme…
– ¡¡No, no lo hagas!! – Grito Abril y miro a Aarón con ojos como platos.

Él le dedico una sonrisa y se acercó a ella. Abril sintió que estaba demasiado cerca, pero para su corazón era suficiente. Sintió su respiración, el aroma de su colonia. Era todo un sueño, hermoso era una palabra demasiado débil para describirlo. Se observaron un buen momento. Abril vio cómo se tensaban los músculos de sus brazos. Deseaba abrazarlo para no soltarlo nunca más. Aarón la miraba fijamente, la negrura de sus ojos la llevaban a lo más profundo de su oscuridad, manteniéndola segura en sus misterios. Era demasiado para Abril, estaba a punto de colapsar, iba a soltar un “Te quiero” pero al abrir la boca dijo:
– ¿Te gustaría caminar un rato? – Luego soltó el aire que se estaba aguantando, de manera que él, al estar cerca de ella, le sacaba el aliento.
– Me encantaría… – Respondió Aarón con una sonrisa, mostrando la blancura perfecta de sus dientes.
“Abril, relájate” pensó mientras caminaba a su lado. Lo observaba de reojo. Era tan bello. Hablaron de cosas interesantes, de esto y de aquello. Aarón la observaba de reojo y cuando ella lo descubría él le dedicaba una sonrisa. Una sonrisa alentadora. Era tan agradable que Abril sentía punzadas de alegría en su corazón:
– Siempre deteste el invierno…
– Es más preferible que estar en llamas – Dice Abril con voz queda – Aunque, admito que no soporto el frio de vez en cuando…
– ¿Anoche la pasaron bien? – Le pregunto Aarón y Abril lo miro extrañada.
– ¿Cómo…? Claro que es muy obvio – Dijo ella y Aarón soltó una suave carcajada – Si estuvo fabuloso…
– Siempre es bueno tener amigos – Dice el mientras le dedica una sonrisa.
– Si…mientras que no te traicionen…
Hubo un silencio mientras continuaban caminando. Abril tuvo su más completa atención. Para ella no era un típico silencio incomodo, era agradable. Un silencio agradable:
– Entonces, es preferible estas solo…
– No exageres, yo creo que los amigos siempre están. Para acompañarte, incluso para ponerse en tu contra…
– Mientras que no te asesinen – Dice Aarón y Abril frunce el ceño. Ambos se miran por varios segundos y se echan a reír.
– Supongo que tienes razón – Dice Abril tratando de calmar la risa – No pueden tener fe en cualquiera que se te cruce.
– La traición está presente donde quieras que estés – Dice Aarón mientras se detiene.
– Yo creo que lo que no te mata – Hace una pausa cuando cae en la oscuridad de sus ojos – Solo te hace más fuerte…
Se observaron el uno y el otro. Abril sentía como su mente era tomada por la oscura seducción de los ojos negros de Aarón. El la miraba fijamente. El mundo se cerraba en ellos. Estaba muy cerca de él, podía sentir su respiración. Podía ver como se tensaban sus músculos. Pero Abril recordó en ese entonces, que se había dado por vencida. Que había renunciado a todo. Que había renunciado a él, a esos ojos sacados de la más oscura noche, el brillo solar de su dorado cabello, a esos labrios carnosos tan deseados. El dolor embargo su corazón, y de inmediato salió de esa oscuridad seductora. Se alejó lentamente de él y dijo con suavidad:
– Creo que debería iré, mis padres…mi madre debe estar preguntado en donde estaré…
– Sí, claro…he – Balbuceo Aarón – Te veré mañana…
– Seguro, adiós Abril…
Aarón observo como se alejaba. Investigo todos sus movimientos. Como se movía el rizado de su pelo negro, pudo ver su brillo y sintió su aroma. Aarón suspiro. Creía estar soñando. Pudo hablarle y ella se mostró natural, igual que él. No quería que se vaya, pudo ver su mente y pudo sentirlo. Sintió su dolor, sintió que lo podía quererlo, sintió que tenía que estar lejos de él. Y eso lo lastimo demasiado. Pero mientras pensaba en ella, sintió una oleada extraña a su alrededor:
– Aarón, ¿Dónde estás?
Un llamado familiar. Lo sabía. Era importante:
– ¿Qué sucede Carla? – Pregunto el en su mente.
