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Nosferatu (Capitulo IV)

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Abril se levantó a la mañana siguiente sintiendo algo de esperanza en su corazón. Siempre amanecía con una sensación desconocida. No podía descifrar si era tristeza o felicidad o ira o desesperación. Pero esa mañana, esa misma mañana, sabia como se sentía. Mientras estaba camino, podía sentir esa sensación correr por todo su cuerpo, por sus venas, por cada neurona de su cerebro. Lo sentía, y estaba feliz por ella, jamás había estado con tanta felicidad en sí misma. Sus más fieles amigas estaban esperándola, seguramente ansiosas por saber si ya se había arrepentido de olvidar a Aarón.

“Aarón” pensó Abril mientras suspiraba. El brilloso de su cabello dorado abrazo su corazón mientras la oscuridad de sus ojos la sonrojaban. Jessica y Emily se sorprendieron al ver la felicidad en sus ojos. La sonrisa especial en su rostro les dio curiosidad, y no se limitaron a preguntar:
– ¿Te sientes bien, Abril?- Preguntaron ambas a la par.
– Hay algo que debo contarles…

Los rostros de Jessica y Emily estaban completamente paralizados cada vez más al escuchar lo que Abril les decía. Cada detalle, cada mirada, cada palabra. Uno mejor que el otro. Abril jamás se había sentido feliz contando algo, ella solía mostrar desesperación en sus palabras, deseos de sentirse bien, segura, a salvo. El rugido de un motor de auto las interrumpió y paralizo completamente a Abril. Las tres jóvenes sonrieron al ver quien bajaba del auto.
A pesar de su piel pálida, estaba más radiante que ayer. El brillo de sus oscuros ojos era más intenso. Su sonrisa parecía más cautivadora que ayer. Se acercaba lentamente mientras Abril sentía sonrojarse. Al estar cerca de ella, su corazón palpitaba de forma inmediata:
– Buenos Días – Dice Aarón suavemente.
– Hola, Aarón – Dijeron las tres jóvenes a la par.
Abril bajaba la mirada de la vergüenza, pero Aarón la animo a posando su mano en su barbilla. Ella lo miro y él le dedico una sonrisa alentadora. El timbre del colegio sonó con fuerza en señal de que ya era hora de entrar. Los cuatro jóvenes se miraban entre ellos y soltaron sonrisas nerviosas:
– Bien, chicas. Es hora de ir estudiar así que las veré luego – Dice Aarón mientras se acerca a Abril para susurrarle algo – Te veré después de clases ¿Verdad?
– Dalo por hecho – Susurro Abril sonriendo.

Entonces Aarón entro rápidamente al edificio mientras Abril y sus amigas sonríen entre ellas del comportamiento adorable de Aarón. Abril jamás había podido compartir este tipo de alegrías con Jessica y Alison. Brandon nunca dio ese tipo de cosquilleo en su corazón, solo parecía haber sido una gota de ilusión que rozo en ella mientras que lentamente se desvanecía a medida que Abril descubría la verdad. Pero eso era pasado para Abril, lo demás no importaba, ya no importaba su frialdad, no importaba haber tenido su corazón tan frio porque Aarón había llegado para poder llenarlo de un fuego lujurioso.

La mañana estuvo cálida, totalmente tranquila, todos los jóvenes en el instituto miraban de forma curiosa y soltaban susurros entre ellos. Una sonrisa agradable en su rostro no era muy común, después de lo sucedido con Brandon y Alice, no se veía muy feliz y con eso ella también pudo llamar la atención de los demás. Cuando estuvo a punto de entrar a su clase de Matemáticas, vio en el pasillo al radiante Aarón. Estaba con un rostro de pocos amigos mientras Alice en el silencio de sus palabras pedían una explicación. Ella lo sabía. Todos lo sabían. Abril loa observo con muy concentrada intenta comprender que aquel Aarón no era capaz de traicionarla. Sin embargo, Aarón, noto que ella lo estaba observando. Sus oscuros ojos se encontraron con los de Abril.

