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Paradise Hell (Capitulo I)

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Celeste despertó, sudando como si fuera el día más caluroso de la historia. Se sintió aliviada al ver que solo fue una pesadilla. Echo un vistazo al reloj, eran las cinco y media de la mañana. El amanecer brotaba desde los edificios de la ciudad. Se levanto de su cama, tomo un cuaderno de tapa dura rosa y un bolígrafo. Ese cuaderno el cual era el único que sabía sus más oscuros secretos. Ella nunca solía ponerse a escribir a esa hora de la mañana, pero solo lo hizo para pasar el tiempo, antes que sea la hora de ir a la escuela. Además, la pesadilla parecía ser algo importante en ese momento.

11 de Junio

Querido Diario:

Estoy aterrada. Tuve el sueño mas extraño de toda mi vida. Soñé que estaba caminando pasivamente por la playa, sintiendo la arena en mis pies, sintiendo el viento azotar mi rostro. Entonces decidí meterme al agua, todo iba bien hasta que, el viento se volvió más fuerte. Las aguas comenzaron a oscurecerse, y algo me toma desde las profundidades. Voy cayendo en lo mas profundo del océano, entre la oscuridad del agua. Trato de salir pero no puedo. Y siento que el aire se me acaba. Pero lo mas extraño de este sueño es que…la luz del sol nunca desapareció. Cada vez caía mas en la oscuridad, pero el sol continuaba ahí, como queriendo mantenerme a salvo de que la oscuridad no me consuma por completo. Como que me cuidaba…
¿Podrá significar algo? ¿Algo con mi vida? ¿Algo que pueda pasar pronto?
Siento que sucederá algo, pero… ¿Qué podrá ser? Llevo tres días soñando el mismo sueño. Y no creo que…

En ese momento, suena el despertador. Celeste dejo de escribir al sobresaltarse, provocando que su bolígrafo se resbalara de sus dedos. Se habían hecho las seis de la mañana, ya era tiempo de levantarse. Dejo el cuaderno y el bolígrafo en su escritorio de madera. La pesadilla fue demasiado fuerte esta vez. Y se sentía realmente cansada, al no poder dormir bien. Se dio una ducha para poder despertarse y se preparo para ir al colegio. Peino su cabello castaño, atándolo con una coleta al costado. Maquillo alrededor sus ojos con un delineador árabe que una de sus tías le había regalado tiempo atrás. Celeste amaba maquillarse. Al hacerlo resaltaba el color miel de sus ojos que se llenaban de alegría al instante. Al terminar de prepararse, bajo a desayunar. Su padre estaba en la cocina preparando algo en las hornallas. Se sienta en la mesa y saluda a su padre:
– Buenos días, papa…
– Buenos días, princesa – Le dice su padre mientras se acerca a ella para besar su frente.
– ¿Mama a donde fue? – Pregunto Celeste mirando a su alrededor.
– Salio temprano – Dice su padre sirviéndole el desayuno – Tenia que viajar…

Su madre solía tener gran cantidad de viajes, claramente, de negocios. Su padre también era un comerciante muy importante pero no le gustaba viajar, mucho menos sabiendo que su hija de quince años tenia que estar sola. Sin embargo, por el momento dejaría los viajes para después, solo hasta el momento en que Celeste sea un poco mas mayor.

Desayunaron juntos mientras miraban las noticias, el cartel “Último momento”, se repetía una y otra vez. Una joven llevaba desaparecida una semana completa, sus familiares desesperados porque ella vuelva. Celeste se atrajo a la noticia, en el momento que mostraron una foto de la joven. Le parecía totalmente familiar, su cabello negro, sus ojos azules, esa simple sonrisa. ¿Dónde la he visto?, se pregunto así misma. Una sensación de angustia y de curiosidad la embargaron. Sintiendo como una completa inútil tratando de adivinar si conocía a esa desconocida que mostraban en la televisión, desaparecida desde hace pocos días. ¿Por qué razón?
¿No tenia buena relación con sus padres? ¿Su novio la convenció de que lo haga? ¿Tenia nuevos amigos rebeldes? Las cuestiones era muchas, pero no había una respuesta posible para cada una de ellas.
Termino de desayunar, tomo su mochila y se despide de su padre pero el la interrumpe:
– Querida, ten cuidado, no hables con desconocidos…
– Si, papa…estaré bien – Dice con voz queda mientras abre la puerta – Si llama mama, dile que la quiero…