– Te necesito. Es urgente… – Dice la voz femenina en sus oidos.
– Solo dime…
– Tengo noticias de ellos…
Aaron busco con la vista. Trato de ubicar con su mente sonrie, en que parte más cercana estaba ella. Sintio su respiracion, su palpitar. Parecian acercarse de a poco a ella. Sintio su fuerza atras de el:
– Ya no necesitas buscarme, tonto – Dice Carla y Aaron se da media vuelta mientras sonríe.
Carla, una simpática joven de cabello rojizo, era una de sus colegas. Otra criatura chupasangre como el. Al tiempo de conocerla, se hicieron buenos amigos:
– Hola Carla…
– ¿Has crecido, Aarón? – Pregunto ella sonriente mientras se acerca a el.
– Que graciosa – Dice Aaron mientras se cruza de brazos. Luego se pone serio – ¿Cual es la noticia?
– Estas perdiendo el tiempo, Aaron – Dice Carla mientras toma una hoja seca del arbol mas cercano.
– ¿De qué hablas? – Pregunto el confundido.
– Ellos creen que estas muy distraído – Susurra ella mientras se acerca un poco más a Aaron.
Aaron no logra entender a que se refiere, cual era el problema, el porqué de su visita. Aaron lo razono sin prisa. Carla estaba en la razón. Se había distraído demasiado, sabia porque. Lo pensó sin parar. Sus ojos marrones, su cabello oscuro, su sonrisa…esa sonrisa reconfortante. Carla lo miro con lastima. Aarón bajo la cabeza. Se sintió avergonzado. Admitió que no podía evitarlo. Parecía estar soñando, y solo era una hermosa realidad. Por un momento sonrió, pero la vergüenza lo devasto:
– Lo siento, Carla – Dijo lentamente – No puedo evitarlo, es que. Yo…
– No pierdas el tiempo con ella, Aarón – Dice Carla posando su mano sobre su hombro.
– Es que, siento que…debo estar cerca de ella – Dice Aarón mientras levanta la cabeza – No sé por qué razón, pero creo que…
– No Aarón – Dice ella interrumpiéndolo. Aarón al detenerse la observa indiferente – Olvídate de ella. Debes buscarla, antes de que sea demasiado tarde.
Aarón sintió pequeñas lágrimas ardiendo en sus ojos. Carla tenía toda la razón, pero no podía hacerlo. No se refería a lo sentimental. Ella. Abril. Tenía más que ver con otra cosa importante. Todavía no sabía que era, pero quería saberlo. Meneo la cabeza y miro a Carla que esperaba que estuviera dispuesto a rendirse, y le dijo:
– No puedo, Carla – Susurro.
– Tienes una misión. No puedes desviarte del protocolo…
– ¿Acaso me estas escuchando? – Pregunto el levantando su tono de voz – No lo hare…
– Debes hacerlo. Debemos detenerlo a…ya sabes. Cuanto más rápido mejor, ya lo veras…
Carla se alejó de Aarón lentamente. Le dedico una sonrisa. El permaneció quieto sin decir nada. La sonrisa desapareció de su rostro. Se dio la media vuelta y se fue…veloz. Aarón solo se quedó quieto, totalmente serio, mientras una lágrima roseaba su mejilla derecha. No quería olvidarse de ella pero tampoco quería dejar su misión. Estaba atrapado, entre lo que quería ser y lo que era. No era normal, no era un ser humano común. Lo sabía. Y Abril era muy independiente, muy extrema como para aceptarlo. Pero de todos modos, no quería dejarla ir. No ahora.
Cae la noche cuando Abril observaba el cielo estrellado desde la ventana de la sala de estar. Las nubes revoloteaban entre ellas, tapando la luz tenue de la luna llena, era obvio que estaba a punto de llover. Sus padres continuaban en el trabajo. Aarón no se escapó de su mente en todo el día. Ese paseo de cinco minutos, para ella fue como una eternidad. Pero de todas formas, ya había renunciado a él. Y no había marcha atrás. Una punzada en su pecho hizo que se retorciera de dolor. Sabía que no podía dejarlo ir, que no debía dejarlo ir. Su corazón, su espíritu, su alma, todo de ella, no podrían resistirlo. Pero era lo mejor. Si tanto lo quería, tenía que dejarlo partir, por mucho que le duela. Una lagrima salada rizo su rojiza mejilla. ¿Qué sucede conmigo?, se preguntó.