Él le guineo el ojo, en señal de que todo estaría bien y Abril le creyó. Alice no paraba de gritarle y Aarón hizo lo posible para calmarla mientras que Abril no paraba de reírse del histérico comportamiento de Alice, jamás la había visto de esa manera. A finalizar las clases, Abril aprovecho a ir baño, quería asegurar que todo estaba en su lugar, el cabello, el maquillaje y otras cosas más. Mientras ruborizaba sus mejillas, sintió algo a su alrededor, nuevamente eso. Esa presencia que parecía vigilarla, no estaba frente a ella pero ella podía sentirlo, en lo profundo del baño. Las luces comenzaron a titilar, así de la nada, Abril las observo frunciendo el ceño.
De repente, todo era oscuridad. Las luces dejaron de funcionar, apenas podía verse la luz soleada desde la pequeña ventana pero era una ventana antigua. Un pequeño ruido hizo que el corazón de Abril saltara del susto. Venia de la profundidad del baño:
– ¿Hola? – Pregunto Abril mientras le seguía el eco a su alrededor.

Solo silencio. Abril se sintió extrañada porque no era usual ver un baño de mujeres vacío. Cada tres segundos, al menos cinco o seis chicas entraban al baño. Abril lo sabía, lo había calculado muy bien. No era anormal, el mundo femenino siempre pudo llegar a traerle confusión a Abril, a veces le costaba sentirse como las demás jóvenes porque realmente todas eran diferentes y ella también lo era. Pero solamente tenía que comportarse como tal a su manera, y no como hacían las demás. Recordó ese decepcionante día que vivía encerrada en el baño llorando tratando de lograr entender porque Brandon se había comportado como un imbécil con ella. Pudo estar triste, enojada y feliz al mismo tiempo. Realmente no sabía cómo sentirse. Luego comprendió, que fue simplemente una ilusión, Brandon simplemente la hipnotizo con su atractiva mirada y sus mentiras hechas halagos, jamás sintió amor por él, lo que pudo considerar ella al entrar al mundo real. La oscuridad le traía recuerdos que creyó a ver dejado olvidado en el sótano abandonado de su mente. “¿Acaso vivió en la oscuridad de la mentira y yo no lo note?” se preguntó a sí misma.

Finalmente, recordó que había un interruptor para una luz de emergencia a su izquierda. Deslizo los pies lentamente mientras estiraba los brazos tratando de localizar la pared. Al sentir la fría cerámica, reviso donde podría estar ese interruptor. Pero nuevamente, esa presencia que parecía observarla regreso. Como que rápidamente corrió hasta a ella. Podía sentir un aire helado a su alrededor, podía sentir que estaba muy cerca de ella. El interruptor ya estaba por encenderse. La luz titilaba pero parecía funcionar bien. Abril miro a su alrededor. No había nada. Estaba sola. Esperaba un conserje borracho esperando poder matarla del susto. Salió del baño completamente extrañada de todo eso. ¿Acaso alguna broma que quizás no era para ella? ¿Quizás si? Jamás lo sabría. Allison y Jessica se acercaron a ella corriendo:
– ¿Dónde estabas? ¡¡Aarón te está esperando en la entrada!! – Exclamo Jessica mientras Allison la llevaba a los tirones del brazo.

Las tres jóvenes corrieron por el pasillo esperando a que Aarón no se arrepienta. El día estaba soleado, con algunas nubes blancas por allí. Y ahí estaba el. Mas radiante que nunca, mas radiante aun que cuando lo vio en la mañana. Sin embargo, él estaba bajo la sombra de un árbol, llevaba puesta una campera negra, usaba guantes de cuero negro, una gorra negra que tapaba su cabellera dorada y estaba totalmente atractivo utilizando unos anteojos de sol. El corazón de Abril dio un vuelco. Parecía esos chicos rebeldes que aparecen en las típicas películas de adolescentes, el típico malo de las películas de acción o peleas. Mas se acercaba más a él, los músculos se contraían seductoramente. Cuando noto que se acercaba a él, Aarón se sacó lentamente sus anteojos de sol y Abril pudo contemplar con libertad sus oscuros ojos. Mas se acercaba más a él, los músculos se contraían seductoramente. Cada paso era un latido de emoción, de miedo, de alegría.