El día primaveral estaba impecable, los rayos ultravioletas del brillante sol le daban calor a su rostro, el viento soplaba levemente, azotando con calma el cabello de Celeste. Camino con tranquilidad hasta a su escuela que estaba a solo unas calles de su hogar. La noticia rodeo danzante en la mente de Celeste, no era la primera vez…no. Otras jóvenes habían sido secuestradas también. La primera, una chica de Rusia, llevaba desaparecida por más de dos años, nunca la volvieron a ver. Luego, de a poco en otros países, hasta que las desapariciones llegaron a la ciudad donde vivía Celeste, La Recoleta.
Eran más de veinte chicas, todas adolescentes. Un escalofrío recorrió su cuello y ella se detuvo. Permaneció detenida observando el horizonte de la calle, sintiendo el mismo dolor curioso en el pecho de su corazón. Sintió caer en la oscuridad misma de su sueño, que el sol, como una lámpara, alumbraba su camino para que estuviera segura, el latir de su corazón se acelero de repente. El mismo sueño cada noche, pero ¿Por que? ¿Era ella la siguiente? ¿Seria secuestrada? ¿La torturarían? ¿La lastimaran lentamente para que sienta dolor hasta morir?
Todavía no encontraba la respuesta. ¿Por qué tanta maldad? ¿Acaso esas jóvenes se lo merecían? Una voz irrumpió en su pensamiento, como un eco que buscaba ser escuchado, se avanzaba veloz a los sensibles odios de Celeste y sobresaltándola del susto, le dice:
– ¡¡Celeste!!
– ¿Qué paso? – Pregunta Celeste con voz suave.
– ¿Cómo que paso? – Exclamo Cameron – Te encontré aquí parada como una tonta ¿Te encuentras bien?
– Si, es que…estaba un poco mareada.

Cameron la observo con preocupación. Su amiga de toda la vida estaba teniendo un comportamiento sumamente extraño. Celeste se percato de eso. Vio eso ojos color miel, esos ojos que observaron los de Celeste desde aquel día que ella cumplió cinco años. Su bello rostro se ilumino y se olvido de todo lo malo en ese momento. El silencio estaba trayendo sospechas y decidió sonreír para no traer problemas. Permaneció así un segundo, hasta no poder contenerse y ambas jóvenes soltaron carcajadas nerviosas.
Continuaron normalmente camino hacia la escuela, tomada del brazo una de la otra, charlando de esto y aquello. Un vestido precioso que ambas vieron en diferentes tiendas, unos zapatos hechos para ellas, el deseo de un beso del muchacho mas codiciado por todas las jóvenes que podían existir en el planeta Tierra. Aunque a Celeste no sufría esa misma química de obsesión por ese joven como las demás, incluyendo a Cameron. No seria adecuado, o mejor aun, correspondiente, que una joven, en este caso Celeste, se interese por un joven del cual ni debe saber que existe ella, pero si la llegara a ver, el creería que ella lo admira muchísimo. “Estaría muy equivocado” pensó:
– Deberíamos hacer algo en mi cumpleaños…
– ¿Y que sucederá el día de tu cumpleaños? – Pregunta Celeste con expresión pensativa.
– Una fiesta, tonta – Exclamo Cameron – Mis padres no estarán el fin de semana así que…
– ¿Habrá fiesta? – Pregunta Celeste interrumpiéndola.
– ¡¡Exacto!! – Dice Cameron de repente abrazándola por los hombros – Incluso, podrías aprovechar de ir a mi cuarto junto con Maximus…