No podía lamentarse por un joven tan atractivo y misterioso como Aarón. Aunque tenía curiosidad por ese misterio que mana en la oscuridad de sus ojos negros, el brillo dorado de su cabello rubio, la blancura celebre de su sonrisa seductora, la forma en que se tensaban los músculos de sus brazos y tórax, de manera que Abril se arrodillara de los nervios. Sin embargo, volviendo a la realidad, era demasiado buena para él. Una simple mirada, o una invitación a caminar, de esa forma no puedes conquistar a chica. Mucho menos a una joven discreta como Abril. Ella se rio ante la idea de una descripción propia. Las gotas de lluvia chocaban contra el vidrio de la ventana.

Camino hasta la cocina sin ganas, pero tenía que tomar algo fresco, tenía la garganta árida. Al abrir la nevera, sintió que golpeaban la puerta trasera. Abril se asustó. ¿Quién podría ser? Tal vez el idiota que les había dado un buen susto a ella y sus amigas la noche anterior. ¿Lo seria o solo fue producto de su imaginación? Mayormente, sea lo que sea, tocan en la puerta del frente. Pero lo importante era lo que este del otro lado de la puerta. ¿Un ladrón? ¿Un perro tal vez? Nuevamente tocaron y Abril se sobresaltó al duro golpe. “Solo hay una manera de averiguarlo” pensó. Tomo valentía.

Abril podría asustarse pero nunca tenía miedo. Aprendió a enfrentar sus miedos desde pequeña. Se acercó lentamente hacia la puerta, y al tomar aire con profundidad, la abrió con rapidez, y no podía creer lo que estaba viendo. Estaba totalmente empapado, frente a ella, esa figura perfecta, sus ojos sacados de la oscura noche, y su cabello sacado del ardiente sol. Lo observo de arriba abajo y las palabras estaban estancadas en su garganta, no sabía que decir pero el hablo primero:
– Hola, Abril… – Dijo Aarón un poco rezagado.
– Aarón…han… – Balbuceo Abril – ¿Qué haces aquí?
– ¿Te molesta si paso?
– Sí, claro. Pasa – Respondió Abril haciéndose a un lado.

Aarón entro a su casa seguro, estaba todo mojado por la lluvia, Abril estaba atónita. Aún seguía sin creerlo. Ya es el segundo encuentro en el mismo día, y de la persona menos esperada. El daba pasos suaves y ella lo seguía como un perrito perdido. En ese momento, él se detiene y ella choca contra su enorme espalda. Al levantar la mirada, se encuentra con sus oscuros ojos, observándola, entreteniéndose con los ojos de Abril. No sabía que decir, no le salían las palabras. Él sonrió levemente, confortando el corazón de Abril, el separo sus carnosos labios, y dijo:
– Deberías cerrar la puerta, antes de que se meta algún asesino en serie… – Su voz era tan pura que Abril no podía limitarse a las órdenes que él diga.
– Si, seguro. Claro… – Balbuceo nuevamente mientras se acercaba a la puerta.

“Cálmate, Abril” pensó. Es solo un chico, dentro de tu casa. ¿Dentro de la casa? Abril apenas lo había notado. Hacía años que un joven estuviera dispuesto a ir a visitarla. Cuando el centro del universo era nada menos que el muy “imbécil” de Brandon, ella tenía que suplicarle de rodillas para que vaya a su casa, incluso cuando estaba deseosa de que la invitara a salir. “Patán” pensó con odio. Al recordarlo, la cólera, la furia, volvía a correr en sus venas, como un veneno letal. Jamás lo olvidaría, fue un golpe tan duro para ella, pero admitía que se había enamorado, ciegamente, de Brandon con locura. Y dudaba ante la idea de volver a sentirse así por una persona, hasta ahora:
– ¿Todo está bien? – Pregunto Aarón detrás de Abril, de modo que esta se sobresaltó.
– Sí, todo está más que bien – Respondió mientras cerraba el cerrojo de la puerta trasera.