Al estar más cerca de esos ojos oscuros, más parecía que se ahogaba en su oscuridad. Aarón le dedico una sonrisa y Abril se la devolvió. El la toma de la mano ya considerándola como su nueva chica adelante de todos y caminaron juntos mientras se escuchaba el murmullo de los demás jóvenes. El la invita a subir a su auto y pasearon por las calles a toda velocidad. Tomaron café, caminaron por la plaza, charlaron de eso y aquello. Abril parecía disfrutarlo, jamás se había sentido tan feliz, jamás había tenido tantas ganas de estar con alguien.
Por unos segundos, Aarón parecía haber estado distraído, había algo que lo mantuvo contenido. Parecía estar percibiendo algo, como que si hubiera algo que estuviera mal. Observaba su alrededor reiteradas veces. Abril le pregunto si estaba bien y el pareció dudar su respuesta pero dijo que se encontraba más que bien, mejor aún que podía tenerla a su lado.
Jamás pensó que alguien podría decirle eso. Abril lo vio en sus ojos. Esos ojos oscuros decían la verdad. Ella lo sabía.

Casi estaba poniéndose el sol y Aarón pensó que era hora de que Abril volviera a su casa. Abril le pidió que detuviera el auto a unas cuadras de su casa. Los celos de su padre estarían esperando en la puerta y no sería muy agradable. Luego del problema con Brandon, su padre estaba dispuesto a que no vuelva a sufrir y con la llegada de Aarón, el sería capaz de ponerlo a prueba. Aarón detuvo el auto y ambos jóvenes fijaron las miradas uno del otro. Para ella sería imposible salir del auto y despedirse, para el dejarla ir seria su peor error. No se limitaría a no decirle nada, así que le pregunto:
– ¿Segura que no quieres que te deje frente a tu casa?
– No quiero causarte problemas, de verdad – Respondió ella sonriendo – Además, puedo cuidarme sola…
– No sabía que eras muy ruda – Dice el sarcásticamente – ¿Te veré mañana?
– Claro que si…

Luego de decir eso, lo beso. Lo beso de una manera en que ya no podía alejarse. Poso su mano sobre su rostro para alejarlo lentamente. Aarón no quería detenerse, no quería separarse de ella repentinamente. Pasaron una tarde maravillosa y ahora el tiempo, la disciplina y la noche cercana, les decía que debían separarse. La observo por un pequeño momento, sus ojos marrones decían: “No me dejes ir”. Beso su frente, ella salió del auto y se despidió.
Observo como se alejaba lentamente, como se movían de un lado para el otro esos rizos negros. Como sentía que un poquito más la perdía. Él sabía que no podía estar cerca de ella, que tenía trabajo por hacer. Que tenía una misión que hacer.
Puedo sentir que algo estaba mal. Aarón percibió una oscuridad extraña alrededor de Abril. Una presencia. Su corazón advertía peligro. Su olfato estallo. El whisky y la menta cubrían su nariz de una manera que casi hizo que vomitara. Su piel sintió su velocidad, sus deseos de matar.
Permaneció en el auto, no quería que Abril conociera su verdadera naturaleza. Espero a que se alejara un poco más. Pero el terror en sí, aumento, sintió el miedo por primera vez, y su enemigo sintió satisfacción. Pudo ver sus pensamientos, llenos de maldad, conoció sus intenciones y tan solo no pudo creerlo. Lo supo, y se horrorizo.
En ese mismo instante. No supo que hacer. No se le ocurría nada. Su mente estaba en blanco. Lentamente salió del auto, realmente sorprendido pero asustado al mismo tiempo. No se estaba apresurando y su tiempo se estaba acabando.