Ah, Maximus. Su más fiel amigo, después de Cameron, claro. Desde que lo vio esa tarde de verano, nunca se había sentido tan… ¿Cómo explicarlo? Siempre que estaba cerca de el, se sentía extraña. Una sensación que nunca antes había sentido la atacaba, cada vez que el la observaba con sus ojos azules como diamantes cristalinos. Una noche el la acompaño a su casa, y antes que entrara, sus ojos se cruzaron, y los de Maximus brillaban con una intensidad de poder. El azul eléctrico parecían olas en el océano, como garras de un depredador. Su corazón latía placentero con su presencia cada minuto que el estaba a su lado. Siempre se llevaron bien, Maximus era muy amable con ella y Celeste siempre se lo agradeció. Esa amistad siempre llamo la atención de los jóvenes del Instituto, incluyendo la de Cameron.
Esperaban ver que sucediera algo más, pero Celeste siempre supuso que una amistad así con un chico podía suceder una vez en tu adolescencia. Así que se decidió permanecer su afecto a el…como buenos amigos. Cameron busco la forma de convencerla de que se acercara a Maximus, pero Celeste siempre se lo negó. En ese momento, se alejo de Cameron y le pregunto:
– ¿A dónde quieres llegar?
– Celeste, son perfectos como pareja, siempre están juntos – La detiene poniendo una mano en su hombro – No lo eches a perder…
– ¿Perder que? ¿Su amistad? – Le pregunta acercándose a Cameron – Maximus es un gran chico, lo se. Cualquier chica lo querría por ser…
– ¿Atractivo? – Pregunta Cameron interrumpiéndola con una mirada traviesa.
– Un caballero, Cameron. Así que, no me molestes mas con eso – Dice Celeste mientras continua caminando – Maximus y yo siempre seremos amigos…

Cameron la observo con una mirada perpleja, mientras Celeste se alejaba veloz. Su amiga reacciono jadeando la cabeza a un lado y al otro y corrió tras ella. A unos pasos de la escuela, el día de Celeste se había iluminado. Vio esa figura de gran altura, de simples músculos, de cabello negro como la noche sin las estrellas y ojos de color azul eléctrico como el océano tropical dibujado por alguien más. Mostrando la blancura brillante de sus dientes con una sonrisa esperando por ella. Cameron se le acerca y le susurra:
– El padre de tus hijos te espera…

Al decir esto, correo lejos hacia el Instituto para dejarlos a solas. Celeste se acerco, no demasiado y pudo sentir el aroma agradable que siempre solía traer. Sonrío lentamente y esa figura dijo:
– Hola Celeste… – Su voz era como un gran manantial pacifico.
– Hola Max…
– ¿Cómo amaneciste?
– Bien, continúo con la misma pesadilla… – Responde Celeste mientras continúan caminando.
– ¿La misma? – Se detuvo Maximus. Celeste dio media vuelta y le dedico una sonrisa para relajarlo.
– Max, es normal…muy pronto…

Y en ese instante el se acerco a ella, lo suficiente como para darle un beso. Con sus fuertes manos, la tomo por los brazos, con una gran suavidad, como si fuera a romperse. Sus ojos azules centellaban mostrándose preocupados y débiles al mismo tiempo. Sentía que una fuerza extraña la seducía, parecía caer dentro del azul eléctrico de sus ojos cada segundo que lo observaba. Lentamente el separo sus carnosos labios y dijo:
– Celeste… – La suavidad con la que sujetaba con sus manos se traspaso a su voz – No es normal eso…
– Estoy bien. No tienes porque alarmarte…

El azul en sus ojos se volvía oscuro, perdiendo la totalidad de su brillo. Se mostraban frágiles, totalmente vulnerables. Celeste se sorprendió el cambio repentino de esos bellos ojos. Se alejo lentamente, sin desviar sus ojos de la mirada de Maximus. Si continuaba un segundo mas cerca de el, se desmayaría cautivada por su extrema belleza. Ella le dedico una sonrisa y este le siguió la corriente:
– No se que habría sido de mi vida sin conocerte… – Hizo una pausa y retomo aire – ¿Puedes darme una explicación racional sobre eso, Celeste?
– Tu fuiste el primero que se acerco a mi ese día, Maximus – Dijo ella divertida imitando su forma de hablar.
– Y jamás lo olvidare…

Se prolongo un silencio tierno entre los dos jóvenes. Habían pasado por cosas extraordinarias desde que se conocieron. Maximus era tan sereno, tan amable, nunca le había alzado la voz, mucho menos en público. Siempre hablaba con certeza y seguridad. Era como una almohada suave en la cual Celeste podía recostar su cabeza sobre ella, en momentos de preocupación y angustia. El acerco su mano hacia la mejilla de Celeste, dándole una leve caricia. Luego ella la toma con suavidad y le dice:
– Eres un buen amigo, Max – Sin sacarle la mirada, acerco un poco mas a el – Te lo agradezco…de verdad.
– Y yo te agradezco el aceptarme…