Aarón sonrió levemente, Abril lo supo, era una sonrisa de aliento. Él pudo sentir como se sentía en ese instante pero… ¿Cómo? Estaba frente ella, con las manos en los bolsillos, totalmente empapado, y seguro muerto de frio:
– Sígueme… – Dijo ella sacando la timidez que azotaba su corazón.

El como un niño obediente la siguió. Lo guio hasta la típica sala de estar, en la chimenea el fuego ardía incansable. Le dijo que se sentara cerca de él, e iría por una toalla. Al entrar al lujoso baño cubierto por el aroma de las frutas silvestres, cerró la puerta con fuerza. Los nervios volvieron a ella como un trueno. Exhalo e inhalo aire constantemente. Se observó en el espejo, sus rizos estaban algo revoloteados, los acomodo un poco con las manos. Su rostro estaba bien. “Todo está en su lugar” se dijo así misma. Tomo una toalla y salió del baño. Al entrar a la sala, Aarón la estaba esperando, sentado cerca de la chimenea.

Al verla entrar, le dedicó otra mirada de aliento. Esa sonrisa suave que dejaba que sus ojos negros tuvieran un brillo especial. Abril sentía que se iba a desmayar. Le entrego la toalla y el aprovecho para secarse el pelo mojado. Se sentó en el suelo, a unos centímetros de él. Si se sentaba a su lado, iba sentir que le agarraría un infarto:
– ¿Qué te trae por aquí, Aarón? – Pregunto Abril con valentía.
– Primero… – Dijo y luego dejo escapar una pequeña carcajada – Estaba algo aburrido. Y segundo…

Hizo una pausa, una eterna pausa. Observaba el fuego arder, danzante entre el pequeño tronco quemado. Luego, puso sus ojos oscuros en Abril, la observo atento. El brillo en sus ojos era más intenso. Abril lo miro impresionada. No sabía que expresión tenía su rostro en ese momento, pero ella se sentía así. Le sorprendía que el chico nuevo la visitara con frecuencia. Que la mirara de esa forma que te miran los jóvenes cuando…
“No te hagas ilusionar, Abril” pensó Abril. Tal vez podría suceder, tal vez no. Pero tenía que tener cuidado. El nuevamente soltó una carcajada y dijo:
– ¿Sabes realmente porque vine, Abril? – Pregunto Aarón con voz queda. Abril estaba por responderle pero el la interrumpió – Porque no podía parar de pensar en ti… ¿Podrías explicarme porque?
– ¿Qué? – Abril no podía creerlo. Su corazón dio un vuelco al escuchar esas palabras.
– No sé por qué, pero – Dice el acercándose a ella – Desde que te conocí, no quiero estar lejos de ti…
– Espera – Dice Abril interrumpiéndolo – Es una broma ¿Verdad?

Aarón la observa con seriedad. El silencio del joven tensaba el cuerpo de Abril. Ella intento ponerse divertida, de verdad sentía que era una broma para ella, pero Aarón permaneció inmóvil, sin ninguna expresión en su rostro. Abril dejo de reírse y meneo la cabeza con negatividad:
– Espera – Hizo una pausa – Eso es…
– ¿Imposible? – Pregunto Aarón interrumpiéndola.
– Si porque tú eres, bueno, muy atractivo y… – Balbuceo Abril mientras él se acercaba más a ella – ¡No! ¡Detente! Aarón no…
– Tú no piensas lo mismo de mi ¿Verdad? – Pregunto el mientras sonreía.

Abril no dijo nada. Esa pregunta no sabía si responderla con un “si” o un “no”. Ella sabía que, le costaba no pensar en él. Que él había tomado su corazón desde el primer momento que lo vio. Que deseaba poder estar frente a él todo el tiempo y que él no deje de contemplarla con el oscuro brillo de sus ojos negros. Quería decirle lo que sentía. Pero su corazón había sufrido demasiado y ya no quería sufrir. Si le decía que si, iba a sentirse como una tonta. Y si le decía que no, iba a sufrir, pero era lo mejor para ella y para Aarón. En ese momento, él se acercó a ella, y acarició su mejilla. Y le susurro:
– Yo jamás te lastimaría, Abril.
– Pero, ¿Cómo…?