Abril sintió que su corazón dio un vuelco. La sensación de que alguien estaba cerca de ella regreso, como un huracán arrasaba una ciudad en pocos segundos. Sintió un escalofrío acariciar su espalda, su respiración se agito, escucho un extraño ruido, algo la estaba vigilando, algo la estaba siguiendo. Sintió un ruido. Provenía de los arbustos. Un ronquido despiadado. Sintió ver una sombra. Una sombra con forma de un monstruo a punto de atacar. Nuevamente sintió otro ruido. Pero fue como unas pisadas, unas pesadas pisadas, ella fue retrocediendo lentamente, su corazón iba a explotar de latir con tanta velocidad, pero el terror se estaba apoderando de ella, se dio vuelta y comenzó a correr rápidamente.
Corrió lo más que pudo. Estaba cerca de casa. Quiso abrir la puerta pero no había tiempo para buscar las llaves. Toco la puerta con desesperación, una y otra vez:
– Papa, soy yo, Abril. Abre la puerta – El grito desesperado se convertía en un eco que solo parecía escuchar Abril – Mama, ¿Estás ahí?

Parecía no haber nadie, tal vez estaban durmiendo, tal vez se fueron. No había tiempo para sacar conclusiones. Su vida corría peligro, ni siquiera tenía segundos. Siguió corriendo. Busco refugio en el bosque. Ya era de noche y todo estaba oscuro. La pálida luz de la luna apenas reflejaba el camino. Corrió hacia lo profundo del bosque, empezó a nevar, se puso atrás de un gran árbol, miro cuidadosamente por el lado derecho del árbol para ver si esa cosa desconocida la seguía persiguiendo, de a poco tomo el aire que le faltaba, nunca antes había corrido tanto…menos por salvar su vida. Se dio media vuelta y el terror regreso en un chasquido de dedos, tenía una mirada perversa, Abril del miedo no podía moverme, estaba mirando esos ojos, esos ojos anaranjados como llamas de fuego ardientes, la acechaban con solo mirarla, la tomo del brazo fuertemente, sus dedos largos y pálidos tocaron su rostro suavemente, recostó la cabeza de Abril sobre su mano, al abrir la boca, vio salir unas finas cuchillas blancas, largas y afiladas. Abril no podía creer lo que estaba sucediendo, quería escapar de eso, con fuerza se liberó de esa pesadilla empujándolo a un lado, quiso correr, pero él ya estaba sosteniendo su brazo con gran fuerza, ella quiso detenerlo pero el la tomo por campera violeta y la tiro por el aire, chocándose contra un árbol, Abril por un momento queda inconsciente, pero abrió sus ojos lentamente mientras se acercaba el horror, ella se quiso arrastrar por la fría nieve lejos de él, pero el golpe fue muy fuerte.
El la tomo nuevamente de la cintura pero ella lo sostuvo de su cuello:
– No, por favor, déjeme ir – Dijo Abril con una voz apagada y temblorosa.
En ese momento, el horror. Sintió una gran cortada en su cuello, grito como nunca antes había gritado, menos de un tormentoso dolor como el que estaba sintiendo ahora. El dolor se puso más fuerte en su mandíbula, sentía el absorber de su fuente de poder, la sangre. Millones y millones de puntas filosas pasaban por su cuerpo, parecía que rápidamente iba a morir. Comenzó a sentir frio. Comenzó a sentirse débil. Sentía no poder moverse. En ese momento el terrorífico dolor se trasladó a todo su cuello y hombro, sentía quedarse sin fuerzas, su cuerpo se adormecía, en ese momento el la soltó y cayó al suelo, con la poca fuerza que le quedaba, Abril movió la cabeza lentamente y la pesadilla había desaparecido. Quiso levantarse, hasta quiso moverse, pero no podía, estaba débil, pudo ver la nieve pintada por su propia sangre, no podía sentir nada pero si sentía el frío aprovechándose de ella.