En ese momento, la tomo entre sus brazos y le dio un abrazo. Celeste sintió seguridad cerca de el. Su calor corporal era intenso, la suavidad de su piel se conectaba con la de ella, haciendo que un escalofrío agradable acariciara toda su espalda. Sus brazos musculosos la rodeaban con ternura. Quería ya separarse pero, era tan agradable el abrazo. El parecía no querer soltarla nunca. Como si deseara tenerla así cerca de él siempre, como si no pudiera vivir sin ella. Eso le llamo la atención a Celeste. Trato de apartarse de el lo mas que pudo, pero era imposible. Era más fuerte y estaba completamente complacido junto a ella en ese momento. Pero no tuvo otra que romper todo y decírselo:
– Maximus, creo que ya…
– ¡OH! – Exclamo como si acabara de despertarse en la mañana – Lo siento – Su voz continuaba igual de tranquila.

“Como siempre” pensó Celeste mientras sonreía. Se alejo de ella de un salto, moviendo la cabeza de un lado al otro. Se sentía avergonzado por lo sucedido. Permaneció con la cabeza gacha, mirando el suelo desprevenido. Celeste siempre supo que el era tan amable, que se soltaba la timidez en si mismo en el momento que se dejaba llevar por sus sentidos o sentimientos. Ella se acerco a el, con su mano tomo su fuerte mentón y cuando encontró sus ojos con esos dos pedazos sacados del más profundo océano, y le dijo:
– No tienes porque avergonzarte, Max. No conmigo – Le susurro. El frío color azul rápidamente tomo ese brillo eléctrico que siempre tenia. Celeste se sorprendió del cambio repentino de su tonalidad.
– Gracias, Celeste – Su voz era pura tranquilidad.
– ¿Celeste? – De repente, una voz femenina conocida interrumpió el momento “Amistoso”. Era su mejor amiga Cameron – Debemos ir si no llegaremos tarde.
– Si, claro – Dijo dándole una mirada rápida a Cameron. Luego lo miro a Maximus que la observaba con una leve sonrisa en su boca esculpida por ángeles – Ya, tenemos que entrar…
– Si – Dijo el interrumpiéndola – Después te alcanzo…

Maximus observo como se alejaba con velocidad la joven a cual amaba con tanta intensidad. Contemplo lo delgada que era su cintura, el simple ancho de sus hombros, el brillo de su cabello castaño que bailaba danzante por el movimiento de su cuerpo. De repente, ella se dio vuelta por un segundo y vio sus risueños ojos color miel, centellantes como la miel recién sacada del panal. Llenos de dulzura. Con la compañía de su sonrisa alentadora. Lo saludo con la mano y el hizo lo mismo. Mientras continuaba contemplando sus bellos ojos. Al desviar sus ojos de los de el, la magia se había perdido. Se dio media vuelta, y camina lentamente. Con las manos en los bolsillos, pensando, si estaba en su lugar, si se sentía en su hogar. Llevaba tiempo lejos del paraíso, lejos del Dios Supremo.

Cuando llego a la Tierra, estaba seguro de su misión. Era capaz de obedecer cada orden. Su compañero, Chris, le dijo: “No te tardes en volver”. Sonrió levemente mientras recordaba su sonrisa y aquel golpe amistoso en el hombro. Todo iba perfecto, había logrado localizar su misión, el peligro. Empezaron a ver desapariciones en diferentes partes del mundo, de jóvenes las cuales jamás regresaban, ni siquiera lograban encontrar el cadáver, cuando quizás, las consideraban muertas. Todo esto llamo la atención del Dios Supremo, y solo deseo parar toda esta tempestad que aterrorizaba a las personas, más a las jóvenes. Maximus al saber lo que sucedía, fue el primero en ofrecerse a detenerlo.
Siempre fue muy valiente, era un gran guerrero. Viajaba entre las nubes cuando amanecía, y entrenaba con su espada una y otra vez, durante días. Estaba preparado para detener ese mal que estaba oculto en la Tierra. Dios tuvo fe en él, y lo selecciono. Fue enviado en donde la última víctima desapareció. Cuando llego, años atrás, se chocó con lo más hermoso que habría podido ver en su vida. Era como un sueño, se había preguntado millones de veces: “¿Es eso un ángel?”. Cuando conoció a Celeste, su corazón dio un vuelco. Se sintió tan maravillado por ese cambio. Cuando estaba cerca de ella, su corazón de alguna manera aceleraba su pulso.

