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Relatos desde lo más oscuro: La cita.

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Era noche cerrada en la activa y ruidosa ciudad. Néstor caminaba por un camino de tierra que salía de la ciudad y desembocaba a cinco kilómetros en una zona rural y solitaria. Lo habían citado allí, sí, allí, y aún no comprendía del todo porque la empresa para la que iba a trabajar había puesto tanto hincapié en quedar a altas horas de la noche. Nestor había visto el anuncio en un periódico local, donde se buscaban personas para ejercer de celadores en un hospital cercano a su casa y en horario nocturno. La verdad es que no le importaba mucho que la cita fuera a las doce la noche; necesitaba el trabajo urgentemente y no iba a poner objeciones al respecto. Seguramente como el empleo era en horario nocturno, Néstor pensó que lo habían citado de noche para que entrara en materia.

Finalmente el camino comenzó a ensancharse hasta que se disipó totalmente, dejando paso a un área rural con varias casas de campo de dos plantas aparentemente abandonadas. Entre ellas, había un ancho edificio abandonado de tres plantas parecido a una fábrica en el cual, se podía ver una luz en una de las ventanas del último piso. Justamente, su cita era en ese edificio y en la tercera planta, más concretamente en la puerta 3B. Néstor se fue acercando al edificio mientras sacaba el móvil para comprobar el mensaje que la empresa le había mandado por si se estaba equivocando de lugar. En ese momento por el rabillo del ojo, pudo ver a alguien asomado en la ventana iluminada que parecía mirar hacia abajo, hacia él. La luz de la habitación hacía que Néstor solo pudiera ver una masculina silueta oscura y alta que permanecía impasible. Néstor intentó llamar la atención del hombre alzando un poco la voz y agitando los brazos. A los pocos segundos, el hombre se retiró de la ventana y no volvió a salir.

Néstor llegó a la entrada de la fábrica que era una puerta metálica de doble hoja. La puerta estaba entreabierta y por la rendija, únicamente se podía ver la forma de unas escaleras de piedra que se internaban en la oscuridad y un pasillo igual de tenebroso a la izquierda. Néstor, ya demasiado extrañado y algo cabreado, comenzaba a pensar que era un estúpida broma de muy mal gusto. Llamó al teléfono de la empresa y mientras sonaba el tono de llamada, pudo distinguir con total claridad en el silencio de la noche, una extraña y siniestra melodía sonar dentro del inmenso edificio. El móvil de Néstor recibió un mensaje al poco de colgar la llamada que decía: “Te estamos esperando Néstor. Recuerda, tercera planta, puerta 3B”.

Definitivamente para Néstor, algo no iba bien. ¿Quién coño cita a alguien a solas en un edificio abandonado a las afueras y en plena noche? Su mente le imploraba que se marchara a toda velocidad de ese lugar. Una sensación extraña le recorrió el estómago y después de observar el edificio varios segundos, Néstor comenzó a alejarse lento pero sin pausa del derruido edificio. Cuando no llevaba ni diez metros recorridos, comenzó a escuchar unos pasos provenientes del edificio bajar las escaleras apresuradamente. Néstor se giró hacia la maltrecha fábrica pero no avanzó, esperando a que le recibieran como es debido y no con tanto secretismo. La puerta de doble hoja se abrió y la figura de un hombre corpulento salió a paso rápido hacia el chico.

Néstor se quedó parado mientras el hombre se acercaba a él, pues debido a la penumbra de la noche no divisaba muy bien al recién llegado. Después, tres hombres más salieron por la puerta y fueron avanzando hacia el chico como el primero. Néstor inició un retroceso cauto pero sin dar la espalda a los hombres que cada vez más, se acercaban a él. Súbitamente, otro hombre apareció a su espalda de quién sabe donde y con un bate de béisbol, descargó un potente golpe en la cabeza de Néstor que perdió el conocimiento en el acto.

Varios días después, las autoridades descubrieron el cuerpo de Néstor dentro de la fábrica abandonada completamente descuartizado. Sus miembros estaban esparcidos aleatoriamente por varias zonas del edificio, pero no fue posible encontrar sus globos oculares. En una de las salas, que en un principio estaba cerrada con una cadena que las autoridades tuvieron que partir, se halló para desconcierto de todos los que estaban allí, una cinta de vídeo encima de una vieja y destartalada mesa metálica. La cinta estaba guardada dentro de un sobre acolchado en el que había escrito con sangre: “PARA QUIÉN LO ENCUENTRE”.

Esa misma noche comprobaron la cinta y lo que vieron en ella, les heló la sangre en las venas. La cinta estaba grabada con cámaras que habían colocado a propósito en varias zonas del complejo y se veía al chico corriendo dentro de la fabrica de un lado para otro, como si estuviera huyendo de alguien o algo. Minutos después, la siniestra grabación mostraba en otro lugar del edificio como varios hombres armados con armas blancas, como cuchillos, hachas e incluso katanas, estaban intentando encontrar al chico registrando cada una de las salas y recovecos del lugar. La última parte de la grabación mostraba muy claramente como encuentran al joven y acaban con él de forma cruel y miserable, despedazándolo con sus armas y llevándose sus miembros de trofeo para dejarlos más tarde tirados en varios lugares del edificio como el que tira una colilla. Las autoridades jamás encontraron a esta red de sanguinarios criminales que filmaban películas snuff en sitios abandonados, atrayendo a sus víctimas con anuncios, citas y otras artimañas.

¿Qué os ha parecido la historia de Néstor? Debería de haberse retirado en cuanto vio el edificio en el que se le citaba, ¿o no? ¿Vosotros hubieseis continuado? ¿Hubieseis penetrado en el interior del edificio? Espero que nunca tengáis que averiguarlo…

Saludos desde mi rincón más oscuro…

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