Aarón apenas pudo razonar. Cuando estuvo a punto de salir de su coche, una niebla desagradable fundió su alrededor. Permaneció paralizado por unos cuantos segundos. No podía mover ninguna parte de su cuerpo. Apenas podía pensar en el dolor que sentía al saber que su misión fracasaría.
Se sentó sobre el capot del auto. Estaba algo mareado. Totalmente confundido. El aire no parecía suficiente, jamás le había sucedido algo así. Sin embargo, el eco de un grito ahogado retumbaba en sus oídos una y otra vez. Finalmente, la oscuridad alcanzo su objetivo. Trato de guiarse por ese aroma a whisky y menta. La profundidad del bosque estaba repleta de ese aroma nauseabundo. Y cada vez más se volvía intenso. Más allá de todo, se sentía seguro de que Abril estuviera a salvo en su casa. Aunque ahora parece no sentir sus pensamientos. No podía escuchar del latir de su corazón. Eso fue extraño para él.
“Ya es demasiado tarde” esa voz fría y monstruosa corría alrededor de su cabeza. Si realmente consiguió lo que quería, no iba a ser un problema para Aarón. Solo debía dejarla morir. Así no tendría que volverse peores las cosas.
“Yo no estaría tan seguro” la criatura perversa sabía lo que pensaba, pudo imaginarse su sonrisa maléfica. La carcajada zumbaba alrededor de Aarón como un eco sin tener un final. Se movió de un lado al otro. Su velocidad parecía debilitarse. No se había alimentado en casi todo el día. Abril estuvo a su lado y no se alejó de él. Estuvo hambriento, pudo sentir animales, corriendo de aquí para allá, con sangre fresca en sus venas, bombeando dentro de sus corazones. Pero algo más hermoso que eso, estuvo frente a él con una sonrisa llena de vida que hacía que olvidara su verdadera naturaleza.
“Basta, Aarón no te distraigas” pensó mientras recapacitaba. El calor de ese recuerdo se murió con la fría bruma de un oscuro bosque. Sentía que cada vez estaba más cerca. El olor de la sangre humana lo atraía como un tiburón deseando atacar. Mientras estaba paralizado, pudo escuchar ese grito, lleno de dolor, de miedo. Sin ninguna esperanza. La nieve blanca se volvía color carmesí. No podía contenerse pero sentía una punzada en el pecho sin saber porque. Su víctima estaba entre la oscuridad y un simple mortal no lo notaria. En cambio, Aarón podía ver cada color que había a su alrededor. El verde de los árboles, el rojo dela sangre, incluso esa campera violeta que…
Aarón se detuvo. Algo llamo su atención. Esa campera violeta, ese pantalón bordo, sus botas marrón claro. Sus rizos oscuros. Aarón observo bien la víctima. Cayó de rodillas, destrozado. Totalmente vencido. Ya no se sentía seguro. Parecía que acabaran de arrancarle el alma sin saber porque. Ahora lo entendía. Entendió por que no podía escuchar sus pensamientos. Porque su corazón no palpitaba. Gateo su cuerpo debilitado hasta su cuerpo. La observo lentamente, su cuello y su rostro estaban cubierto de sangre. Quiso tomarla entre sus brazos con delicadeza, en un susurro incomodo dijo:
– ¿Abril? ¿Puedes escucharme? – Parecía que ya se había ido de este mundo.
Pero agudizo su oído. Espero percibir algo. Parecía imposible. Pero un latir sordo estaba en su interior. Estaba demasiado débil, a punto de morir. Ella permanecía en coma:
– No puedo dejarte morir – Dijo en voz queda mirándola como si ella pudiera escucharlo – No quiero hacerlo…
Jamás pudo imaginar que Abril seria la victima seleccionada. Tenía que hacer algo rápido. No quería dejarla morir.
Rápidamente, muerde su muñeca y busco la forma de que unas pequeñas gotas de sangre cayeran en el interior de la boca de Abril. Ella no parecía reaccionar. Aarón sintió perder toda esperanza. La dejo reposar en el suelo frio. Permaneció en silencio a su lado. Su corazón sin vida parecía estar más muerto que nunca. Las lágrimas ardían en sus ojos. Con fuerza trato de tragárselas, su gusto amargo, era una tristeza que él pensó que había dejado atrás. Cuando el ya no era humano, y lo único que había a su alrededor era sangre, muerte y destrucción.
