int(1) Relatos de Terror: El Objeto




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11/09/10
RockBirth

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El Objeto
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El Objeto
Desde la distancia se distinguía la angustia en el lugar, se notaba cómo la desesperación inundaba las calles. Todo la cuidad era como una zona de guerra, había automóviles volcados en medio del asfalto y las construcciones estaban destrozadas.
Estaban los habitantes del lugar corriendo por todas partes como si algo les incomodara, parecían conejos asustados sin rumbo alguno, algunos estaban en el suelo arrastrándose mientras que otros se tomaban de la cabeza jalándose los cabellos, y preguntándose lo que todo mundo quería saber: “¿Dónde lo consigo, ese objeto tan preciado que todos desean? ¿Se venderá?”; todos estaban como locos con éste gran enigma que comprimía sus dentros y los hacía estremecerse.
Sabían que nadie era nada sin ese preciado objeto, que era tan difícil de conseguir, algunos creían que era imposible obtenerlo y otros que era fácil como arrebatarle un caramelo a un recién nacido, lo cierto es que ninguno de ellos lo poseía.

Cayó la noche, se veía desde lejos como las luces en las ventanas de los edificios al los que llamaban hogar se apagaban, y todos se preparaban para tomar un descanso.
Estaba el hombre recostado en su lecho, con el sudor en la frente y el antebrazo recargado en su pecho, sus ojos estaban rojos pues llevaba horas intentando dormir sin resultado alguno, tenía una angustia fatal que le impedía reposar de sus actividades, necesitaba saber dónde conseguirlo, cómo conseguirlo. Su cabeza daba vueltas y se recogía entre su propio cuerpo intentando sin algún éxito reconciliar el sueño.
La luna subió hasta en medio del firmamento, la noche estaba en su punto medio y todos se encontraban dormidos por fin.

Otro día más, el hombre se levantó tallándose los ojos para permitirse ver mejor, desde el inicio de su día notó algo raro en sí mismo, ¿Qué podría ser? Se preguntaba en su mente.
Procedió a cepillarse los dientes y tomar un desayuno para comenzar, luego se puso sus zapatos y caminó hasta la salida de su morada. Le sorprendió lo que ante sus ojos se encontraba, todos parecían tranquilos, calmados, como si todos se hubiesen por fin deshecho de sus preocupaciones, fue allí cuando se dio cuenta de lo acontecido, ¡Eso es! Exclamó con un tono de alegría el hombre, quien se había enterado de que por fin todos habían encontrado el codiciado objeto que tanto deseaban, “¿Cómo lo conseguí?” Se preguntó, y no consiguió respuesta alguna, “De todos modos ¿Importa?” reaccionó después. El hombre se encontraba sumamente contento de por fin haber obtenido ese objeto, y todos parecían estarlo.

Los días transcurrieron, las hojas de los calendarios eran arrancadas día por día anunciando que el tiempo pasaba y se hacía presente.

Al cabo de un buen tiempo que había transcurrido, estaban algunas personas con la cara caída, y unos ojos que demostraban cansancio, ¿Por qué pasaba esto? ¿No eran antes tan felices con El Objeto? Así era, pero muchos se cansaron de tenerlo por tanto tiempo.
Antes de que todos tuvieran el Objeto, todo era redundante. Todos los días se dedicaban a sentir angustia por poseerlo, y nada parecía tener sentido alguno, en cambio, cuando todos lograron obtenerlo, repentinamente tuvieron la capacidad de realizar cosas que nunca habían hecho antes; convivir con las demás personas, sentir el aire fresco sobre su rostro, disfrutar los placeres que se les ofrecían en bandejas de plata.
Es una lástima que muchos habitantes no se dieron cuenta de la importancia del Objeto, y no aprovecharon las virtudes que éste les daba, nunca se enteraron de que El Objeto siempre les dio todo lo que necesitaban; vaya pena.

Mientras unos tenían un brillo peculiar en sus ojos, una sonrisa grande que mostraba felicidad y alegría, una persona parecía estar triste y deprimida, y se preguntaba “¿Por qué no puedo ser feliz? ¿Por qué no puedo llegar a alcanzar esa felicidad que tantos tienen y yo no puedo conseguir? Es este maldito Objeto el que no me lo permite” decía con un tono corto, “Pero ¿Si todos poseemos el Objeto, por qué ellos son felices y yo no?

Las personas con esta forma de pensar, tardaron todo el tiempo pensando en esta cuestión que desgarraba su mente y revolvía sus consciencias, ¿Qué ha pasado? ¡Han vuelto a lo mismo de antes! La preocupación y angustia volvió a ellos y nunca disfrutaron de lo que el Objeto les daba.

Un día, el hombre salió de su casa y se llevó una gran sorpresa al encontrar a cuerpos inertes en el concreto, ¿Qué sucedió? Se peguntó a si mismo. Otros habitantes salieron de sus moradas y se llevaron la misma impresión al ver a media cuidad en el suelo frío al igual que sus cuerpos.
El hombre se acercó a uno de ellos y analizó la situación. Luego se dio cuenta de que habían perdido algo, el Objeto.
Una persona se acercó a él y le preguntó:
- ¿Qué sucede?
- Parece ser que han perdido el Objeto – respondió el hombre sorprendido.
- ¡No puede ser! – exclamó la persona
- Pues parece que es verdad, lamentablemente
- Y, ¿Cómo es que lo han hecho?
- Parece que ellos mismos lo han destruido
- ¿Y por qué harían eso? – preguntó la persona, curiosa – con el Objeto todos éramos felices, y todo, repentinamente cobró sentido. El Objeto nos permitió sentir y apreciar las cosas maravillosas del mundo, y las acciones que las personas han hecho por nosotros, nos logró hacer comprender que todo puede resolverse reflexionando y pensando de manera positiva las cosas.
- Pues, al parecer, ellos no vieron eso, a pesar de que lo tenían. Todos tenemos el Objeto, sólo hay que saber aprovecharlo…

Se alejaron las dos personas con un saludo, y dejaron a los inmóviles en el suelo, mientras desaparecían del mundo y dejaban una huella en las personas que los rodeaban.
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