Y se encontró con sus ojos. “Ah, esos ojos” pensó. Esos ojos color miel que lo atraparon por completo. Su brillo era como el de una estrella fugaz, resplandeciente y poderosa. Desde aquel momento, su mente se disparó a un mundo desconocido, en el cual solo estaba Celeste. Donde el tiempo se detenía. Y había olvidado por completo su misión. “Soy un tonto” pensó mientras atravesaba la puerta principal del instituto. No por acto de rebeldía, simplemente lo olvido. La nube colorida de un sentimiento que nunca antes había sentido tapaba todo lo que el en realidad era, la razón de porque estaba en el mundo. Ser un humano más, le fue difícil.

No podía mostrar su fuerza sobrenatural, o su inteligencia súper dotada. Inclusive volar. Extrañaba tener sus alas y volar entre las estrellas. Aunque podía ver el corazón de las personas. Podía ver cuán humilde eran o que tan rencorosos. No podía hacer mal contra nadie, siendo un ángel. Podría ser el humano más puro del mundo. Una joven más había desaparecido, y Maximus sintió un dolor en el pecho muy familiar, ese dolor que transmitía su Dios a través de una conexión que tenía con todos sus ángeles. No solo sintió su mismo dolor, si no la decepción. Dios estaba decepcionado. No tenía que preguntar porque, lo sabía muy bien.

Estaba frente la puerta de la clase de Historia. Se asomó disimuladamente en el vidrio. Celeste no estaba ahí. Fue extraño, ella era muy puntual con las clases. Pero por el momento no podía pensar en ella. Sintió un aire inmundo a su alrededor. Algo que no pertenecía ahí, algo que no debería estar ahí. Camino despacio por el pasillo vacío. Podía sentir su respiración. Estaba lleno de maldad, pues solo eso había en su mente. Vio el recuerdo de una joven, la última que desapareció. Era eso. El mal. Deseo sentir su corazón, pero no había señales de latido. “No tiene pulso” pensó. ¿Cómo era eso posible? Sin menos pensarlo. El timbre de la escuela sonó.
– Cameron, ¿Has visto a Max? – Pregunto Celeste mientras caminaba por el pasillo del instituto.
– ¿Qué? ¿Ya lo echas de menos? – Pregunto Cameron burlona.
– ¡¡Cállate!! – Refunfuño Celeste mientras revisaba su mochila – Es que desde que entramos al instituto no lo vi, ni siquiera en la clase de Historia…
– Tal vez se le olvido algo…

En ese instante, Celeste sintió un escalofrió congelado. Ese deseo de vomitar cuando olías un olor nauseabundo. Ese deseo de salir corriendo muy lejos. Miro de reojo y pudo ver unos zapatos de tacón acercándose lentamente. Esa figura de tez pálida, con ojos grises y el cabello rojizo como el intenso fuego. Una joven totalmente coqueta pero misteriosa llamada Arabela:
– Hola, chicas… – Dice Arabela sonriendo.
– ¿Qué tal, Arabela? – Pregunta Celeste fingiendo una sonrisa.
– ¿Qué cuentan? ¿Saben? Yo tengo algo que contarles…

Arabela se acercó a Celeste y a Cameron abrazándolas con fuerza, cosa que Celeste siempre detesto de ella. Solía hacerlo rutinariamente, con casi todas las jóvenes del instituto, pero con los chicos era demasiado…fría. Un comportamiento extraño en una chica demasiado atractiva. Esos ojos grises que la observaban una y otra vez mientras hablaba, incomodándola cada vez más:
– ¿Qué dices, Celeste?
– ¿Qué? – Pregunta Celeste distraída.
– ¿Acaso escuchaste lo que dije? – Dice Arabela mientras suelta una carcajada.
– Quiere invitarnos a una fiesta – Dice Cameron con cara de pocos amigos.
– ¡¡Sí!! Lo realizare dentro de un mes, quiero tener tiempo para hacer los preparativos. Sera algo espectacular, espero verlas…