Antes de que pudiera terminar la oración Aarón la detuvo. La detuvo con un beso. Abril se preguntó cómo supo lo que pensaba. Pero ya no era lo importante eso. Ahora lo supo, ya no era una broma, no estaba soñando, ni siquiera era una ilusión. Él estaba ahí, lentamente tomo el rostro de Aarón con ambas manos. Hizo que beso sea más intenso. El la tomo con cariño de la cintura. Abril sintió estar en volando, estar en un mundo sin gravedad, donde no haya nadie que los moleste. Donde el brillo de un arcoíris los iluminaba. Donde ella podía ser ella misma. Donde Abril no tenía que sufrir por dejarlo ir. Ese era su mundo. Su mundo con Aarón. Ella parecía no poder soltarlo, algo la impulsaba a que se continuaba, ya no podía estar negando que lo deseara. Él se acercó a ella, confeso y la beso. Sintió la dulzura de sus labios, sintió la sinceridad del tocar los de el con los de Aarón. Un ruido los detuvo. Provenía de la puerta principal:
– ¡¡Son mis padres!! – Dice Abril alejándose de Aarón.

Aarón la detuvo tomando su muñeca con suavidad. Abril observo sus ojos oscuros. Estaba sonriendo. Le sonreía a ella. Ella le devolvió la sonrisa y Aarón parpadeo agradecido. La magia continuaba alrededor de ambos jóvenes. Una voz se escuchó haciendo eco en los oídos de Abril. La oscuridad de sus ojos la tomaban cada vez más. Hasta que:
– ¡Abril! – Grita su madre. Abril menea la cabeza volviendo en si – ¿Está todo bien?
– Si, bueno. Él es Aarón – Dice ella mientras se pone a su lado – Es un amigo de la escuela, vino a visitarme…
– Oh. ¿Qué tal, Aarón? – Dice su madre mientras sonríe amablemente.

Su padre más que feliz, parecía estar serio. Muerto de envidia, dispuesto a proteger a su única hija. Abril se percató de eso durante el silencio incómodo. Y decidió llevarlo a su habitación, antes de que su padre lo eche a patadas:
– Papa, ¿No deberías estar en un viaje de negocios?
– Se canceló – Respondió su padre sin sacarle la mirada a Aarón.
– Bueno. ¿Vamos a mi cuarto? – Pregunta Abril mientras se acerca a Aarón.
– Claro, disculpen la molestia…
– No te hagas problema, querido – Dice su madre mientras se saca el saco de pelaje de animal.
– Ten cuidado, hija – Dice su padre mientras Abril lo guía a Aarón a subir las escaleras.

Lo tomo de la mano cómo cual pareja romántica. Entraron a la habitación de inmediato antes de que el padre de Abril no se limitara a respetar la privacidad de su hija. Rápidamente cerró la puerta, por las dudas tomo una llave que estaba guardada en una de sus mesitas de luz y procuró cerrar la puerta con llave:
– Tu padre tarde o temprano iba a cortarme la cabeza – Dice Aarón sonriente mientras se sentada muy cómodo en la cama de Abril.
– Ya se acostumbrara…

Abril observo a Aarón con vergüenza. El la miro relajado mientras se acomodaba el pelo. Ambos permanecieron en silencio. Pero el deseo estaba regresando. Atormentaba sus mentes. Abril ya no podía contenerse. No quería acercarse a él. Pero Aarón la observaba con seducción y esa la volvía invulnerable ante la contención. Sin más pensarlo, se balanceó sobre él, como un depredador gustoso de devorar a su presa. Lo besó. Lo beso con pasión. La lujuria corría por las venas de ambos jóvenes. Aarón la recostó sobre la cama con suavidad. No quería lastimarla. Abril sintió como besaba su cuello haciendo que se retorciera de placer. Comenzó por sacarle su campera negra. Aarón apresuro en sacarse el suéter también de color negro mientras que Abril en la parte de arriba solo tenía puesto su corpiño blanco. Continuaron besándose, mientras la pasión seguía creciendo en ellos:
– Aarón, espera – Dice Abril entre medio de un beso.
– No, Abril – Dice el mirándola con sus oscuros ojos – No quiero dejarte, no ahora que te tengo toda para mí…
Abril quedo sorprendida ante lo que dijo Aarón. Continuo besándolo mientras acariciaba su espalda. Piel con piel, respiraban el mismo aire. Una presencia destructora irrumpió en la mente de Aarón. Sintió su ira al gritarle en su mente. Pero no fue solo eso:
– ¡Ahhh! – Grito Abril. Aarón la tomo entre sus brazos con fuerza y cayeron al suelo para protegerla.
– ¿Estás bien, Abril? – Le pregunto mientras se alejaba de ella para examinarla.
– ¿Que fue eso? – Pregunto Abril mientras se vestía.