Pero esto era diferente, se dejó estar, creyendo que estaba a salvo, sin poder pensar que ella era la elegida. Debió haberla dejado en la puerta de su casa. Esperar a que entrara, y asegurarse si la amenaza estaba cerca.
Sus pensamientos fueron interrumpidos. Abril reacciono de una brusca y extraña. Parecía estar muerta, que ya se había ido. Pero su cuerpo respondió a tiempo con la sangre de Aarón. Se retorció, no podía deducir si sentía dolor, se movía con fuerza. La reacción era señal de que su corazón, sus órganos, todo su cuerpo estaba cambiando. Aarón no creyó que sería como él. Sin embargo, no tenía otra opción, si quería que viviera, no quería que se apartara de él tan rápido.
Tal vez no sería tan malo para él, juntos podrían detener la oscuridad que causo todo ese mal en ambos jóvenes. Lentamente, Abril parecía detenerse de a poco. Hasta que finalmente, se detuvo. Ya no se retorcía de dolor por el cambio repentino de sangre, de apariencia, incluso el apetito. Ella continuo inconsciente. Tirada sobre la fría nieve, cubierta de sangre. Aarón no sabía qué hacer. Más que nada, no sabía dónde podía esconderla.
No sería seguro en los cuartos que él se hospedaba, las personas se darían cuenta. Su familia se daría cuenta de su ausencia tarde o temprano. La buscaran y su desesperación llegara al máximo. Ellos sabían que ella estaba con él, sospecharan de Aarón, lo culparan. Lo buscaran insaciablemente. A él y a Abril.
Ella no tendrá problemas pero Aarón sufriría las consecuencias indudablemente. Abril cuando despierte ya no será la misma, ya nunca más. Eso hizo que su corazón sintiera aún más congelado el frio, haciendo que este pudiera morir un poco más de lo que estaba muerto. Sería un peligro que sus padres lo supieran, sus amigas, incluso la ciudad entera.
Una luz reluciente y molesta irrito los ojos de Aarón. Busco refugio entre las sombras pues le ardió bastante más allá que fue un solo segundo. Busco de dónde provenía. Tenía mucha lógica. Estaba a lo lejos. Casi inalcanzable. Era imposible de tocar, de sostener en las manos pero podía sentir su calor. La luz dorada del sol salía de entre los pinos. Estaba amaneciendo. Parecía solo un segundo que la noche había perdurado en el transcurso de su sufrir.
Tenía que refugiarse junto con Abril. El sol podía sucumbir en ellos como el fuego destruye todo a su paso dejando cenizas y escombros.
Aarón cuando llego a la ciudad, lo primero que hizo fue buscar un refugio. El bosque estaba repleto de árboles, arbustos y animales. Parecía perfecto pero él estaba acostumbrado a vivir igual que los mortales. Encontró una pequeña cabaña cerca de la carretera. Permaneció allí por un tiempo, hasta que recibió la noticia de encontrar a Abril antes de que la oscuridad lo haga por él.
No quedaba muy lejos de donde él y Abril estaban. La tomo entre sus brazos y corrió como el viento hacia la vieja cabaña. El sol parecía que cada vez más rápido salía. El amanecer se convertía en mañana. Corrió lo más que pudo. Podía sentir el olor a madera vieja cada vez más cerca. Estaba agotado, se sentía sediento y totalmente vacío. Necesitaba alimentarse de inmediato. Estaba a punto de llegar pero los deseos de comer fueron más fuertes, cayó al suelo, sin fuerzas en sus músculos, en su corazón, en su mente. No sabía si quiera cómo reaccionar intelectualmente.
Hizo lo posible por levantarse, su vista estaba algo nublosa. Abril continuaba inconsciente. La risa maléfica retumbaba en su mente en un eco ahogado mientras que una voz interrumpía con un grito que parecía pedir auxilio. Sintió que alguien se acercaba a Aarón lentamente, los pasos suaves se detienen frente al cuerpo moribundo de Abril:
– ¿Qué es lo que has hecho, Aarón? – Pregunto esa voz conocida que se perdía alrededor de Aarón hasta desaparecer.