Al decir eso, sus ojos tuvieron un brillo espeluznante. Un escalofrió acaricio su cuello cuando Arabela dio media vuelta y se retiró desfilando por el pasillo. Sonó el timbre y todos los demás empezaron a salir como vacas enfadadas:

– Adiós, chicas – Dice Arabela de lejos.
– Es tan extrañada – Dice Cameron después de soltar el aire que estaba aguantando.
– Cameron, puede oírte… – Susurra Celeste mientras se acomoda el flequillo recto.
– Ni de chiste, debe tener una pequeña semilla de ciruela dentro de su cabeza – Dice Cameron divertida.
– Vamos, o llegaremos tarde…

Una llama ardiente reboso el cabello oscuro de Kyle cuando el levanto la mirada hacia su amo. Había sido elegido a una misión importante, algo escapo del mismo infierno sin el permiso del príncipe de las tinieblas, y debía regresar, el señor oscuro se levantó lentamente y acerco a Kyle y le pregunto:
– ¿Estás dispuesto a ir al mundo de los humanos y detener aquello que escapo sin mí consentimiento, Kyle?
– Sí, señor – Respondió Kyle sin levantar la mirada del suelo.
– Solo detenlo, y tráemelo a mí. Y le daré el castigo que se merece – Su voz era profunda y potente como un volcán a punto de hacer erupción.
– Lo hare…

Kyle se levantó del suelo aun con la mirada en el suelo y se dio media vuelta, acercándose a una gran puerta. Pero el diablo lo detuvo diciendo:
– No quiero ninguna distracción de ningún tipo, Kyle. Solo enfócate en tu misión…

Kyle permaneció inmóvil mientras pensaba en lo que le dijo su amo. Lentamente la gran puerta se abría ante él. Una fuerte luz sucumbió del exterior, mostrando una larga escalera. De manera que necesito taparse por tanto esplendor. Escalón por escalón, Kyle estaba exaltado por salir de ahí.

De pronto, vio el cielo azul, sintió el viento rozar sus mejillas. Ya estaba en la Tierra, en el mundo de los humanos. Siempre sintió curiosidad por aquel lugar donde los humanos vivían, donde ese demonio rebelde escapo para hacer lo que le cante a él. Aunque, hace tiempo deseaba salir de allí, no soportaba la oscuridad, no soportaba las ordenes, quería hacer lo que el desease. Y eso era imposible para él. Pero esta misión le daría un poco de libertad. De eso estaba seguro.
Camino lentamente por la calle, mientras observaba las grandes y pequeñas casas, sonriendo con satisfacción, con una cruel y maliciosa satisfacción corriendo por sus venas. Aparentar ser un humano común y corriente no iba a ser difícil para él. Podía ser malvado de todas formas, el mundo de ahora lo era. Y si llegaba a ver a uno, al menos uno, de sus enemigos. Sería capaz de destruirlo, por más que lo tenga prohibido, no les tenía miedo, mucho menos al Dios Supremo. ¿Y por qué había que llamarlo Dios Supremo? No era gran cosa, nunca lo fue.

Kyle se enojaba demasiado cuando habla de Él. No le interesaba lo poderoso y sobrenatural que podía ser. El vivió en la Tierra una vez, no lo recuerda muy bien, pero lo sabe. Y siempre fue fiel a la Iglesia, millones de plegarias hizo Kyle por amor al Dios Supremo, pero nunca recibió respuesta de esas oraciones. Él se enfureció con él, y jamás volvió a rendirse a sus pies, nunca clamo en alegría por él, nunca jamás. Luego de eso, ya no recuerda más su vida como humano.

Sintió una presencia malévola cerca de él. Un fuego destructor pegado al corazón, como el de Kyle. El mismo aroma a carbón quemado. Estaba cerca, lo sentía. Busco con sus sentidos, con el olfato, con su mente. Debía apresurarse, pero no mucho, todavía quería permanecer en la Tierra. Un barullo de gente se chocó contra él, todos jóvenes y adolescentes saliendo de un mismo edificio, haciendo que perdiera el rastro de su compañero rebelde.

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