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Telarañas de cortante cristal

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El Corazón, o traducido “ambivalente candil que alumbra y se bifurca en dos posibles senos”: bravía lumbre o flamígera marejada donde el farol de referencia se encuentra y el humo se engendra. El Corazón, siendo de los sentimientos autodestructivos, se despoja para ser paradisíaca Isla, circular rodar de las piedras para en otoñal polvillo desgastarse-alivianarse, y flotar, agua la lava.

El Amor dándole Alas de humo a la materia enamorada, el Amor dándole las Alas de humo cuando se funden del ventrículo izquierdo el océano con el ígneo rubí del ventrículo derecho- cuando se consume la materia y vuela hacia las praderas de las gaviotas se eleva con la traducción del componente-sombra- confusión. ¿Cómo haces del arpón salvavidas prodigando caricias y ergo siendo severa vara para las mismas ventanas? Desde los inicios, de la misma partícula elemental parten la Luz y Calígine para hacer desvanecer o aparecer los símbolos del Universo. Durante la máfica estancia se encamina sin previa meditación hacia la luciérnaga a las fisuras de la pared cercanas de las suicidas montañas-alturas-abismos-caer y subir así. Tú te ibas como la Luz, versos de no sé quién. Las cataratas de su ropa declinando cual párpado adormecido, undosa mariposa su vestimenta no crisálida, cerrándose a su final caída la cascada de los ojos- la última gema: su cama. La lámpara babeando. La Luz cegadora, la Luz segadora sobre la testa de la bujía lobregueciéndole el camino, surco final hacia la Muerte- la vela y la Oscuridad y la Muerte son Cenicero. Las Alas, las Alas de la polilla, del lucero o la telaraña.

Poseía la tersura de una piel recién cicatrizada. Ojos sombríos, ojos garzos, zafiros rojos, el color azul de las lágrimas secándose con las llamas o entre el mar disolviéndose. La araña pescadora conciliando sus sedas entre dos botellas de vino destapadas- no brumas. La espera del semáforo color perla, la aparente pureza, la pureza de querer perderla los vestidos de novia, las telas con sudores de licor, la albura del semen y la nieve frente a frente.

Cuando esta cuerda, la vena de la demencia, la hacen vibrar la sangre de la decepción, el Corazón se marea. Dedos de heroína, dos aguijones entrecruzando los hilos, Ojos de cocaína. El cigarrillo entre sus labios era para ella la espina entre las rosas de sus mejillas; la espina, el humo engendrándose- las Palabras enamoradas- la espina dándole Alas de humareda a la sangre cuando hacia afuera de la piel se despide. El cigarrillo entre los carbunclos de sus rosas para el aire enrarecer y perfumarlo y acallar la delatora voz de homosexual, desprendiéndose arreboladas polillas desde el cigarrillo- su Corazón agrégale distorsión- porque sólo entre los volátiles efluvios por polillas –humo- perturbados se deslizaba cristalina y se reanudaba la cascada de sus flores desvistiéndose la boca soñando ya. Repetición, repetición, espirales, si nunca se habían conocido antes. La primera vez. La púa prestándole Vuelo hacia arriba, hacia el Paraíso hasta consumirse en el cenicero. La gotera de sus pies se confundía con el pecho de la canción- el sample. Con las motas de alcohol. Si así, agitándose, se atizan la rosicler Marea, pues ingiriendo oxígeno tendrá leños el hidrógeno, pues si con bebidas inflamables se entierra y desentierra la sangre quien hace vibrar las venas del desamor.

La lámpara y la araña juntas, las moscas se abaten en la telaraña, cuerpo eléctrico, revivir las pulsaciones durante el coma tras revolcarse. Su boca rielaba y no hacía como las guitarras quienes hablan cuando rielan. Y sus manos a la par temblaban aún entre sus espinales, allí donde se tomaron entre sus brazos sin haberse abrazado. Tomar y plegar la carta hacia la izquierda, un desconocido se cruza, del lado de la vereda de nada colmada, templar y acelerar, leerla después, tirarla y levantarla, si nunca la recibió, si fue del celular, si ya ni se escribe con pasión a estas alturas. Dentro del caballo mecánico, a su Lumbre, su eco era la silueta del unicornio. Tenía interiormente la espuma cana de aletargados reflejos y no de las aguas la escarcha. La polilla si atraviesa el cristal del fuego se incinera. No se puede frenar el Corazón cuando arde de falenas drogadas. La espina. Sobre el parabrisas, lluvia, se tienden las telarañas, vidrios rotos, los peces fuera. ¿Murieron? El color de la espera: el rojo del semáforo era la vela a punto de expirar- la sangre. Las miradas se chocaron- el choque entre sus redes y los rosales asfixiados, y entregándole Alas de insecto cuando atraviesan las arañas- cuando tanto simbolizan, se arrastra hacia su boca para darle el beso quien abre la herida y no la sana- cuando realmente nunca caminará, sí con muletas, ni nunca lo tuvo para sí.

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