– ¿Quién eres? – Pregunto Aarón con tono cansado.
Lo levanta de prisa mientras que Aarón busco la forma de reconocer ese rostro pálido y su cabello rojizo:
– ¿Es enserio? ¿No reconoces a tu amiga Carla?
– Lo siento, estoy muy débil…
– ¿Por qué lo has hecho, Aarón? – Pregunta Carla mientras lo arroja al suelo frio.
– No tenía opción… – Respondió Aarón tratando de enderezarse para poder ver a Carla.
– Se suponía que debías dejarla morir, no salvarla. Nuestros mentores están muy enfadados contigo. Echaste todo a perder – Gritaba Carla enfurecida.
– ¡No pude dejarla morir! ¡Simplemente no pude! – Interrumpe Aarón de un grito que parecía estar muy adentro de su interior esperando salir – Lo que siento por ella no tiene explicación, ella es una parte de mi ser la cual temo destruir por mi cuenta, ella es esa sed, esa curiosidad por querer conocer sus pensamientos, sus virtudes…
Hizo una pausa esperando que Carla pudiera siquiera reaccionar. Pero el rostro de ella, no tenía expresión alguna. Quedo totalmente atónita ante su defensa:
– Jamás había sentido algo así por alguien. Y ahora necesito tu ayuda, Carla.
– ¡Por supuesto que no te ayudare! – Se negó Carla de un grito, totalmente desconcertada – Haz traicionado todo lo que somos, traicionaste tu misión aquí.
Se acercó a él con una mirada de impotencia en la cual Aarón se vio reflejado:
– Traicionaste a tus líderes. Me traicionaste a mí…
– Solo te pido que la cuides mientras yo busco alimentarme, solo eso… – Le dice Aarón como una súplica.
Carla lo observo en silencio, Aarón con la poca fuerza que tenia se levantó mientras contemplaba los pensamientos de Carla. No sabía que decirle. Si o No. No se le ocurría nada para decirle. No se atrevía a mirarlo a los ojos más de lo que podía. Dio un largo suspiro y dijo:
– Está bien, lo hare. Pero prométeme que le buscaras una solución a esto – Dice ella mientras señalaba con su dedo a Abril.
– Te prometo que lo hare – Respondió Aarón sonriendo – Gracias…
Carla tomo en sus brazos a Abril la cual permanecía inconsciente y en un santiamén ya estaba dentro de la vieja cabaña.
Aarón hizo un esfuerzo para poder analizar si algún animal se encontraría lo más cerca posible. Estaba demasiado débil incluso para caminar. Hizo un gran esfuerzo para moverse. Una familia de conejos no estaba lejos de él, pero tenía que ser sigiloso sino quería espantarlos y que salieran corriendo del peligro mientras que Aarón lentamente parecía que perdía toda capacidad de sobrevivir.
Podía sentir la sangre fresca correr por sus pequeñas venas. Se mantuvo como una estatua esperando que la criaturita ya no sintiera su presencia. En ese instante, la toma y absorbe su fuente vital todo lo que puede. Cada mordida, cada gota de sangre, hacían que Aarón ya no se sintiera agotado, chupaba más y más. Podía notar que se estaba terminando como cuando un humano estaba toma tranquilamente una cerveza hasta que no haya más contenido dentro de la botella.
Aarón podía estar de pie ahora. Ya no se sentía cansado, su visión, su olfato, todos sus instintos habían mejorado. Se movía de un lado árbol a otro, ahora con más fuerza. Busco algo más para alimentarse, algo más grande. Podía sentir los pasos de un oso pardo buscando algún lugar para invernar. Percibió sus fuertes latidos, su profunda respiración, las contracciones de sus músculos.
Corrió hacia el a toda velocidad. Ni siquiera lo dejo reaccionar. Lo ataco con todas sus fuerzas, bebió toda la sangre que pudo hasta quedar satisfecho. El oso, sin que Aarón lo esperara, se levantó como si nada hubiera pasado y se fue. Con la manga de su suéter se limpió las gotas de sangre que le colgaban en su barbilla. Ya se sentía mejor. Carla lo esperaba impaciente.
Ya no quería estar al lado de Abril. Continuaba decepcionada por Aarón. Sin apuro, camino tranquilo como cualquier mortal hacia la vieja cabaña.

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