Sin esperarlo, el vidrio del ventanal de la habitación, se rompió en mil pedazos, cayendo sobre los jóvenes. Aarón se asustó ante la idea de que Abril saliera herida, pero se relajó al ver que ella estaba ilesa. No dejaban de golpear la puerta. Los padres de Abril desesperados por saber si se encontraban bien. Abril se apresuró por abrir la puerta. Cuando lo logró, su madre la abrazo con fuerza, zarandeándola con locura:
– ¿Qué fue lo que paso? ¿Estás bien, hija?
– Si, mama. Por favor detente…
– ¿Cómo fue posible que se rompiera el vidrio? – Pregunto su padre mientras revisaba la ventana – Seguro algún imbécil que quería estorbar.
– Será mejor que me vaya – Dice Aarón sin previo aviso.

Salió de la habitación sin decir nada más. Abril corrió tras él. Pero era increíble, el ya no estaba ahí. Bajo las escaleras rápidamente. Él ya estaba a punto de salir por la puerta principal. ¿Cómo llego tan rápido ahí?:
– Aarón… – Dice ella acercándose a el mientras este se da media vuelta – No te vayas.
– Debo irme, es tarde ya – Dice el mientras mira el reloj colgado arriba de la puerta.
– Quédate – Le susurra en el oído mientras lo abraza.
– No puedo quedarme – Le siguió El susurro y luego la alejo para mirar sus encantadores ojos – Pero te prometo una cosa. Si mañana lo prefieres, podemos salir después de clases, ¿Qué me dices?
– Te veré mañana entonces – Dice mientras sonríe.

Aarón le devuelve la sonrisa, besa su frente y se retira. Abril al cerrar la puerta, suspira alegre. Camina hasta la sala de estar pensando en estar volando en el cielo. Se sentó sobre uno de los sofás, mientras sentía el perfume de Aarón sobre su remera. Permaneció recostada, recordando cada segundo, cada caricia…cada beso.
Supo que esta vez, ya no había marcha atrás. Él se acercó a ella, le dijo lo que sentía y se lo demostró. Ya no podía seguir huyendo de él. Tenía que estar dispuesta a quererlo, ya no se podía permitir engañar por el pasado. Sintió unos pasos que se acercaban a ella:
– Abril, esta noche tendrás que dormir aquí o mejor hasta que arreglemos la ventana – Dice su padre mientras acaricia su cabeza.
– De acuerdo – Dice Abril con voz relajada con la vista clavada en la chimenea.
– ¿Estás bien, querida? – Pregunto su padre con rostro preocupado.
– Perfectamente…

Su padre la observo extrañado. Luego de unos segundos, se retiró. Abril continuaba en la ensoñación. Recordando una y otra vez la perfección de aquel momento. Lentamente comenzó a sentir pesados los ojos. Todo su cuerpo pedía descanso. Sintiendo que un bienestar estaba tomaba su corazón. Algo que hace tiempo no había sentido en su interior. Algo que una persona podía provocar con una sonrisa, con palabras de aliento, con visitas inesperadas. Pero Aarón no sonrió lo suficiente para que sucediera, ni dijo alguna frase alentadora como: “Yo sé que puedes hacerlo. ¡Eres muy capaz!”. Mucho menos que la haya visto más de una vez. No. Era más que eso. Al estar cerca de él, su corazón latía sin cesar. No podía no permitir tocarlo. Lejos de él, sin importar la distancia, podía sentir su piel fría rozar la suya. Era algo extraño e increíble a la vez.

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